Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 25. Meissa
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Capítulo 25. Meissa

Meissa

Voy con Robin a dar una vuelta por el pueblo. No dejo de pensar en la propuesta de Lars. Pienso que se ha vuelto loco. Todo esto es una locura. Y a pesar de eso estoy tentada de aceptar, de ver a dónde nos lleva esto, si solo es deseo o algo más profundo.

Me debato entre la razón y el corazón.

El problema es que lo que siento por Lars no se apaga, no hace más que crecer. Solo todas las razones por las que está mal me retuvieron ayer de besarlo y exigirle todo lo que sus ojos prometen.

—¡Mira! ¡Manzanas caramelizadas!

Vamos hasta el puesto donde, además de manzanas, también ofrecen frutas más pequeñas con caramelo.

Compro dos uvas. Porque intuyo que la manzana no se la va a comer.

Vamos con ellas por el pueblo y nos hago fotos con los dulces.

Se las mando a Lars y me responde enseguida diciendo que lo pasemos bien.

Hoy, en su puesto, hay trabajadores del rancho, y en el de Tyre empleados que contrató y algún primo. Él también ha tenido que irse al rancho. Solo los fines de semana puede estar aquí más tranquilo.

De todos modos, nos pasamos por el puesto a ver cómo está todo. No puedo desentenderme de ello. Y por eso, cuando veo cosas que no me gustan, las señalo y me quedo un rato cerca vigilando. Tyre me llama cuando estoy en el parque con Robin, que juega en los columpios con sus amigos.

—¿No podías estarte quieta? —No parece una crítica, más bien suena divertido.

—Aomar estaba mirando el móvil en vez de captar clientes. —Se ríe—. Parece ser que no puedo quedarme al margen. ¿Cómo va todo?

—Bien, estoy barajando la posibilidad de volver a criar caballos para carreras. Aquí hay muy buenos sementales.

—Todo es empezar.

—Sí. Te dejo, que tengo mucho trabajo. Por cierto…, alguien está contando cosas de ti por el pueblo. No hace falta que te diga quién.

—Gracias.

Estoy un rato con Robin en el parque, hasta que vamos a comer a casa de mi padre. Se me hace raro estar aquí, sobre todo cuando me miran como si hubiera hecho algo malo. Tyre tiene razón: la gente va a hablar igual y, al parecer, Tara tiene mucho que decir, sin que le importe que yo sea su hermana.

—¿Qué cuenta ahora de mí Tara por el pueblo? —le digo a mi padre mientras fregamos juntos los platos de la comida.

—No sé de qué hablas.

—Lo sabes muy bien.

—Mira, solo sé que me equivoqué al buscarte ese trabajo. Está haciendo daño a Tara.

—Porque el daño que hace Tara a ese niño por pasar de él te da igual, ¿no? O a mí, por contar mis intimidades…

—Son cosas de ella, yo no veo bien que lo haga.

—Pero te pones de su lado.

—Ella quería recuperar a su marido. Pensaba que él la echaría de menos si se iba un tiempo fuera. Que su amor era tan fuerte como el nuestro.

—Lars no está enamorado de ella. —Mi padre me mira con dureza—. Cuanto antes lo asumáis todos, mejor.

—Es mejor que te marches a dar una vuelta, hija, parece que este lugar te está sentando mal.

¿Me está echando de su casa? Al parecer, sí.

Aviso a Lars de dónde está Robin y me marcho.

Acabo en el puesto de Tyre, dando órdenes y organizando el trabajo.

No tardo mucho en saber lo que va contando ahora mi hermana de mí.

Al parecer, ha aireado mi primera historia de amor con un chico que tenía novia.

—La historia se repite —dice una mujer a otra mientras me mira—. Se ve que le ponen los hombres comprometidos.

—¿Vais a comprar el queso? Es ideal para las amargadas. Les calienta todo lo que un buen polvo no hace. Para la lengua no tengo nada. Lo siento, seguiréis siendo unas deslenguadas toda la vida.

Se marchan.

—¿Así es como vamos a vender las cosas? —Aomar se traga lo que fuera a decir cuando lo miro.

Tyre se acerca a media tarde y se hace cargo de las ventas mientras yo hago recuento de provisiones para traer mañana lo que falte.

—Según la gente del pueblo, me he follado a toda mujer que se me ha puesto delante. —Tyre se apoya en la mesa.

—Bueno, la gente es así. —Me quito los auriculares y los guardo—. Ese chico no me contó que tenía novia. Se lo conté a Tara cuando me enteré. Porque esperaba que mi hermana me entendiera. ¿Sabes qué me dijo?

—Sorpréndeme.

—Que me había dado la libertad de follar con más personas, que ella estaba aburrida de hacerlo siempre con el mismo.

—Eso no se lo cree ni ella. Esa mujer no ha sido fiel a Lars nunca. Y lo sé de buena tinta. —Veo arrepentimiento en su mirada.

—Y avisaste a Lars.

—No quería que él sufriera.

—El amor es libre, Tyre, si alguien está a tu lado, que no sea por obligación.

—¿Qué sabré yo del amor? Y ahora, recoge y lárgate antes de que digas que te exploto.

Y eso hago. Cuando llego a casa de Lars, estoy cansada emocionalmente. Robin me abraza y sigue cenando. Lars me mira y sé que trata de averiguar cómo me encuentro. Debe de haberse enterado de todo.

—¿Hablamos luego solos?

—Claro, y ahora cena algo.

—Necesito un momento de tranquilidad.

—Hazlo cenando, es una orden. —Sonríe y luego me acaricia la mano con cariño.

¿Por qué me estoy resistiendo a este hombre, si a pesar de todo Tara me está destrozando sin pensar en mí? Mi relación con ella nunca podrá ser igual después de todo esto. Por su culpa, la gente me juzga. Aunque me pida perdón, me ha echado a los leones sin dudarlo.

Como algo y luego espero en mi cuarto hasta que sé que Lars me espera solo en el sofá, y así es. Tiene puesta la tele muy bajita y lleva una camiseta de algodón de manga corta y un pantalón de chándal. Voy hasta su lado y me siento sobre él a horcajadas. Me abraza con fuerza, y yo a él.

—Tengo condiciones —digo cerca de su boca.

—En esta postura puedo aceparlas todas. —Se ríe y presiono mi sexo contra el suyo. Lame mi boca y me aparto.

—Las condiciones primero.

Pone sus manos en mi trasero y me presiona contra él. Me contoneo. Se me nubla la mente.

—Primera condición. —Jadeo cuando me mueve haciendo que mi sexo se presione contra su entrepierna—. Hasta que no sepamos si esto es solo sexo, es un secreto entre nosotros y las personas de estricta confianza.

—Me parece bien.

—Segunda condición. —Sube la mano por el interior de mis muslos y baja su cabeza a mi cuello para dejarme un beso ahí—. Si es solo sexo y no vamos a ir más allá, seguiremos siendo amigos.

—Me parece justo.

Baja los besos por mi escote y veo como va bajando la tela hasta dejar los pezones al descubierto.

—Lars, me distraes.

—Voy a aceptar todo con tal de tenerte. Solo me importaba la de llevarlo en secreto por Robin y por ti, si necesitas tiempo.

—¿Y por ti?

—Yo quiero ser egoísta, Mei. Si no estuviera Robin, lo apostaría todo por ti. Por eso, todo lo demás que me pidas te lo daré, si así te sientes mejor.

—¿Por qué no tienes dudas? Tú no querías nada con nadie, ni sexo… Lo mismo el sexo es una mierda.

—No lo será, y me da igual. Y sí, dije todo eso. —Lame mi pezón erecto—. Pero entonces te vi y pusiste mi mundo patas arriba. ¿Qué más necesitas?

—A ti. Solo a ti. Y que no haya nadie más el tiempo que dure.

—No puedo estar más de acuerdo.

Atrapa mis pezones en su boca y mueve mi cuerpo con sus manos para que me frote contra él. Lo hago notando como mi humedad moja su pantalón.

—Si se te ocurre algo más, dilo, Mei. Tenemos que ser sinceros el uno con el otro.

—Sí. —Jadeo y me derrito sobre él—. Te necesito dentro.

—¿Quieres que te llene tu precioso coño?

—¡Sí!

—No podemos hacer ruido, cariño.

Se levanta conmigo en brazos y nos besamos de camino a mi cuarto. Caemos sobre la cama sin dejar de besarnos. De tocarnos y de palpar el cuerpo del otro. Tiro de su camiseta y él de la mía, dejándome solo con unas bragas de encaje rosas.

—Joder, eres…, eres preciosa, Mei. —Pasa los nudillos por mis pechos, mi estómago y mi sexo—. Creo que esto hubiera acabado por pasar. Desde que te vi este verano sentí una atracción tan fuerte, que creo que esto era inevitable.

Tira de la goma de mis braguitas y la va bajando hasta poder ver mi sexo mojado. Mete la mano dentro y la frota contra mi carne sensible. Retuerzo mi cuerpo y busco su boca mientras no deja de tocarme. Quita del todo mi ropa interior y me deja desnuda para él.

—Estás tan mojada. —Mete los dedos dentro—. Tan apretada y lista para mí. ¿Verdad?

—¡Sí! —Mete y saca los dedos cada vez más rápido.

—Mi chica está muy necesitada. —Lame mi boca.

Luego saca los dedos y los lleva a mi boca. Los lamo, excitada por esto. Lo repite y es él el que lame mis jugos. Luego nos besamos mientras no deja de tocarme. Estoy sudorosa y suplicante. Le ruego, sonríe y me prepara para él con sus manos.

—Te la vas a meter toda, cariño, y por eso tienes que estar bien dilatada.

Sus palabras no hacen más que llevarme al límite.

—Tengo condones en la mesita de noche. —Lleva la mano hasta allí y ve mis consoladores—. Me gusta usarlos con mi consolador…, resbalan mejor y es más limpio que los lubricantes.

—No tienes que darme explicaciones de tu vida antes de mí. — Saca un condón y uno de mis consoladores—. Pero hoy estás tan mojada, que dudo que necesites nada más.

Para probarlo mete el consolador en mi sexo poco a poco. No deja de mirar como mi cuerpo se abre a la invasión. No, hoy no necesito más aliciente que él para estar lista.

—Madre mía…, cómo me gusta esto…, verte así de abierta para mí, y mojada.

Deja el consolador en mi sexo y luego se quita la ropa. Entiendo por qué quería que mi cuerpo estuviera listo para él. Madre mía. Su polla grande y gruesa está hinchada y mojada en la punta. La acerca a mi boca y la lamo de arriba abajo. Hacerlo con el consolador en mi sexo me pone a tono.

—¿Estás muy cachonda?

—Mucho. Te necesito dentro, Lars. Seré buena chica y me la meteré toda.

Gruñe y me meto su polla en la boca.

Cuando se aparta está fuera de sí. Se pone un condón y saca el juguete de mi sexo. Abre mis piernas y juega con mi humedad con su polla cuando se acerca a mí. La pasa por mi sexo resbaladizo. Nunca he estado así de mojada por nadie.

Lleva la punta a mi sexo mientras nos besamos de nuevo. Su lengua y la mía se enredan mientras entra poco a poco en mi interior. Veo el esfuerzo que hace por contenerse cuando se separa. Muevo mi cuerpo y entra un poco más. Lo siento llenarme. Me muevo de nuevo y me pide que pare.

—Toda, Lars…

—Me está matando sentirte tan apretada, Mei.

Entra poco a poco en mi interior. Y cuando está dentro del todo, disfrutamos del placer de sentirnos de esta forma tan íntima. Muevo mi cuerpo, gruñe y luego lo oprimo en mi interior.

—Más duro, grandullón.

Sale y entra de una estocada.

—Eres increíble.

Sale y entra de nuevo.

Nos movemos juntos haciendo que la fricción de nuestros cuerpos aumente. Noto como me llena y como mi clítoris se roza contra su cuerpo. Giro el cuerpo para sentir mayor fricción.

Lo beso mientras tira de mis pezones.

—Estoy cerca, Lars.

—Dámelo todo, cariño.

Usa su cuerpo para torturarme mientras no dejamos de besarnos y tocarnos.

Baja la cabeza cerca de mi pecho y succiona.

Sé que mi cuerpo mañana tendrá marcas. Él suyo, arañazos.

No puedo evitar marcar su piel cada vez que me embiste con fuerza y lo siento tocando las sensibles paredes de mi sexo con su pene duro.

Se separa y entra despacio, viendo como nuestros cuerpos se unen.

—Me matas, Lars. —Lo miro suplicante, ansiando la liberación.

—Me encanta ver como tu precioso coño la engulle toda. —Mi sexo late en torno a él.

—Estoy cerca.

—Lo siento, cariño.

—Por favor —suplico.

Sale y entra en mí vigorosamente hasta que me corro con fuerza. El orgasmo me atraviesa y es tan fuerte que hasta me mareo. Lars me sigue y se corre dentro de mí. Al acabar estamos jadeantes y nos miramos incrédulos. Como si no esperáramos que el sexo, con la persona correcta, pudiera ser así.

—¿Estás bien? —pregunta.

—Mejor que nunca.

—Sé cómo te sientes.

—¿Te quedas a dormir conmigo?

—Tu cama está… hecha un desastre. Vamos a la mía.

No discuto. Sale de mí y busco algo de ropa que ponerme, mientras él se viste tras tirar el condón en la papelera, y subimos como dos adolescentes a su cuarto. Entro en su cama y me abraza cuando lo hace él.

—¿Te arrepientes? —pregunta besando mi mejilla con ternura.

—No, pero tengo miedo de lo que pueda hacer Tara si se entera.

—Paso a paso. De momento, veamos qué es esto, y luego…, luego haré lo que sea para que nadie te haga daño.

—Ni a ti. ¿Te arrepientes?

—Nunca.

Sus palabras me calman y, aunque quiero hablar con él, me quedo dormida entre sus brazos. Me siento más segura que nunca, como si por primera vez alguien entendiera mi mundo sin reservas y le gustara vivir en él.