Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 6. Meissa
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Capítulo 6. Meissa

Meissa

No sé si esta gente es demasiado simpática o está mal de la cabeza. Todos me ofrecen comida y me miran como si fuera algo especial. Luego miran a Lars y alzan las cejas. Este los mira serio y Robin no se entera de nada.

Qué raro es todo esto.

Centro mi atención en la comida mientras Bonnie me cuenta cosas de su vida. Entonces suelta una bomba.

—Mi hermana ha sido Miss USA y ahora se va a presentar a Miss Universo.

La miro perpleja.

—Odio los concursos de belleza —afirmo—. Mi madre me apuntó a uno de pequeña, porque íbamos mal de dinero. —Me remuevo un poco en el asiento—. Pensó que si ganaba podríamos tener un poco de dinero hasta que le saliera otro trabajo. Pero uno y no más.

—¿Ganaste? —pregunta Saril, que está con la oreja puesta.

—Sí, pero mi madre devolvió el premio y el dinero cuando el organizador dijo que viajaría con él y solo con él. Le dijo que se podía meter el premio y el dinero por el culo si pensaba que iba a dejar a su hija sola.

—Tu madre me cae bien —apunta Darren.

—Sí. Ahí conoció a mi padrastro. Dice que se enamoró de esa mujer de armas tomar.

Aunque le costó convencerla de que tuvieran algo.

Era el guarda de seguridad del evento —sigo contando la historia—.

De hecho, eso no sucedió hasta que me fui a la universidad.

Mi madre decía que tenía que dármelo todo y no quería meter a un hombre en casa sin saber si las cosas iban a salir bien o mal.

Creo que lo del concurso la dejó tocada.

Utilizarme porque estaba desesperada, y luego ver lo que me podía haber pasado con un viejo verde, o con varios, porque ese lugar apestaba.

Fue mi padrastro el que le encontró trabajo.

—Entiendo lo que es eso. —Darren mira a Bonnie.

—Bueno, hay miradas salvajes que no se pueden ocultar —apunta Saril—. Yo sabía que estos follarían en cuanto los vi.

—¡Abuela! —Saril se ríe. Luego nos mira a Lars y a mí. No pensará que nosotros…

Su marido le dice que pare. Lars pone los ojos en blanco y yo me siento abrumada. Entro a la cocina a por agua fresca. Cualquier excusa es buena para un momento de paz. No estoy acostumbrada a estar rodeada de tanta gente pendiente de mí. Siempre hemos estado solo mi madre y yo.

—¿Limonada, o algo más fuerte? —Lars se pone a mi lado y saca del mueble de arriba una botella de tequila.

—Oh, sí, por favor, o no sé si aguantaré esta cena tan rara. ¿La mujer de tu abuelo cree que tú y yo…? —Hago señas con los dedos y Lars me mira divertido.

—¿Vamos a hacer ganchillo?

—Vete a la porra, Lars.

—Sí, Meissa, Saril es un poco intensa. Pero no va a pasar nada. Deja que piense lo que quiera.

Me pasa un chupito de tequila y me lo bebo de un trago.

—Nada de nada. Ahora estoy mejor, gracias.

Pienso si volver o irme a mi cuarto a leer. Al final opto por irme a mi cuarto. Sé que al final me acostumbraré a este lugar, pero por hoy he tenido suficiente. Necesito un momento de tranquilidad con mi música.

Lars

—La habéis asustado.

—¿Ves? —dice Saril—. Por eso con este me estuve callada, al margen y eso, para no joderlo.

—Podías haber hecho lo mismo —le dice mi abuelo.

—Ya…, pero me aburrí como una ostra.

Saril es especial; tras sufrir maltrato con su primer marido y callarse por miedo, ahora le cuesta no decir lo que piensa, tras años de opresión.

Escuchamos pasos y Meissa se sienta de nuevo donde estaba. Saril la mira con una sonrisa.

—No pienso decir nada más —afirma.

—Eso no se lo cree nadie ahora —apunta Bonnie—. Son inofensivos. Al final los quieres.

Meissa asiente y me fijo en que ha vuelto, pero lleva los auriculares puestos, ocultos bajo el pelo. Cuando me pilla mirándolos se tapa mejor. Está aquí, pero no escucha una mierda. Solo asiente cuando alguien la mira y cena como si nada, perdida en su mundo. Bueno, al menos está aquí.

Qué chica más peculiar. Y lo peor es que quiero saberlo todo de ella. No puedo dejar de mirarla, por eso, cuando Bonnie le habla, le doy con el pie para que la atienda.

—Podemos ir de fiesta el fin de semana juntas.

—Sin nada de líos raros, por favor —apunta Darren.

—Soy buena, no como la… —Bonnie se calla al ver que Robin está en la mesa—. No como esa mujer que conocimos.

—¿Quién era? —pregunta Robin inocentemente.

—Alguien a quien no conoces.

Robin habla con Meissa y, como no lo escucha, trata de quitarse uno de los auriculares disimuladamente. Se le cae al suelo. Lo cojo y lo guardo. Me lo pongo cuando nadie me mira y pego un bote en la silla por lo que escucho:

«El hombre metió su gran polla dentro de la joven amazona y casi la empaló con ella».

—¡Joder! —digo, y me lo quito como si quemara.

Meissa me mira sonrojada; el resto no tienen ni idea de qué está pasando. Yo pensando que escuchaba música, y se trataba de un audiolibro cachondo. ¡Joder! Esto no lo esperaba y me hace mirarla de forma diferente. De ver ese fuego que parece arder en ella.

Voy a la cocina; ahora quien necesita tequila soy yo.

***

Tras los postres se han ido yendo todos, y al poco de dormirse Robin ya no queda nadie. Meissa no se ha ido a su cuarto, pero tampoco ha hablado mucho.

—Me debes algo. —Se pone a mi lado mientras meto todo en el lavavajillas.

—Es interesante lo que escuchas. —Se sonroja.

—Es una novela romantasy y, aunque hayas escuchado esa parte, también hay amor.

—¿La de que casi la empala? —Bufa—. Ha sido instructivo. Tal vez Tara quería eso, hombres fuertes que la empotraran…

—Ah. Bueno, ella no leía, supongo que no sabe lo que quiere.

—¿Y tú?

—Mi auricular. —Sonríe con picardía.

—En el bolsillo de mi vaquero. Tengo las manos mojadas; si no, te esperas. —Duda, pero mete la mano dentro. Noto sus pequeños dedos tocando mi pierna, hasta que saca el auricular. Estoy ardiendo.

—Me quiero ir a la cama a escuchar un poco más.

Buenas noches. —Empieza a irse—. Y no, no sé lo que quiero, tampoco en la cama o en el amor.

Solo sé que quiero a alguien que me haga sentir.

Si no sientes nada, no ardes. Eso ya lo he aprendido y, para vivir sin chispas, prefiero mis libros o mis audiolibros. Porque con ellos sí ardo.

—Tal vez deberías recomendarme alguno.

—O puedes entrar en mi cuarto y coger uno. Buenas noches.

—Tal vez luego lo haga.

—Dejaré la puerta abierta.

Se marcha y la veo irse. Contoneando sus caderas y tentándome. No lo hace aposta. Lo sé, pero también sé que este juego es peligroso. Y que no debo jugarlo. Termino de recoger y subo a mi cuarto solo.

Bien, todo sigue como debe ser.