Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 8. Lars
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Capítulo 8. Lars

Lars

Entro al bar del pueblo donde Darren y Ehud me esperan. Robin está en casa de sus abuelos para pasar el fin de semana, y Bonnie y Meissa han quedado para cenar y luego venir con nosotros.

Desde que escuchamos ese audiolibro el otro día no nos hemos quedado a solas.

Y mejor. No sé en qué pensaba cuando le sugerí escucharlo juntos.

Estaba ahí, iluminada solo por las luces exteriores, y quise quedarme un poco más.

Pero entonces escuché eso y me di cuenta de que deseaba acercarme a ella y descubrir el sabor de sus labios.

Todo eso estaba mal. Irme a dormir era lo más sensato. Desearla no tiene sentido.

Pido una cerveza y cuando me la sirven me siento con mis amigos.

—Entonces, la cena de la otra noche, bien. —Ehud se ríe—. Me hubiera encantado estar ahí cuando Saril se fue de la lengua.

—Yo di gracias de que conmigo no hubiera querido joderlo —añade Darren.

Al parecer, Saril decidió no abrir su gran bocaza con Darren por si su nieto no hacía nada. No he tenido esa suerte, al parecer.

—No va a pasar nada con mi niñera.

—Ya, eso decía yo de la mejor amiga de mi hijo. —Darren y Ehud, los muy cabrones, chocan sus cervezas—. ¿Y qué estaba escuchando, que cuando te pusiste el auricular pegaste un bote?

—¿Lo viste?

—Todos vimos los auriculares de Meissa. Si ella los necesitaba, no íbamos a decirle nada. Sabes que Max también a veces necesita música para sobrellevar el mundo cuando este lo abruma.

Cierto.

—Estaba escuchando una novela romántica y me lo puse justo cuando el tío estaba metiéndole un pollón del tamaño de una estaca a la mujer —exagero.

Ambos rompen a reír.

—A mi mujer le ha dado ahora por los audiolibros. Le encantan. Le he regalado otro consolador más potente.

—¿Y tener sexo con ella? —pregunto.

—¿Me meto yo con tu decisión de no tener sexo con nadie desde que rompiste con Tara? —apunta Ehud.

—No lo haces, no.

—Pues no te metas —me pica—. A ella le gusta eso, y a nosotros nos va bien.

No puedo quitarle esa parte excitante de su vida como si fuera un inseguro de mierda que necesitara que fueran para mí todos sus orgasmos.

Ella es feliz, yo soy feliz, al resto que no lo entienda que le jodan. Ante todo, ella es mi mejor amiga.

Tiene toda la razón. Cambiamos de tema. Bonnie y Meissa no tardan en llegar.

—Estoy hinchada de pizza. —Bonnie se sienta sobre Darren y este la besa con ternura en el cuello.

Nunca tuve eso con Tara. Esa complicidad. Esa magia. Pero no lo vi hasta que la perdí y pasé el tiempo con esta pareja.

—¿Qué miras? —Meissa está a mi lado y me roba la cerveza—. Sabe a pis. Voy a por dos frescas.

Se aleja y, aunque no quiero, mis ojos vagan por sus piernas y por esa minúscula falda vaquera que lleva, que resalta su trasero respingón. No nos hemos quedado a solas, pero no he dejado de seguirla con la mirada cada vez que la he tenido cerca. Como ahora.

Cuando me giro, mis amigos me miran dejando claro que me han pillado.

—Iros a la mierda.

—En la mierda estás tú por mirar así el culo de la hermana pequeña de tu ex —apunta Ehud, y luego se ríe.

Tyre se acerca a Meissa. Es su primo hermano. Le dice algo y Meissa no le hace ni caso. Al poco se acercan más Landry, entre ellos el capullo que jodió a Max, Aomar. Tyre trata de controlar a los idiotas, pero no lo tiene fácil.

—Vamos, primita —le dice Aomar, ya bastante borracho—, queremos hacer una fiesta en tu honor en nuestro rancho. El mejor rancho del pueblo.

—¿Eso lo dices tú? —intervengo, y me miran—. Lo digo porque todos sabemos que el mejor es el nuestro, pero podéis soñar, eso es gratis.

—Ella es una Landry —dice Tyre—. ¿Acaso no tenemos derecho a hablar con nuestra prima?

Meissa no les hace caso, pero veo como retuerce las manos debajo de la barra. Parece impasible, pero ese signo de debilidad hace que no me separe de ella. Quiero coger su mano, pero eso no sería bueno ahora.

—Habla claro —le exijo a Tyre.

Él mira a Meissa. Le sirven las cervezas y ella se marcha. No le hace ni puto caso.

—Esto no acaba aquí, vamos a ser los mejores en las fiestas y eso hará que nuestro rancho esté por delante del vuestro.

—Lo estamos deseando. Y un consejo, Tyre, si quieres hablar con tu prima, no la acorrales así.

—Mi idea solo era decirle hola, pero el resto se sumaron a la fiesta como idiotas. —Se pasa la mano por el pelo, cansado—. Ya encontraré el momento.

Tyre se marcha. Ahora es él quien lleva el rancho de su familia. Porque es el familiar más directo del anterior dueño: su nieto, de hecho, pero como sus padres no se casaron, no le dio el papel que le correspondía.

Hace lo que puede.

El alcalde, para joder, o para, según él, darles vidilla a las fiestas, desde hace un año entrega el premio de mejor rancho del pueblo al que más venda en las fiestas.

El año pasado ganamos por mucho. Claro que Tyre aun no se hacía con el rancho.

Este año lo tendremos más difícil, porque sabe mucho de esto y han cambiado mucho las cosas allí.

Meissa se remueve inquieta. Sus piernas se mueven, así que pongo mi mano en su rodilla y la acaricio.

Se detiene. Subo la caricia para que se calme mientras nuestros amigos hablan.

Algo debió de pasar con sus primos. No son los mejores, pero su madre era una de ellos.

Sabía por Tara que no se llevaban bien, pero no sé el por qué.

Porque la madre de Meissa vivió en el rancho antes de irse a la ciudad.

Y Meissa, a pesar de todo, lleva el apellido Landry.

—¿Todo bien?

—Ahora mejor —responde sincera, y pone su mano sobre la mía.

Giro mi mano y cojo la suya. Su pequeña mano no debería encajar tan bien entre las mías. Darren propone jugar a los dardos y vamos hasta allí. Tyre se acerca.

—Nosotros contra vosotros.

Miro a Tyre y a Aomar.

—No quiero haceros llorar —respondo.

—Vamos, ahora que mi prima está en tu casa —dice Tyre—, debemos llevarnos bien.

—Ni ella te soporta —suelta Darren.

—Bueno, eso es por culpa de su madre y las tonterías que le metió en la cabeza. Vamos, no seáis cobardes. —Tyre busca los dardos y veo que solo es una forma de acercarse a Meissa.

Miro a Meissa, que nos observa sin perder detalle. Está nerviosa. Estar aquí la agita. Mueve sus manos, inquieta. Y busca algo en su bolso. Unos auriculares, seguro. Cuando los saca, Bonnie la mira atónita y luego coge uno de ellos y se ponen juntas a escuchar algo.

En el mundo de las novelas. Por la cara que pone Bonnie y cómo se sonroja, sé que he acertado. Ahora siento curiosidad por ese audiolibro.

—Podemos pasar de ellos.

—Quiero saber qué traman —respondo a Darren—. Algo maquinan, y son familia de Meissa.

—Lo descubriremos.

Tyre y Aomar empiezan a lanzar. La gente se pone alrededor a ver cómo competimos. Ver a los dueños de los dos ranchos más importantes jugando a los dardos llama la atención, sobre todo porque no nos soportamos.

—¿Eso es todo lo que sabéis hacer? —Aomar se ríe de nosotros, y eso que solo nos gana por uno.

La gente se ríe. Me toca tirar, miro a Meissa y la veo más cerca.

—¿Me dejas tirar? —Tiende la mano. Si perdemos, la victoria es de ellos.

—Eso no vale —protesta Aomar—, una Landry no puede ir con los del rancho Bennet.

Le tiendo los dardos y acaricio su palma.

—Confío en ti para cerrarles la boca —le susurro, y asiente.

Va hasta la línea de salida. Se pone los auriculares tras pulsar algo en el móvil.

Solo ella y su mundo. Mueve el cuerpo. Parece que escucha música.

Tararea una canción y la miro fascinado.

Sonríe. Alza el dardo y, sin dudar, lanza y da en el centro.

Tyre la mira con la boca abierta. Y más cuando hace lo mismo con los otros dos dardos.

—¡No vale! —grita Aomar—. Habéis necesitado a una mujer para ganar.

—Una Landry, además —lo pica Darren, y Aomar se pone rojo de ira.

—¡Quiero la revancha! —exige. Tyre solo la mira sin hacer comentario alguno.

Miro a Meissa, que parece agitada.

—No será esta noche. —Tiro de Meissa hacia la puerta tras hacer una seña a Darren de que me la llevo, y vamos hasta mi camioneta.

Abro la puerta y la hago entrar. Luego hago lo mismo y pongo música. Se quita los auriculares.

—Te debo de parecer idiota.

—No. Max, el hijo de Darren, cuando se agobia se pone los auriculares que lleva en el bolsillo. Es más sensible que el resto de las personas, y eso te abruma en según qué ocasiones.

—Sí, es algo así; tengo demasiado desarrollada la empatía y a veces me siento abrumada. Meterme en mi mundo me permite estar con el resto de las personas sin salir corriendo.

—Nadie te conoce mejor que tú misma.

—Ya, mi ex lo odiaba. Por él hice el esfuerzo de no llevar auriculares cuando quedaba con sus amigos o en el trabajo. Era mi jefe. Como tú, casi.

—No, porque a mí no me importa.

—Eso es cierto.

Nos quedamos en silencio un tramo.

—¿No te llevas bien con los Landry?

—Por lo que he visto, tú tampoco —responde.

—No los soporto, son unos idiotas. Y Aomar se metía con el hijo de Darren en el colegio.

—No los conozco, a pesar de ser mi familia.

Mi abuelo repudió a mi madre cuando se quedó embarazada de un hombre casado.

Sin boda no había nada. Mi padre no se portó mejor en ese momento.

Pero se ocupó de que mi madre tuviera una casa y un trabajo.

Luego, mi madre dijo que ya se hacía cargo ella, cuando yo era un poco más mayor.

Mi padre me pasaba dinero, pero mi madre no quería tocarlo porque lo guardaba para la universidad, por eso me apuntó a aquel concurso de belleza.

Mi padre se lo hubiera dado, estoy segura de ello.

—Sí. Cometió un error, pero tu padre no es mal hombre.

—Lo sé. Y, bueno, mi abuelo intentó hablar conmigo. Su hija estaba vetada, pero yo era una Landry y podía ser su heredera. Su otro hijo murió en un accidente por conducir borracho. Era el padre de Tyre. Y Tyre, como lo llamó mi abuelo, era un bastardo como yo, pero además de eso, un cabrón.

—No aceptaste.

—No. Pero dejó una cláusula en el testamento: si un día yo lo decidía así, todo sería mío; hasta ese día, el Landry más cercano a él se haría con todo. Mi madre dice que fue su forma de pedirle perdón por todo antes de morir. Y, además, de joder a Tyre por algún motivo.

—Entonces, Tyre está nervioso por si quieres reclamar tu herencia.

—Supongo que sí. Pero yo no quiero nada.

—¿No estás aquí por eso?

—No. —Parece sincera—. Estoy aquí porque cuando pensé en huir solo quería estar con Robin.

—Se seca las lágrimas—. Quería que su luz me ayudara.

Quiero a ese niño. Ni pensé en la herencia de mi abuelo.

Aunque sí siento curiosidad por mi familia.

Pero si todos son como ese Aomar, casi mejor me ahorro conocerlos.

—Pero esa cláusula va a seguir ahí.

—Sí. Yo solo quería un verano de paz y meditación.

—Bueno, pues me da que no lo vas a tener fácil. —Se ríe y me pierdo en los matices de su carcajada, sobre todo cuando le salen cerditos. Me río—. Admito algo: nunca creí que una Landry me cayera bien.

—Bueno, es que soy la mejor de todos.

—Eso sin duda. Y Tyre no lo está haciendo mal…

, aunque no sé si me cae bien o no. Fue él quien me avisó de que Tara se había liado con uno de ellos.

Y que hace tiempo se le había insinuado.

Se lleva bien con Bonnie, y creo que esto hizo que se atreviera a contarme la verdad, a pesar de la enemistad.

—Bueno, tal vez no sea tan malo.

—Dale una oportunidad. A Bonnie le cae bien, pero no sabemos por qué.

Llegamos y salimos del coche, dirigiéndonos a la casa. Donde estamos solos. Nos miramos a los ojos siendo de golpe conscientes de que no hay nadie. Salvo nosotros. Mira mi boca y yo la suya. Sus curvas me llaman, y toda ella, como si fuera una llama prendida en medio de la oscuridad.

—Espera aquí. —Va hasta su cuarto y la espero agitado y nervioso.

Parezco un adolescente. No sé qué tiene ella que me hace sentir así. Regresa con un libro.

—¿Para qué quiero esto?

—Por si no puedes dormir… Es de un vaquero liado con su joven niñera.

—¿Ah, sí?

—Sí. —Se alza y me da un beso en la mejilla que me pone a cien—. Gracias por dejarme esa última tirada. Me ha gustado que confiaras en mí. —Sus ojos brillan con intensidad. Sería tan fácil besarla…—. Buenas noches, Lars.

—Buenas noches, Mei.

—Me gusta.

Se aleja y, como un idiota, la sigo. Entra, se gira y me pilla ahí, con su libro y una cara de tonto que seguro delata lo que sea que estoy sintiendo por ella.

No, esto no puede pasar.

Miro el libro y maldigo. Lo que me faltaba: una novela erótica de un tipo con su niñera. Aunque la descarto al principio, luego acabo por empezarla y la veo a ella entre las páginas. En cada una de ellas…, hasta en las que hacen arder.

Tengo un puto problema.

No, impensable, esto no va a pasar; es la hermana de mi ex.