Capítulo 24. Lars
Lars
—Parece que hoy está como si nada. —Miro a Robin saltando por los sofás como si no se hubiera pasado la noche vomitando.
—Sí.
Bonnie se va a quedar con el trasto mientras yo me marcho a trabajar.
Hoy Meissa no tenía que trabajar y en principio Robin se iba a quedar con mis suegros.
Meissa se fue con su primo. Lo sé por los rumores de la gente, que dicen que seguro que se lían, porque a los Landry no les importa el sexo entre primos.
La puerta se abre y aparece Meissa con la ropa de ayer. Al vernos y ver a Robin, nos mira preocupada. Noto alivio de ver que está bien.
—¿Ha pasado algo? —pregunta inquieta.
—Bonnie te pone al tanto.
Salgo de casa, porque casi le pregunto si ha pasado algo entre ella y su primo, y todo por las malas lenguas. Lo peor es que ella puede hacer lo que quiera, con quien quiera.
Voy hasta la zona de cría para ver cómo van los nacimientos de los nuevos potrillos. Estoy todo el día allí y llamo a Bonnie para preguntar por Robin.
—Está con Meissa.
—Era su día libre.
—Se lo he dicho mil veces, pero me ha dicho que quería estar con él. Creo que se sentía culpable por no haber estado con él esta noche, cuando estaba malo.
—Vale, ahora la llamo.
Cuelgo y voy hacia mi camioneta. Entro y llamo a Meissa.
—Hola, Lars, Robin está bien. ¿Por qué no me llamaste?
—Porque no es tu responsabilidad. —Me arrepiento de mis palabras nada más pronunciarlas—. Lo siento, Mei…
—No, tranquilo, lo entiendo. Ya no estaba de servicio, noche libre y eso.
—¡Vamos a jugar, tía! —grita Robin.
—Te dejo, Lars, puedes pagarme estas horas extra. Y de paso que te den un poco, por tontolaba.
—¡Tontolaba!
—¡Eso no se dice!
Cuelga y me siento un gilipollas. Tara me llama a la hora de comer.
Sabe que Robin ha estado malo, pero no pregunta por él, solo si es cierto lo de su hermana.
Agitado, le digo que no y cuelgo. ¿Qué busca esta mujer?
Tal vez lo de siempre. Llevarme al límite.
Al llegar a mi casa es media tarde. Robin está dormido en el sofá con la cabeza apoyada en Meissa, que lo mira.
No lleva los auriculares. Solo lo mira dormir y le toca la frente.
—Voy a darme una ducha.
—Vale. —Su voz es triste. Las palabras que le dije resuenan en mi mente.
Tengo que hablar con ella. Mi idea era hacerlo al bajar, pero Robin se ha despertado y Meissa se marcha a casa de su primo tras decir que ha acabado su horario laboral.
—¿Qué le pasa a la tía? Estaba como triste todo el día.
—Es mi culpa.
—Ah, vale. A veces eres un poco tontolaba. —Me hace burla y lo persigo para hacerle cosquillas—. Puedes hacerle cosquillas a la tía, seguro que así se le pasa el enfado.
—Tal vez lo haga. —Me abraza.
—¿Cuándo va a venir mamá? —Su pregunta me rompe por dentro.
—Está muy ocupada.
—Vale —responde cada vez más frío, como si su corazón se estuviera endureciendo poco a poco.
Odio que esto sea así por una madre egoísta. No era consciente de que mi historia de amor era en verdad tan tóxica. Pensaba que eso no me pasaría a mí, y estaba metido de lleno en una de la que no sabía salir.
***
Escucho a alguien en la piscina. Abro la ventana y veo a Meissa bañándose a la luz de la luna. Cojo el aparato que me avisa si Robin me necesita y bajo a verla. Tengo que hablar con ella.
Llego al jardín y me tiro al agua tras dejar el aparato en la mesa.
Salgo tras ella, que se ha apoyado en la pared, y la beso en el cuello.
—Lars…
—Lo siento, joder, lo siento. —Beso su mejilla—. Y siento también no darme cuenta de que me da igual todo con tal de tenerte un poco más para mí.
—Lars…, mi hermana…
—Tu hermana es una egoísta que solo se preocupa por ella misma. Si quieres que me aleje por ella, lo haré. Pero, por una vez, quiero ser yo el egoísta.
Se gira y veo la duda en sus ojos, a pesar de la poca luz.
—Tengo que estar muy segura, Lars.
—No tengo prisa.
Busca mi boca y me besa, sin prisas, con cientos de promesas y con el fuego quemando nuestros labios.
—Me voy a dormir o me tiraré de cabeza. —Se aleja y luego me abraza—. Decida lo que decida, no me alejes más de tu vida, ni de la de Robin. Yo no soy ella.
—Lo sé, por eso me gustas tanto, Mei.
Me besa en el cuello y la acerco más a mí. Su cuerpo me tienta, pero este paso que quiero dar necesita tener la mente fría. Los dos lo sabemos, por eso la dejo ir, aunque lo que más deseo es irme con ella y apostarlo todo por esta necesidad de consumirnos por el deseo juntos.
A la mierda con todo, ya lo arreglaremos. Pienso luchar por todo lo que me importa.