Capítulo 10. Lars
Lars
—¿Te soltó eso? —Estoy yendo con Darren hacia la zona de caballerizas.
—Sí, que era un amigo al que se follaría, como si nada. —Se ríe—. No te rías. Cuando me lo dijo, no sabía dónde meterme.
—Porque fue aterrador.
—No, porque por un segundo me imaginé cómo sería ceder a la atracción de los dos.
—Ya te dije yo que estabas en problemas.
—No va a pasar nada. En cuanto acabe el verano se irá. Le escribiré para saber que está bien y me alegraré por su felicidad lejos de aquí. Fin de la historia.
—Eso no te lo crees ni tú, pero puedes seguir soñando. Yo estaba en tu lugar hace dos años. Y al final caí.
—No soy como tú, a mí el sexo nunca me ha gustado más allá de complacer a Tara.
—Bueno, yo llevaba años sin sexo. Y tú también bastante tiempo.
—No, estoy bien así.
No dice nada, se queda callado y sé lo que está pensando: «Ya hablaremos en unas semanas». No, joder, esto no puede pasar. Solo es una mujer sexi de curvas de infarto que me calienta con solo una mirada. Cuando me mira siento que hay llamas dentro de mí bullendo con fuerza.
Tara fue mi primer todo. Nos acostamos la primera vez cuando éramos dos adolescentes hormonados y a pesar de eso no recuerdo esto. Esta capacidad de mirar a una persona y que lo que te rodea desaparezca mientras tiemblas como si, sin tocarte, te hubiera derribado todos los cimientos.
Nunca he tenido sexo de una noche. Tras romper con Tara, me centré en mi hijo y en el rancho. Y, teniendo en cuenta que el sexo con Tara me aburría la gran mayoría del tiempo, buscar algo así con alguien no me tentaba.
Pero entonces aparece Meissa, y cuando la miro siento aletear dentro de mí un fuego que quiere ser consumido.
—Estoy jodido —admito.
—Muy jodido.
—Eso, tú dame ánimos. —Se ríe.
Cuando llegamos vemos a Bonnie. Darren no la esperaba aquí y va hacia ella. Se besan de forma acalorada mientras espero.
—Como si no os hubierais visto en años —los pico.
—Cuando tú te acuestes con tu niñera ya hablaremos.
—El sexo está sobrevalorado y eso no va a pasar en la vida —respondo a Darren.
—Menudo órdago le has lanzado al destino —apunta Bonnie—. Has dicho «en la vida»… ¡Pues toma dos tazas de eso que no quieres! —Bonnie me abraza—. Te lo robo, Darren, quiero que me acompañe a mirar algo de la zona bio.
Darren nos dice adiós con la mano.
—No está yendo tan bien como esperábamos este año tampoco —admite Bonnie mientras caminamos.
—Ya sabíamos que al principio costaría.
—Ya, pero de cara a las fiestas del pueblo es importante que ofrezcamos calidad. Que consigamos clientes, y eso al final nos convierta en una marca destacada.
—Lo será. Max está trabajando en ello desde la distancia.
—Ya. Pero estoy nerviosa, y Darren también, y no quiero inquietarlo más.
—Y me necesitas como amigo para contarme tus penas.
—Me has pillado.
Max y ella hablan al menos una vez a la semana, pero es complicado. Max está feliz por ellos. Los quiere. Pero se le hace raro cuando ellos le hablan de sus cosas juntos. Eso hace que Bonnie se guarde muchas cosas para ella. Y cuando con un amigo no puedes ser tú mismo, algo se rompe.
Bonnie me ayudó mucho con lo de Tara. No me dejó hundirme. Cuidó de mí y, si me necesita, ahí estaré yo.
Llegamos a la zona de productos ecológicos, donde se preparan los quesos con leche de los animales que hemos traído a esta zona y que se están criando sin químicos ni nada que pueda alterar su crecimiento. Es la primera vez que hemos hecho queso ecológico. Tenemos también leche, yogures y frutas.
Tras lavarnos bien, nos ponemos las batas y vamos a probar los quesos. Están muy buenos. Bonnie me mira a la espera.
—No, está malo. —Cojo otro trozo y me da en el brazo.
—¡Eres tonto, Lars! Me has asustado.
—Irá bien. Todo irá bien.
—Voy a hacer membrillo. Va muy bien con el queso, ¿verdad?
—Verdad.
Sonríe emocionada y da órdenes.
—Esta tarde te robaré a tu niñera. —La miro curioso—. Vamos a ir a la ciudad a por libros, nos acompaña Delfina.
Delfina es la mujer de Ehud.
—Ehud le ha dicho que Meissa lee libros sexis y dice que ella conoce los mejores lugares para comprar libros sexis.
—Tú también lees de eso y nunca ha querido acompañarte.
—Eso pensé. A saber qué trama.
—Activaré mi lado detective. Aunque con Tara me funcionó fatal.
—Bueno, por si acaso.
Hablamos de las fiestas. De la feria y de todo lo que tiene preparado. Al acabar, regreso a mi trabajo y como algo en la zona de comidas. Hoy me toca a mí hacer más horas. Al llegar a casa, Robin sale corriendo y me abraza.
—Me voy con las chicas a comprar libros —dice Meissa desde la cocina—. ¿Quieres que te traiga algo de la ciudad?
La miro, con los ojos brillantes y esa camiseta atada en su cintura. Lleva un piercing en el estómago, una pulsera tobillera y las uñas de los pies pintadas de rojo. El lunar de su estómago me vuelve loco. ¿Qué quiero de la ciudad? Que vuelva pronto.
—Pásalo bien y no, no quiero nada.
No puedo querer nada, y menos a ella.
Se despide de Robin y se va a su coche. La veo irse con algo pesado en el pecho. Si me cuesta verla alejarse unas horas, cómo será cuando se marche para siempre.
—Va a volver pronto. —Robin me da unas palmadas en el bajo de la espalda.
—Pasas mucho tiempo con el bisabuelo. —Se ríe como un viejo y voy tras él.
Lo pillo y me lo como a cosquillas. Todo va bien hasta que Tara me llama para ver cómo está.
—¿Es cierto que mi hermana está ahí?
—Sí, lo hace muy bien.
—Claro, ella todo lo hace bien. Intenta no mirarle el culo.
Sería muy asqueroso por tu parte. Parecerías un puto viejo verde.
Aunque, con lo poco que te gusta el sexo, no sé para qué digo nada.
Solo te pone cuando te provocan. —Se ríe.
Robin me mira a la espera de que su madre pregunte por él—. Nos vemos. Dile a Robin que lo quiero.
Cuelga y tengo que romper el corazón de mi Robin en pedazos cuando ve que su madre no ha pedido hablar con él. Sale corriendo y da un portazo. Lo escucho llorar y me rompe en pedazos.
No se merece esto y siento que Tara lo ha hecho porque está celosa de su hermana viviendo en mi casa, y es su forma de castigarnos a todos usando al niño, que no tiene culpa de nada.