Capítulo 23. Lars
Lars
Tyre se acerca a su prima, le da un beso en la boca y grita:
—Por si alguien no lo sabe, esta noche es la noche de picos. Se me olvidó contárselo a los demás, ¿no?
La gente duda que sea cierto hasta que Bonnie le planta un pico a Ehud. La mujer de este, otro a Darren, y se desencadena el caos. Bueno, ahora nadie hablará del beso que me ha dado Meissa, porque la gente está desatada y seguro que las marujas no dan abasto con tantos picos entre unos y otros.
—La que he liado. —Tyre se sienta al lado de su prima y le dice algo al oído, pero escucho lo justo para saber que uno de los primos la está liando.
—¿Dónde están ese par de idiotas? Voy a cantarles las cuarenta —dice enfadada Meissa.
Tyre sonríe a su prima, se la lleva a donde están un par de primos de los más pequeños, y les echa una bronca enorme.
La miro embelesado. Joder, no puedo dejar de mirarla.
De buscarla allá donde va. Intento pensar que esto está mal, pero es como si preocuparme por ella y cuidarla fuera, desde que la volví a ver, parte de mí.
—Si la miras así, el pico que nos hemos dado no va a valer para nada —apunta Bonnie besando a su marido—. Como vuelvas a besarte con otra, te corto los huevos.
—Primero, me han besado, segundo, como vuelvas tú a besar a nadie, le corto los huevos.
—Mis huevos dejadlos en paz —dice Ehud, y su mujer se ríe. Nunca la he visto tan contenta, o sin un libro en las manos.
Tal vez solo necesitaba un sitio donde sentirse a gusto. Bonnie tiene eso: hace que la gente se sienta como en casa con ella cerca. Le ha costado con Delfina, pero poco a poco lo ha conseguido. Cuando Meissa regresa, tiene ese ceño fruncido de alguien que acaba de meter en vereda a los demás.
—Ya puedes dejar el rollo mandamás —la pico.
—No pienso dejarlo, me pone dar órdenes.
Sus ojos me miran hambrientos y la recuerdo en la mesa de la cocina, exigente y lista para mí.
Cuando me doy cuenta de por dónde van mis pensamientos, voy a por algo de beber y comer.
La gente sigue dándose picos y el grupo de cotillas no paran de ir de un lado a otro cuchicheando.
Cuando una mujer trata de besarme, la aparto.
—No esperaba que se liara tanto. —Tyre se apoya en la barra mientras yo pido. Una chica se le acerca y le echa los brazos al cuello, él se los quita y le dice que otro día. Por cómo lo dice, parece una excusa.
—¿Cómo van las cosas en el rancho?
—Van.
—¿Y con los caballos purasangres? Teníais muy buenos antes.
—Tenemos, pero no para carreras. Mi abuelo lo destrozó todo. Seguimos teniendo caballos que son descendientes de aquellos purasangres de cuando vivía mi bisabuela. Pero ya no tenemos la fama.
—Puedo mover unos hilos si lo necesitas.
—¿Por qué me ayudas?
—La ayudo a ella; al final, seguro que se asocia contigo.
—Eso espero, porque no quiero vivir con el miedo de que me lo quiten todo. Si no puedes con tu enemigo, únete a él.
—¿Así es como la ves?
Mira a Meissa y, aunque dice que sí, yo veo en sus ojos que no. Me sirven lo que pido y regreso a la mesa. Por suerte, la gente está a otra cosa y ya no dan picos por doquier. Hay sitio, pero me siento al lado de Meissa. Pongo comida ante ella.
—No tengo hambre. Tengo el estómago cerrado.
Saco los auriculares de su bolsillo y se los pongo.
—Entonces, vete a tu mundo mientras yo te espero en este, ¿vale?
Asiente y se pone a comer con su música, evitando escuchar los comentarios a nuestro alrededor. No come mucho, pero algo es algo sabiendo que la gente no deja de mirarnos como si tuviéramos una diana en la cabeza.
Bonnie tira de Meissa para bailar juntas.
Varios tíos las miran descaradamente y Darren se levanta para que su mujer baile tranquila.
Todo va bien hasta que Meissa gira y un tío la coge del brazo y la obliga a quedarse con él.
Intenta besarla y ella se separa. Le dice que se aparte.
Me levanto para ir a por ella. Odio pelear, pero si hace falta…
No hace falta. Meissa lo coge de los huevos.
—He dicho que no me toques. ¿Te queda claro, pedazo de mierda podrida?
—Sí. Muy claro.
—Bien. Genial, disfruta de la noche. —Le suelta los huevos y le alisa la camiseta. Se marcha con Bonnie, que la mira con los ojos muy abiertos.
Baila como si nada cuando yo me doy cuenta de que estoy loco por ella. Tal vez no sea el mejor momento para darme cuenta de eso, pero así es. Porque me encanta cada parte de ella.
Gira y me mira. Sonríe y le devuelvo la sonrisa.
—Lars. —Mi exsuegro me toca el brazo—. Mi mujer me acaba de llamar, que Robin no se encuentra bien, le duele el estómago.
—Vamos a tu casa.
Voy con él hasta su casa, pensando si el que ayer llamara Tara y que hoy Robin se haya puesto malo serán señales para que me olvide de todo lo que siento por Meissa y siga mi vida sin ella.
Meissa
No veo a Lars y las malas lenguas dicen que lo han visto irse con una mujer. No las creo, pero lo cierto es que nadie sabe dónde está. Bonnie me ofrece quedarme en su casa, pero le digo que no y me voy con mi primo Tyre.
—La casa está un poco desastrada. —Entramos en una casa de madera prefabricada—. Quiero darle una nueva vida a la casa grande, ya te lo dije, pero solo he arreglado el despacho, porque quería tirar muchas cosas y encontrar todo lo importante. Hasta que sea algo mejor, esto es lo que hay.
—Me vale cualquier cosa.
Saca ropa limpia y me dice dónde puedo cambiarme. Él hace lo mismo. Nos sentamos en el suelo de su pequeño salón. Veo un cuadro de una mujer con un caballo en la colina. Y esa mujer se parece a mí y a él.
—Era nuestra bisabuela, y ese el caballo que la mató.
Ella lo amaba, y a pesar de eso la mató.
Se encabritó y la tiró. Un amigo de su marido los pintaba, y luego nuestro bisabuelo los destruyó.
Se decía que quien la pintaba era el señor Bennet, de ahí vienen los rumores de que la amaba.
Me quedé este cuadro tras encontrarlo escondido en el despacho. Para recordar que el amor mata.
—Qué profundo, Tyre.
—Mucho. Eres como ella.
—Entonces, tú también.
—Sí, pero yo ya lo sabía —añade serio—. El abuelo decía que odiaba ver a su madre en mí. Menos mal que a ti no te conoció. La culpaba de todo lo malo de su vida.
—Es que la pobre se murió para joder a todos. —Se ríe y siento que es cierto; este lugar me hubiera hecho daño con él aquí.
Miramos a la mujer acariciando al caballo. La vida tiene una forma curiosa de jugar sus propias cartas.
Tyre me ofrece su cama y él duerme en el sofá. Miro el móvil y no hay noticias de Lars. Sí de mi hermana. Pregunta si no había más hombres que besar que el suyo. Apago el móvil y me duermo. Mañana ya lidiaré con tus tonterías.