Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 11. Meissa
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Capítulo 11. Meissa

Meissa

Lars está raro desde el domingo. Cuando regresé, Robin ya estaba dormido y él, al parecer, en su cuarto.

Me dejó algo de comer en la cocina con una nota.

Cuando desperté el lunes, ya se había marchado.

Le había dejado unos libros en la isla de la cocina con una nota que decía: «para ti».

Había un «gracias» con su letra perfecta.

Aunque nos hemos visto para cuidar a Robin, no me mira.

Lo siento lejos. Y no sé qué puede haber pasado para que haya esta frialdad entre los dos.

Hoy es viernes y he quedado con Bonnie para ir al cine y cenar algo.

Termino de prepararme y salgo de mi cuarto.

Robin está con mi padre. Él y su mujer han venido a por él esta tarde y se lo han llevado.

Les gusta estar con el pequeño y, como los fines de semana no trabajan, se quedan con él y así ayudan con la crianza.

Sé que lo hacen para compensar que su hija no se haga cargo.

—Sí, está con tus padres… —escucho a Lars hablar en la cocina—, deja eso ya de una puta vez, Tara…

No, no me he acostado con tu hermana. ¡La gente, que diga lo que quiera!

Además, no te debo nada. Solo te sigo hablando porque tenemos un hijo en común.

Si no, te juro que solo querría olvidarme de ti para siempre —Lars suena muy enfadado—.

Tu hijo te echa de menos, y ni lo has llamado…

Sí, ya, muy ocupada. Pero para llamarme para ver si es cierto que estoy liado con ella sí tienes tiempo.

Mira, tengo cosas que hacer y lo que haga con mi vida es cosa mía.

Demasiado tengo con saber que te acostaste con medio pueblo mientras estabas casada conmigo, y a saber lo que hacías cuando ibas a la ciudad.

Cuelga y se pasa la mano por el pelo, cansado. Deja el móvil y noto que está nervioso.

Escribo a Bonnie y le digo que dejamos la peli para mañana, que Lars me necesita. Me dice «ok». Dejo el móvil en la entrada con el bolso y ando hasta la cocina, donde Lars se ha apoyado en la encimera para mirar por la ventana.

—Lars. —Lo abrazo por detrás. Se tensa un segundo antes de poner sus brazos sobre los míos—. No dejes que ella te haga más daño.

—No es fácil cuando Robin está en medio. No sé cómo hacerlo para que él no salga herido.

Tomo aire y aspiro su perfume. Ese olor a jabón, ropa limpia y bosque. Me encanta cómo huele.

—Yo no he salido tan mal, ¿no? Mi padre estaba, pero quien estaba ahí sí o sí era mi madre.

Ella era mi puerto seguro. Con los años te das cuenta de que un padre será intermitente y otro fijo.

Es una mierda, y seguramente dejó alguna secuela en mí, pero ahora soy adulta y no espero nada que no pueda darme cada uno de ellos.

Robin es un chico increíble. Ahora echa de menos a su madre, pero un día simplemente aprenderá a vivir con ello. A menos que Tara cambie.

Se gira y nos miramos a los ojos. No dejamos de abrazarnos y soy muy consciente de como mi cuerpo encaja en el suyo.

—Siento que Tara no solo ha desilusionado a Robin en su vida.

—Bueno, era mi hermana mayor, ninguna de las dos tenía la culpa de lo que hizo mi padre.

—Tara no lo pasó bien con lo de tu padre.

Yo era su amigo. Cuando empezamos a salir decía que no confiaba en el amor para siempre, y cuando rompía conmigo cada dos por tres pensaba que era por eso.

Que debía esforzarme más por demostrarle que yo era de fiar.

La noche antes de la boda me dijo que tenía dudas. La convencí de que todo iría bien.

—No hiciste nada malo, Lars.

—Ya, bueno, nuestro matrimonio no iba bien. Yo tenía mucho trabajo, me esforcé duro para que pudiera tener su tienda. Y eso hizo que los primeros años casi no pasara por casa. Y ella me lo echa en cara.

—Lars, ¿sabía que lo hacías por su sueño?

—Claro que sí. Por eso esperaba que, cuando tuviera su tienda, fuera feliz. Pero no lo era. Estaba cansada de trabajar. De tener esa responsabilidad. ¿Sabes que cuando conoció a Bonnie le encasquetó a Robin sin apenas saber nada de ella?

—No.

—Nos enfadamos. Luego resultó que Bonnie era de fiar y se quedó con el niño, pero no me gustó que, sin más, Tara dejara a su hijo con ella solo porque era amiga de Max.

—Ella decía que tú nunca te enfadabas.

—Sí lo hacía, pero no me ponía a gritar como ella, o a tirar cosas. Solo le decía que no me gustaba. Y, como le molestaba que no fuera de otra forma, salía y se ponía sexi para que otros hombres la tocaran y yo perdiera los nervios.

—Por celos.

—Para evitar que ella se arrepintiera al día siguiente de sus tonterías. —Se separa y va hasta la cristalera. Lo sigo—. Hace años que no siento celos ni nada. Pero antes de casarnos le juré que estaría ahí siempre.

—No querías faltar a tu palabra.

—Me esforcé por que fuera feliz. Pero tal vez debí ponerle fin a lo nuestro mucho antes. Le dije todo esto cuando ella quiso volver, a raíz de que Darren me hiciera su socio. Y no se lo tomó muy bien.

—Conozco lo suficiente a mi hermana para saber que le molestó no tenerte llorando por ella.

—Sí. Seguramente. Entonces empezó a salir más.

Y pedí la custodia íntegra de Robin, porque ella no cumplía con sus custodias.

El juez al cargo del caso lo aceptó y Tara también.

Entonces se dedicó a pasar más tiempo fuera.

Y no sé si es por mi culpa. Al quitarle totalmente la responsabilidad del niño, no se esfuerza.

—Y ahora te llama enfadada por si estamos follando como locos y tú te alejas de mí para que no lo use contra el niño.

—Me has pillado. No quiero, pero no quiero que Robin sufra más.

Hay dolor en sus ojos dorados y está perdido, muy perdido.

Odio que la gente use lo que amas para hacerte daño.

Mi madre nunca lo hizo; si mi padre quería verme, le daba facilidades.

No era así con otros niños de mi clase. Me contaban cómo era estar en casa de sus padres cuando cada uno echaba pestes del otro.

Entiendo a Lars mejor que nadie. Y a Robin.

—Hice una promesa a Robin de estar siempre a su lado —le digo—.

Y no puedo cumplirla si por miedo a Tara me alejo.

No pienso fallarle a ese niño, ni a ti. —Por sus ojos sé que no me comprende—.

Los dos queremos a Robin; que tú estés bien lo hará feliz.

No voy a abandonarte en esta cruzada. Duele menos si dos personas que aman tanto a ese niño luchan por su felicidad, ¿verdad?

—Espero que diga algo, pero solo me mira y luego asiente—. Voy a preparar algo para cenar.

—¿Y tus planes?

—Otro día, hoy me necesitabas.

Ando hasta la cocina. No he dado ni dos pasos cuando tira de mi mano, me gira y me abraza con fuerza.

Le devuelvo el abrazo preguntándome cuándo fue la última vez que este hombre fue abrazado con el alma.

Tiene mucha gente que lo quiere, lo he visto, pero siempre mantiene las distancias.

Si lo abrazan está ahí, pero empiezo a pensar que esta debilidad, esta necesidad de mostrar su vulnerabilidad sin miedo, solo me la ha revelado a mí.

—Voy a llamar a Tara…

—No hace falta —me dice agitado.

—Estoy de tu lado, vaquero, solo déjame que la llame. Tal vez le mienta. —Muerdo mi boca y no puede evitar seguir el movimiento de mis dientes sobre mi labio inferior.

—No hace falta.

—Quiero hacerlo. Estoy donde debo estar, lo sentí cuando entré en esta casa y abracé a Robin. Sois mi familia también y no voy a alejarme.

Noto algo liviano en mi pecho ante esta verdad. Ellos son parte de mi mundo, porque Robin me importa y que su hogar sea estable lo es todo para mí ahora.

Busco el móvil y Lars se apoya en la encimera de la cocina.

—Qué raro, tú llamando —me dice Tara cuando descuelga.

—Ya, bueno, he salido por el pueblo con Bonnie y he escuchado rumores que me han agobiado un poco, y quería llamarte para aclarar las cosas.

—Me han llegado esos rumores, sí. La verdad, no esperaba eso de ti.

—Es que no son ciertos. No estoy liada con Lars. Solo estoy cuidando a Robin.

—¿Y por qué?

—Papá pidió el favor a Lars, ya sabes lo del aborto.

No estoy en mi mejor momento. —Agacho la mirada, incapaz de soportar la pena en los ojos de Lars—.

Papá pensó que estar al lado de Robin me aliviaría.

Y también porque así no estaba en su casa.

Sabes que tu madre me quiere, pero la pongo nerviosa, porque le recuerdo el momento de debilidad de su marido.

Es triste, pero cierto. Me quiere, pero cuando me mira, a veces siento como si quisiera que tanto yo como ese error de su marido desapareciéramos.

—Ya, sí, es cierto, mi madre te quiere, pero mejor lejos, y en cuanto a lo del bebé, eres muy joven para que un niño te joda la vida.

—Algo se rompe en mi pecho ante la frialdad con que trata mi aborto, como si no me tuviera que doler.

Como si mi sufrimiento fuera infundado. Odio esto, por eso casi nadie lo sabe.

A ella se lo conté, pero no comentó nada. Pero ahora lanza lo que piensa como si ya no me doliera.

—Bueno, como sea, no estoy aquí por tu ex. —Alzo la cabeza sin importarme que Lars vea mis lágrimas—. A mí tu ex no me parece nada sexi. —Lars emite una media sonrisa, sabiendo que miento. Para mi desgracia, se me ve todo en la cara.

—Ya, bueno, me dejas más tranquila. Es muy viejo para ti.

—Claro, demasiado experimentado.

—Es un soso en la cama, aunque en la vida también. No te pierdes nada. Búscate una polla joven, es lo que hago yo, y olvida el pasado. Te dejo. Nos vemos, adiós.

Cuelgo y sé que Lars ha escuchado todo.

—¿Te importa si me tomo un momento para mí?

—No, para nada. Y gracias por todo.

—Así nos dejará en paz.

—A costa de tener que sufrir tú por su frialdad.

—Bueno, la gente es así. Pocos entienden tu dolor.

Ando hasta mi cuarto para cambiarme y tomarme un momento. Al poco escucho música que Lars ha puesto en el salón, seguramente para animarme. Para que mis fantasmas no me atrapen. Yo lo cuido a él, y él me cuida a mí.

He tomado la decisión correcta.