Capítulo 20. Lars
Lars
Observo a Meissa en el puesto de los Landry.
Ha conseguido tener los caramelos listos a tiempo y hacerlos trabajar.
Al parecer, amenazó con despedir a todos los vagos y por primera vez en mucho tiempo han empezado a trabajar.
Tyre mira divertido como sus primos se ponen tiesos cada vez que ella anda cerca.
Creí que nunca vería algo así. Si supieran que Meissa tiene un corazón enorme, seguro que no la tomarían tan en serio, pero de ella no saben nada, es la chica de ciudad que puede heredar el rancho y despedirlos.
Tiene un lienzo en blanco para crear su historia aquí.
Y se va a quedar, ha empezado a mirar casas para alquilar.
No va a irse. Saberlo me alivia. No la quiero lejos, pero es lo que siento cuando la tengo cerca.
La necesito más cerca. Mucho más cerca. Voy a fracasar, un día cruzaré la línea, la volveré a besar y se irá todo a la mierda.
Esa mujer me hace arder como nadie, y desear cosas que nunca me he permitido soñar.
Incluso cuando yo estaba con su hermana.
Porque Tara era mi mujer, pero nunca fue mi mejor amiga.
—Me encanta ver cómo saltan de miedo cada vez que Meissa los mira —apunta Darren.
—Es muy divertido —añado, mientras vemos a Meissa decirle algo a Aomar, que pierde el culo por hacerle caso. Darren saca el móvil y lo graba para que Max lo vea.
—Bueno, solo una Landry podía ponerlos rectos —esto lo dice mi abuelo—.
Meissa se parece a su bisabuela, de hecho lleva su nombre.
Al parecer, también ha heredado su mano dura.
Tyre y ella son los más parecidos. Yo creo que por eso el abuelo de ambos odiaba tanto a Tyre, porque desde que su bisabuela murió empezó el infierno en los ranchos Bennet y Landry.
Ahora que lo dice, sí es cierto que Tyre y Meissa se parecen, pero el resto no tanto.
—Bueno, al menos ha implantado la mano dura —añade Darren.
Yo no lo veo como mano dura. Es que Meissa sabe lo que quiere y lo dice. Es clara y directa. Algunos lo ven como una debilidad, pero aquí decir lo que piensa es algo fresco. Les dice lo que hay y, si no quieren, tienen que cambiar.
Se gira y nos mira. Nos saluda feliz.
Esto le está dando la vida. Se la nota más feliz que cuando llegó.
Me gusta verla así.
Cuando la gente empieza a llegar, les dice a los Landry que sean amables. Y lo son, más les vale. Darren disfruta grabando todo cuando puede. La música en directo y la gente dan color a este lugar. A media mañana me acerco y les llevo algo de comer a todos.
—Una muestra de paz.
Meissa se me acerca acalorada. Pongo la mano en su frente.
—Estoy bien, solo sedienta. —Coge la botella y bebe dejando que el agua caiga por su cuello hasta su camisa amarilla sin mangas.
Sigo el reguero del agua hasta sus pechos.
Joder—. Deliciosa. —Sonríe hasta que advierte mi mirada hambrienta.
Su respiración se agita—. ¿Bailarás esta noche conmigo, vaquero?
—Tal vez no sea prudente.
Asiente y miro alrededor inquieto. Tyre nos da las gracias por la comida. A la hora del almuerzo nos llega un pedido de comida de parte de los Landry y sé que ha sido cosa de Tyre. Una muestra de agradecimiento y paz.
—Quería darles una paliza —dice Darren por la tarde, mirando a Bonnie, que ofrece su queso con membrillo—, pero ellos necesitan más este premio para salir adelante. Yo sé lo que es tratar de levantar un rancho que se cae a pedazos.
—Bueno, seguro que sabes cómo distraer a tu mujer para que no atraiga más clientes.
Darren sonríe y se marcha a por Bonnie. Ella protesta, pero la besa de forma que se olvida hasta de su nombre. Me dice que les regale a todos queso y eso. Se marchan, y yo guardo el queso y el membrillo en el frigorífico para no usarlos.
Solo regreso a casa para cambiarme. Meissa iba a cambiarse en casa de su padre.
Cuando regreso al pueblo, la gente se ha juntado en las mesas para cenar.
Robin corre con sus amigos y al verme me saluda feliz.
Busco a Meissa y la veo en la barra, con un vestido azul marino de topos blancos atado al cuello.
Está preciosa y no mirarme es imposible.
Sobre todo cuando se sienta al lado de Bonnie.
—Hoy os hemos ganado —afirma Meissa feliz.
—Bueno, quedan varios días. —Bonnie nos mira a Darren y a mí—. A ver si, con suerte, nadie se distrae.
—Tú la primera, ¿no? —la pico, y me da una patada por debajo de la mesa—. ¡Joder, Bonnie!
—Eso por idiota.
Disfrutamos de la cena y cuando la gente empieza a bailar, no dejo de mirar a Meissa hacerlo con algunos de sus primos, con Darren y con Tyre.
Cada vez que gira feliz me busca. Sé lo que desea, y ella lo que deseo yo.
Jugamos a hacernos los tontos mientras lo que sentimos no deja de crecer entre los dos.
—Solo un baile —me pide casi al final, cuando prácticamente todo el mundo está borracho.
—Solo uno.
La sigo y pasa sus brazos por mi cuello. Pongo mis manos en su cintura y bailamos juntos. Con la suficiente distancia entre los dos. Para que nadie note nada raro.
—Te deseo mucho, Lars…
—Mei…
—No voy a hacer nada, pero quiero que sepas que no dejo de pensar en ti, y en tu boca. De imaginarla por todo mi cuerpo.
Noto como el fuego me consume. Gira y cae sobre mi pecho.
—Me vas a matar.
—Solo quiero que lo sepas, aunque no pase nada entre los dos.
—¿Por qué quieres que lo sepa si no puede pasar nada?
—Porque a tu lado la verdad me hace feliz.
Feliz… No recuerdo la última vez que fui feliz de verdad. Sin dejarme llevar por lo que creía desear. Me obligué a ser feliz con Tara porque no esperaba amar a nadie como a ella. Feliz, qué fácil parece serlo y qué complicado experimentarlo de verdad.
La canción acaba y Meissa hace una reverencia.
—Creo que esa reverencia la debería hacer yo —respondo divertido.
—Ya, pero yo sigo mis propias reglas.
Se marcha, y Tyre le dice algo que la hace reír.
No se junta con nadie más y, aunque Tyre tiene fama de estar siempre con unas y con otras, desde hace tiempo no se lo ha visto con nadie.
Desde que se hizo cargo del rancho, pero los rumores no cesan; seguro que alguno hasta cuenta mañana que se ha acostado con su prima.
Es tarde cuando Meissa me dice que se viene conmigo, que está cansada para conducir. Casi lo prefiero; arreglé su coche, pero no me gusta nada ese trasto. Vamos hasta mi casa entre miradas largas y respiraciones agitadas.
—Mei…
—Solo te miro. ¿Acaso no puedo mirarte?
—Sabes que sí.
—Quiero ser egoísta. Todos dicen que follamos y es mentira. ¿Por qué no hacerlo real, y saber si todo sería tan explosivo como imagino?
—Para, Mei…
—Vale. Me callo.
¿Qué hago? ¿Ser como el resto? No, eso es lo que hacen los que no quieren ser uno mismo.
—No, joder, aunque me duela, habla, no te calles, mátame con tus palabras aunque no pueda hacerlas realidad.
—No quiero hacerte daño.
Llegamos y detengo el coche. Sale y la sigo dentro. Cierro la puerta y tiro de ella cuando hace amago de irse.
—Entonces hablaré yo. —La acerco a mí. No puedo resistirme.
Solo una vez, grita mi alma, grita tan fuerte que no puedo escuchar nada más.
—¿Qué vas a decir?
—Que no dejo de soñar contigo en mi cama y en cada parte de mi casa. Que lo mejor de mi día es cuando os veo a Robin y a ti, y cuando se acuesta mi hijo me quiero perder en ti. Me duele lo mucho que te deseo, y me matan las razones por las que te rechazo.
—Solo es deseo.
—No es un deseo común. Tú nublas mi juicio, preciosa.
—Ahora entiendo por qué me querías callada. Porque duele sentir y no poder hacer nada.
El dolor en sus ojos es insoportable, por eso la beso y mando a la mierda todo.