Capítulo 19. Meissa
Meissa
La abogada de mi primo nos explica que si yo acepto el testamento todo pasa a ser mío. Las tierras y las deudas, y luego podemos redactar lo que yo solicite. Una vez sea todo mío, puedo cedérselo a Tyre o quedármelo.
—Puedo cedértelo todo —le digo a Tyre.
—No es lo que quiero. Tú has visto más mundo que yo, ya te lo dije; quiero la visión de alguien que sea algo más que un ranchero. —Por cómo lo dice Tyre, siento que alguien le ha echado esto en cara más de una vez.
Nos explican todo y digo que lo pensaré. Llamo a mi madre con el manos libres de camino a la casa de Bonnie.
—Hola, hija. ¿Qué tal todo por allí?
—Revelador. ¿Sabías que tenías un hermano?
—Sí, aunque a lo mejor era solo medio hermano. —Sus palabras me duelen. ¿El amor se mide por la cantidad de sangre que compartas? Para mí, Tara es mi hermana, sin más—. No tuve trato con él, era un gilipollas.
—¿Y con su hijo Tyre?
—Era pequeño cuando me fui, será como su padre. Es quien ha heredado todo, porque se hizo esa prueba de sangre.
—Lo sé todo, mamá, y me ha pedido que acepte la herencia y que seamos socios.
—Mentira.
—No es mentira.
—Mira, hija, te quiero, pero cuanto más lejos estés de ellos, mejor. No te juntes con la familia. Solo les importan ellos mismos.
—A veces la gente cambia.
—Nadie cambia, cariño, la gente solo va a peor. Si te ha propuesto eso es porque quiere algo de ti. No te fíes, hija, te considero una mujer lista.
Por eso estuve con un ex idiota tantos años, pienso, pero no lo digo.
Le digo que la quiero y detengo el coche cerca de la casa de Bonnie.
En cuanto entro y la llamo, me grita que está en el despacho.
Llego, le cuento lo que me ha dicho la abogada, y le tiendo los papeles para que los revisen los abogados de Darren, como me dijo.
Se los podría dar a Lars, pero Bonnie se ofreció antes.
—Si te soy sincera, no sé qué haría en tu lugar.
Y no tienes que decidir esto ahora. Date este verano para tomar una resolución, conoce a tu primo y, bueno, luego decide.
Nadie te echará en cara si no haces nada.
Y Tyre tampoco. A veces veo su verdadera personalidad cuando no la oculta y advierto su soledad.
—Ya, no puedo dar por sentado cómo es sin conocerlo. Voy a ayudarlo en las fiestas. En el puesto.
—Vas a ir contra mi queso con membrillo.
—Sonríe—. A ver quién gana. —Me abraza—.
¿Qué vais a preparar como reclamo? La gente quiere probar cosas nuevas.
Y así podéis meterles los demás productos.
De eso me di cuenta el año pasado. Si ofreces solo queso, la gente se aburre.
Pero si ofreces algo más, se acercan como moscas.
El rancho de los Landry antes destacaba por los purasangres, tenían muy buenos caballos de carreras.
También por sus panales de miel. Y eso sigue estando ahí.
Podéis hacer algo con miel. Un dulce fácil de coger.
No le digas a Darren que te he dado ideas.
—Tranquila, será nuestro secreto.
En seguida pienso en mis caramelos. Al regresar a casa de Lars, tomo notas de cómo hacer los caramelos con miel. Lars toca a la puerta de mi cuarto y Robin se cuela dentro y se tira a mi cama, revolviendo las notas.
—¡Robin! —Lars coge al trasto.
—No pasa nada.
—¡Caramelos! Me encantan tus caramelos —dice Robin mientras salta ilusionado.
—Estoy pensando hacer para las fiestas.
—Para la competencia. —Lars se apoya en el marco de la puerta, divertido—. Dime qué necesitas.
—Pues hay que fabricarlos, ponerlos en envoltorios llamativos… Y luego bandejas…, no sé. Si ofrecemos caramelos de la miel de flores de los Landry, tal vez la gente se acerque.
—Habla con Tyre.
—No, quiero hacerlo cuando tenga todo claro. El rancho no está pasando por su mejor momento y allí nadie arrima el hombro. Para Tyre esta feria es importante, el dinero que saca lo ayuda a mantenerse en el mercado. Quiero hacer esto por mi cuenta y luego darle facilidades.
—Te ayudaré en todo lo que pueda.
—Gracias.
—Pero si vas a hacer pruebas, pídele miel. La suya es la mejor del pueblo.
—Bien visto.
Miro todo ilusionada y con un propósito.
Me hace feliz tener esto. Cuando miro a Lars, sé que sabe que me emociona hacer algo así.
Por eso, tras cenar y acostar a Robin, se queda conmigo preparando todo.
Me da consejos de venta. Miramos en internet cosas y me ayuda.
Tenerlo cerca me da paz y alas a la vez.
Alienta mis ilusiones.
***
Tyre me lleva a donde tiene la miel para darme un poco. Veo los campos de flores y en lo alto de una pequeña colina, un columpio. Miro hacia allí.
—Este lugar es precioso.
—Lo es, sí. Y has tenido una buena idea. —Tyre mira todo lo que le he traído—. Pero no sé si dará tiempo a producirlo a tiempo.
Al final se lo he contado, porque creo que puedo hacerlo.
—Dará. Es hora de que los Landry se ganen el pan. ¿Confías en mí, primito?
—No…, pero casi.
Me da un poco de miel para mis pruebas y luego vamos hasta mi coche rosa. La gente nos mira curiosa y, poco antes de llegar, le digo a Tyre bastante alto:
—Si me hago cargo de todo, a todos lo que no arrimen el hombro los echaré. ¿Puedo hacerlo, verdad?
—Sí, yo no lo hacía porque me dan pena.
—A mí no me da pena nadie. Quien no trabaje irá a la calle. Haré limpieza de vagos.
Tyre me guiña un ojo, pillando mi juego.
Luego me abre la puerta y cargo la miel y las flores que le pedí.
Al llegar a casa de Lars me pongo manos a la obra.
Rob y Saril están aquí para ayudarme en mis experimentos.
Los primeros no salen muy bien. Dan asco, más bien.
Esto es más complicado de lo que pensaba y al cabo de varios días me entra la ansiedad de no conseguirlo.
Por eso, una de las noches me levanto de la cama y pruebo algo diferente.
Mis caramelos eran de azúcar, sin más. Les metía a veces sabor, pero poco más.
Al incluir la miel, se quedan más blandos.
—¿Qué haces? —Lars parece cansado; mañana madruga.
—He tenido una idea. Intentaré no hacer ruido.
Se acerca y se lava las manos.
—No voy a irme a dormir. Estoy contigo.
Sonríe y noto como las mariposas danzan en mi estómago. Estoy cayendo en lo que siento por este hombre, cada vez más fuerte, más denso. Mis ganas de besarlo se han multiplicado por mil y tenerlo cerca con todo esto me ha hecho conocerlo mejor.
—Gracias.
Probamos mi idea: por lo que he estado leyendo, la temperatura es la clave.
Por eso he cogido el termómetro. Pongo dos partes de azúcar y una de miel.
Luego un chorrito de agua, sin pasarme. Intento remover lo justo hasta que se ponga dorado, y va espesando y cogiendo color.
Lo retiro a los ciento cincuenta grados.
Y ahora, a enfriar. Y no tocarlo; creo que antes lo tocamos antes de tiempo, o quizás le puse demasiada miel.
Esto que he visto en redes debe funcionar.
Y sobre todo es importante el termómetro, controlar el calor y no hacerlo a ojo.
Lars me tiende agua para entretener la espera y acaricia mi espalda mientras miramos la mezcla solidificarse. Me encanta que me toque y lo hace sin darse cuenta. Yo también le acaricio el brazo o, cuando me da algo, dejo mi mano más tiempo de lo que debería junto a la suya.
—Tiene buena pinta. —Giro la cabeza, estamos muy cerca. Parte un trozo de caramelo y lo deja en mi boca.
Está duro y delicioso, cojo otro trozo y lo pongo en su boca y, como dos masoquistas, nos vemos el uno al otro disfrutar del dulce sin caer en la tentación de besarnos.
Apoya su frente en la mía, restriego mi mejilla con la suya y noto sus dedos clavados en mis caderas. Hablan de deseo y de miedo a caer.
—Lo he conseguido.
—Nunca dudé de ti.
Y ahí está, esa atracción que nos absorbe y nos hace desear lo que debería estar prohibido.
Robin se despierta agitado y Lars se marcha.
Recojo todo y me marcho a dormir. Y, aunque lo intento, no dejo de soñar con el hombre del que me empiezo a pillar a pesar de todo, a pesar de mis deseos y de que casi no lo conozco.
Voy a sufrir.