Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 7. Meissa
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Capítulo 7. Meissa

Meissa

Miro por la ventana mientras friego unas cosas y casi ardo instantáneamente. Lars se acerca a la casa montado a caballo. Un caballo precioso, marrón. Lo veo montarlo sintiendo como mis ovarios explotan.

Que mi cliché favorito sea el de cowboys es horrible cuando trabajas para uno.

Lo miro embelesada bajar del caballo, llevarlo hasta una zona con sombra y dejarlo ahí atado mientras lo ve comer la manzana que acaba de darle. El cariño que le tiene al animal es evidente.

Anda hasta la casa y se quita las botas antes de entrar.

—¡Papá!

—Hola, campeón, voy a buscar una cosa al despacho y me marcho otra vez.

Alza la cabeza y me saluda con una dulce sonrisa.

—¿Todo bien?

—Genial.

Intento por todos los medios no devorarlo con la mirada. Por eso me pongo a fregar mientras Robin lo sigue al despacho. Los escucho hablar y cuando Lars se va me dice adiós desde la puerta.

Céntrate, Meissa.

***

—¿Y va todo bien?

Bonnie ha venido a comer. Robin ha comido con nosotras, superfeliz de tenernos a las dos, y luego ha caído rendido. Se está echando la siesta en su cuarto mientras yo preparo una infusión con las hierbas que me ha traído Bonnie. Las cultiva ella. Es un preparado para la digestión.

—Sí —digo tras poner las dos tazas en la mesa del salón—. La verdad es que este lugar es increíble, y estar con Robin me da la vida.

—¿Y con Lars todo bien?

—Bien, sí. Es fácil hacerse a él.

Lo complicado es no devorarlo con la mirada cuando lo tengo delante, o no fantasear con él por las noches.

—Lars es un hombre increíble. Y jodidamente guapo.

Se parece a mi mejor amigo…, bueno, espero que lo siga siendo.

—Bonnie me cuenta la historia de ella con Max.

Había escuchado algo en la cena del otro día, pero ahora todo me cuadra más.

Saca el móvil y me enseña fotos de ella con Max—. ¿A que se parecen?

—Mucho, sí.

—Pero a ti te pone más cierto papá cowboy .

—¡No! —Se ríe. De verdad, la gente de este lugar está medio loca.

—El viernes tenemos que quedar para cenar. Antes salía con tu hermana, aunque nunca estaba cómoda del todo. Elegía mi ropa y luego provocaba a Lars hasta que se metía en peleas.

—Eso me lo contaba.

—Ese matrimonio estaba roto desde hace tiempo.

—Es posible.

Hablamos un poco de todo y me cuenta cosas de su hermana.

La ha visto poco desde que fue elegida Miss USA, y aún menos ahora que va a presentarse a Miss Universo.

La amistad que hay entre las dos es la que siempre he deseado para mí con mi hermana.

Pero Tara siempre me vio como esa hermana pequeña de la que me aprovecho cuando me viene bien.

Duele.

***

Robin hoy se ha dormido antes. Estaba agotado. Esta tarde se lo llevó su padre a montar a caballo. Ha llegado reventado. Cenamos y ahora estoy en el cenador escuchando un audiolibro, oyendo a los grillos y sintiendo mucha paz.

Hasta que el audiolibro se pone caliente y me remuevo en el asiento.

—¿Qué escuchas? —No había oído llegar a Lars. Se sienta a mi lado en el banco del cenador, me quita un auricular y escucha:

«¿Estás mojada? Pienso meter la cabeza entre tus piernas y que me montes la cara».

Lars me mira divertido. Le quito el auricular. Y apago el audiolibro.

—Te juro que los libros que escucho tienen más que sexo.

—Es interesante.

—A mí me gusta.

—¿Por qué?

—¿Que por qué me gusta la erótica en un libro romántico?

—Asiente mientras lo pienso—. Supongo que me gusta que un libro me haga sentir cosas.

Cuando un libro te hace reír, lo recuerdas porque te llenó de felicidad, si te hace llorar, igual.

Pues cuando llega el momento erótico, aunque no quieras, tu cuerpo se calienta, sientes un cosquilleo y es como si fueras la protagonista.

Jadeas, respiras de forma agitada. Aprietas las piernas…

y todo eso hace que te sientas por un segundo como si fueras parte del libro.

Y cuando sucede, la unión que sientes con los protagonistas es mayor, porque has sido parte de ese momento tan íntimo entre ellos.

—Me gusta eso que has dicho.

Coge el auricular.

—¿Esperas que lo ponga?

—Sí.

Madre mía. Esto no está bien, me dice mi parte racional.

—Antes debes saber que él es un cowboy y ella vive bajo su mismo techo.

—Bien. ¿Algo más?

—Nada.

Que se parece a ti, pero eso me lo guardo para mí. Le doy al play y hago la cosa más rara que he hecho en mi vida. Escucho una escena erótica al lado de mi excuñado como si fuera música.

Cuando el prota se pone intenso y se la mete con fuerza, lo miro de soslayo. Gira la cabeza y me pilla. No puedo cortar el contacto visual y este momento me parece casi tan íntimo como la escena que estamos escuchando.

Se da cuenta y, tras dejar el auricular en la mesa, me desea buenas noches y se marcha. Esta complicidad no la he sentido con nadie. Esta conexión de sentirte en paz a la vez que ardes. Y me tiene que pasar con Lars.

Supongo que las personas somos como los libros: no todos nos enamoran, pero cuando uno nos roba el alma, se queda en nuestros recuerdos para siempre.