Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 13. Meissa
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Capítulo 13. Meissa

Meissa

Estoy en casa de Bonnie. En su despacho.

Tiene uno enfrente del de Darren para trabajar en sus cosas.

Lars me habló de la web y escribí a Bonnie ofreciéndome a ayudarla.

En mi empresa yo llevaba el tema de envíos y eso es lo que estoy revisando: la forma de que los envíos no suban mucho los precios.

Y, de paso, ajustando la web para que se vea de calidad.

—¿Cómo van las cosas con Lars? —Bonnie se sienta en la mesa.

—Mejor. Tara era el problema.

—Te lo dije. Los rumores del pueblo no paraban.

—Me apuesto lo que quieras a que mis primos son los causantes de esos rumores.

—No lo descarto. Quieren que te marches y si así lo logran, piensan que han ganado. Lo hablé con Tyre y me dijo que él no tiene nada ver, pero que no lo descarta, porque los Landry son así: no dan palo al agua, pero dan mucho por saco.

—No pienso irme tan fácilmente.

Ajusto unos códigos. Bonnie se marcha a la cocina y al poco regresa con membrillo y queso. Me lo da a probar con sus dedos para que no me manche las manos.

—Eso es muy sexi —le dice Darren desde la puerta.

—Pues no mires. —Bonnie le saca la lengua—. ¿Quieres un poco?

—De ti, siempre. —Bonnie emite una sonrisilla.

—Puedes ir a darle de comer. —Escondo la cabeza en mi ordenador—. Está muy bueno, por cierto.

Muy muy bueno.

Sigo haciendo mis cosas y miro el móvil de reojo. Lars llegó de trabajar, comimos y se hizo cargo del pequeño. Yo tenía la tarde libre y me vine a ver a Bonnie. Escribo a Lars:

Meissa: ¿Cómo vais?

Lars: ¿Nos echas de menos?

Meissa: No, ni un poco.

Lars: Qué lástima, porque nosotros a ti, sí. Vamos de camino.

Algo late en mi pecho al saber que vienen hacia aquí. Sigo trabajando y cuando los escucho llegar salgo a verlos. Robin me abraza y Lars solo me mira. Y de qué forma. No quiere nada con nadie, pero cuando me ve me derrito por él por su forma de devorarme con sus ojos dorados.

—No podéis vivir sin mí.

—Bonnie nos ha escrito para que probemos algo nuevo —apunta Lars—. Pero no está mal tenerte cerca —dice al ver mi desilusión, acariciando mi mejilla.

—¡Ya habéis llegado!

Bonnie trata de arreglarse la ropa. Darren sale tras ella, sonriente.

—¡Tía Bonnie! ¿Qué nos vas a dar?

—Ahora lo traigo.

—Yo te ayudo —le dice Darren.

—Mira, ellos sí son como los de los libros —susurro a Lars.

—Doy fe. —Nos reímos cómplices.

Bonnie trae el membrillo y les da a probar. Yo cojo más y me chupo los dedos. Lars no pierde detalle de cómo entran en mi boca y los lamo. Siento como me caliento por la oscuridad de su mirada antes de apartar la cabeza.

—Delicioso —murmura Lars.

—Gracias, chicos. Creo que puede ser nuestro reclamo en el puesto.

Bonnie, más aliviada por la idea que ha tenido, nos habla de ella.

Entro al despacho para trabajar un poco más hasta la hora de la cena, Robin se duerme en el sofá después de cenar, cuando estamos hablando de todo un poco, y de camino a casa de Lars me pongo en el asiento de atrás para que no se mueva y descanse.

Al llegar, entre los dos lo acostamos en su cama después de cambiarlo.

—Buenas noches, Meissa —dice Lars cuando salimos del cuarto de su hijo.

—Buenas noches, Lars.

Bajo las escaleras sabiendo que no deja de mirarme y por eso me giro, lo pillo y se marcha a su cuarto gruñendo.

Cómo me gusta provocarlo. Entro a mi cuarto y pienso si solo son provocaciones o quiero que caiga rendido.

Que me bese. Que me haga todo lo que prometen sus ojos dorados cuando me mira así.

No tengo respuesta para eso.

***

He bajado al pueblo con Robin para desayunar con sus abuelos. Estamos tomando tortitas.

—Se dicen muchas cosas por el pueblo —me dice mi padre cuando Robin se levanta para correr por la cafetería con su abuela detrás—. No quiero que ninguna de las dos sufra. Y, de ser cierto, esto haría daño a Tara.

—Solo estoy de paso, papá.

Quiero a mi padre, pero que anteponga la felicidad de Tara a la mía me duele. Y me recuerda que, aunque me quiere, yo soy el error que casi se cargó su vida perfecta.

—He hablado con Tara, le he dicho que todo es infundado, y ella dice que tú le contaste por qué estás aquí. —Mi padre coge mi mano—. No lo ves ahora, cariño, pero a veces es mejor así; un hijo puede complicarte la vida si no es con la persona correcta.

No creo que mi padre sea consciente de lo que acaba de decir; no lo es hasta que aparto las manos y me levanto.

—Lo entiendo, papá. Yo mejor que nadie sé lo que es ser un puñetero error.

—No quise decir eso…, yo…

—Lo sé. Sé que me quieres…, necesito un momento. ¿Os podéis quedar con Robin?

—Sí, claro, pero…

—Luego os llamo para ver dónde estáis.

Salgo casi corriendo y empiezo a andar sin rumbo. Tarde me doy cuenta de que estoy en el rancho de mi abuelo. En sus tierras.

—Si yo sabía que querías algo. —Tyre aparece montado a caballo—. Vaya cara de mierda. —Se acerca—. Sube, primita. Te enseñaré tu hogar.

No debería, pero acepto su mano, porque si Bonnie es su amiga no tiene que ser mala persona. Y además quiero huir, y este sitio me parece perfecto para no pensar en nada. Porque seguro que odio cada instante aquí y no pienso en mi corazón hecho pedazos.