Capítulo 9. Meissa
Meissa
Salgo a media mañana cansada de estar en mi cuarto para evitar a un hombre sexi a rabiar, de intensos ojos dorados que parecen ver mi alma.
Abro la puerta y no lo veo en el salón. La piscina me llama.
A Robin lo recogerá Lars esta tarde en casa de mi padre.
Ando hasta la puerta y la abro. Saco una toalla del cuarto de la piscina y cuando la voy a dejar en una de las tumbonas, veo a Lars haciendo largos en la piscina. Voy a irme cuando me ve.
—Vamos, el agua está muy buena.
—Sí, a eso iba.
Genial, ahora solo tengo que quitarme el vestido e ir hacia el agua donde él está casi sin ropa. No, esto no está saliendo como tenía planeado cuando decidí pasarme horas en mi cuarto leyendo para evitar situaciones incómodas.
Debería estar prohibido que alguien que es intocable te excite de esta forma. Tara nunca me perdonaría que tuviera algo, por pequeño que fuera, con su ex. A mí me parecería algo horrible si me lo contara alguna amiga. Pero luego miro a Lars y se me funden los sesos.
No lo pienses.
Me quito el vestido y voy a la ducha. Abro el grifo y me meto bajo el chorro de agua.
Miro a ver dónde está Lars y lo pillo mirándome embelesado, de una forma en la que nunca he sido observada, como si fuera la mujer más increíble que ha visto en su vida.
Lo hace hasta que se da cuenta de que me está devorando con la mirada.
Se gira y nada de nuevo. La ducha se detiene sola y voy hasta la piscina.
Me lanzo al agua evitando a Lars.
Mi cuerpo se sumerge en el agua helada y cuando emerjo, Lars está muy cerca de mí, sus ojos parecen más dorados que nunca y su pelo castaño, más oscuro. ¿Cómo pudo mi hermana mirarlo y no perderse en cada uno de sus matices?
—Hola —dice cerca.
—Hola.
—Tus ojos parecen dos pozos de agua. Nunca he visto unos ojos tan fascinantes.
—Gracias. Los tuyos no están mal. —Sonríe, y ese hoyuelo junto a su boca hace estragos en mi bajo vientre.
—Leí tu libro. —Se apoya en el bordillo—. Es interesante. Sobre todo las partes eróticas. ¿Seis polvos en una noche? —Me río—. Ahora entiendo por qué nunca estaba a la altura.
—A ver, no es real. Pero cuando lees, te gustan esos momentos excitantes. ¿Te dejo otro?
—Sí. —Me apoyo cerca y lo miro, solo eso—. ¿Qué pasa?
—Nada, mi ex decía que ese tipo de novelas no eran literatura y que eran solo para mujeres amargadas y aburridas.
Empecé a leerlas a escondidas y a comprarme libros que nunca leía, porque si él estaba cerca me daba miedo que me hiciera sentir mal por leerlos.
Me gusta leer en ebook , pero también me los miraba.
Le gustaba tenerme controlada. Decía que era por mi bien, que él era mayor y sabía más de la vida.
Por eso empecé a escuchar audiolibros. Él pensaba que escuchaba música y no se ponía tocanarices.
—Un gilipollas de manual, ¿no?
—Tal cual. Cuando rompimos me echó en cara que toda mi ropa de diseño era regalo suyo. Que le daba lástima y me la podía llevar. Metí en mi maleta toda la ropa que yo me había comprado y los libros. Lo que me recuerda que tengo que comprarme ropa.
—Tu hermana vendió su tienda. Tienen buenos precios.
—Con lo que le gustaba.
—Creo que a Tara nunca le ha gustado nada realmente. De todo se cansaba pronto.
—Menos de ti.
—Ya, bueno, eso sería cierto si ahora no me hubiera enterado de que llevaba años poniéndome los cuernos. —Centra su mirada en mí—. ¿Lo sabías?
—Lo sospechaba. Cuando venía a verme, antes de Robin no la veía en días, y cuando venía con Robin, me lo dejaba y se iba. Un compañero mío me dijo que había estado con ella, pero no lo creí. Pero cuando os separasteis até cabos. Lo siento, Lars.
—No pasa nada, ya no duele, o eso quiero creer. Si me duele es por Robin, porque él si la quiere. Yo ya no.
—Yo la quiero porque es mi hermana, pero nunca hemos sido grandes amigas.
No como Bonnie y Gretel. —Vemos una mariposa volar cerca de la hierba que rodea la piscina—.
Lo mismo odia que yo esté aquí. Le pregunté muchas veces por ti, pero no quería que me vieras.
A veces sentía que era porque le daba envidia.
Cuanto más crecía yo y más diferentes nos hacíamos, más odiaba que no fuéramos iguales.
—No te pareces a ella en nada.
—Ya lo sé. Lo dijo muchas veces.
—Es un halago, Meissa, y no me refiero solo al físico.
—No me conoces casi, Lars.
—Pero a ella, de toda la vida.
—Y a pesar de eso, te engañó. —Tarde me doy cuenta de que parezco una borde—. Lo siento, yo… a veces, si me relajo mucho, no tengo filtro.
—Tranquila. —Acaricia mi nariz con ternura—. No me engañó…, vi la verdad, pero prefería vivir entre tinieblas para no perderla. Y con un hijo, más. Quise que Robin fuera feliz.
Centra su mirada en un punto a lo lejos. Me pregunto si aún la quiere, a pesar de que lo ha negado. Me incomoda que la siga amando, y no sé bien por qué.
Nado un poco sola y Lars sale del agua. Cuando lo veo ir a donde ha dejado la tumbona, casi se me cae la barbilla al fondo de la piscina.
Madre de mi vida. Qué cuerpo. El bañador negro se le ha pegado al trasero.
Y cuando se tira con la toalla en la cara veo la uve de su pecho bajar hasta su…
Joder. Se me seca la boca. Es espléndido.
Y me pilla mirándolo con la boca abierta.
Giro y nado para disimular. Él me miraba también con descaro.
Cierto, pero eso no me relaja. La atracción entre los dos está prohibida. Vetada. Solo complicaría todo.
Por eso, tras darme un largo baño, salgo cuando no hay rastro de él y luego voy a mi cuarto a ducharme y cambiarme. Comer está sobrevalorado. Puedo salir cuando no haya moros en la costa.
Toca a mi puerta a la hora de la comida.
—Te doy diez minutos para salir a comer, o entraré a tu cuarto y te arrastraré afuera.
—Lo mismo estoy desnuda.
—Nueve minutos.
—¡No ha podido pasar ya un minuto!
—Ocho.
—¡Para, Lars! —Abro la puerta y lo veo apoyado en la pared del pasillo, mirándome divertido.
—¿Ibas a salir a comer?
—No, tenía miedo de devorarte a ti con la mirada en vez de la comida —admito muy a mi pesar.
Lars procesa lo que le he dicho. Y yo me arrepiento de esta comodidad que siento a su lado que hace que le diga lo primero que se me pasa por la cabeza sin medir las consecuencias.
—Vamos, anda. No puedes vivir del aire.
—¿No te importa lo que te he confesado?
—No.
—Ah, bien.
—No me importa si solo nos miramos. No va a pasar nada entre los dos por muchas razones…
—Y la más importante: EX DE MI HERMANA .
—Exacto.
Vamos hasta la mesa del salón. Ha puesto el aire acondicionado y se está muy bien en la casa.
Nos ponemos a comer como si nada. Como si no acabara de confesar que lo he devorado con la mirada.
Mi hermana decía que Lars era muy bueno.
Que siempre estaba pendiente de ella, de que comiera, de que no se saltara comidas.
Ella se quejaba de esto, pero decía que, cuando nació Robin, le vino bien que entre él y sus padres se ocuparan del niño.
Lars quería más hijos, ella no. Me parece bien, si a él no le importaba.
—¿Qué te ronda por esa cabecita?
—Lo que mi hermana me contaba de vosotros duele más ahora que te estoy conociendo.
—No fue tu culpa, Mei.
—Lo sé, pero no merecías eso. —Los ojos se me llenan de lágrimas. Atrapa una con sus dedos—. Se me pasará.
—Es cierto que eres muy empática, ¿eh? —Acaricia mi mejilla y luego aparta la mano.
—Mucho. Y tampoco me di cuenta de que mi ex era idiota. —Me río y se ríe conmigo—. Somos lo peor.
—Bueno, ahora, además, podemos ser amigos.
—Amigos, eso me gusta. Nunca he tenido un amigo al que me follaría… ¿Puedes olvidar eso?
—No, me subes la moral. —Sonríe—. Aunque yo no quiero nada de eso con nadie. No quiero pasar por eso nunca más.
Sus palabras me dejan triste, aunque lo puedo entender. Se ha quedado destrozado tras lo de mi hermana. Es triste que siendo tan joven quiera cerrarse a esa posibilidad.
Seguimos comiendo en silencio y al acabar, tras dejarle otro libro, cada uno se marcha a su cuarto. Y, aunque leo sola en mi habitación, no dejo de pensar en él más de lo que debería.
Esta atracción me va a meter en problemas.