Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 5. Lars
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Capítulo 5. Lars

Lars

Darren y Bonnie llegan antes de lo previsto y no tenemos nada preparado. Abro la puerta y Bonnie busca a Meissa. Está en el jardín con Robin, haciendo pompas de jabón mientras yo organizo todo para hacer una barbacoa.

—Fuera —le digo, y Bonnie sale corriendo.

Darren la sigue y los escucho presentarse. Al poco, Darren regresa, se saca una cerveza y me mira de una forma que me pone los pelos de punta.

—¿Qué?

—Lo tienes jodido, no se parece en nada a Tara.

—Me he dado cuenta yo solo.

—Y no parece una niña.

—De eso también.

—¿También de…?

—¡Tu excuñada está buenísima! —esto lo dice Bonnie mientras roba la cerveza a su marido—. Joder, lo tienes jodido. —Se ríe y da saltitos de felicidad, porque yo lo voy a tener de culo para resistirme a esa mujer.

—Sigo pensando igual que antes de volver a verla. Nada de líos con nadie. Y ahora, ayudadme con todo esto.

—Vale, y, por cierto, su coche pierde aceite —añade Bonnie—. Me acerqué para verlo y vi un reguero.

—Mañana lo reviso.

—Arréglalo, es de un rosa precioso.

Sale fuera tras coger algo de beber y una bolsa de patatas. Darren se queda y no deja de mirarme. Estoy tentado de golpearle la cara de idiota que tiene.

—No va a pasar nada de eso que estás pensando.

—¿Yo? —dice de forma inocente—. No estoy pensando nada.

—Te prefería triste y gruñón.

—Ya, claro.

Escuchamos una camioneta que aparca frente a la casa, y mi abuelo y la abuela de Darren salen del coche con varias bandejas de comida.

—Eso es cosa de Bonnie. Este verano lo pasaremos bien, seguro que Bonnie me pone al día de todo lo que pase.

—No va a pasar una mierda —respondo.

—¡Esa boca! —me regaña mi abuelo, que ha entrado en la casa—. Traemos comida. Gracias por invitarnos.

—Yo no os he invitado. —Saril se ríe, sale fuera a conocer a Meissa, y cuando entra me mira como lo ha hecho Darren—. No va a pasar nada —repito.

—Eso no te lo crees ni tú. —Saril se pone a mi lado—. Pero tú mismo. Yo no pienso decir nada. —Hace como que se cierra la boca—. Y ahora, déjame a mí que me ocupe de la cena y tú vete con la chica guapa. Y, por si acaso, compra condones.

—¡Saril! —la regaña su marido.

—Ah, perdón, se me había olvidado que no pensaba decir nada. —Se ríe.

Darren nos mira muy divertido. Demasiado. Y no, no lo prefiero como antes. Me gusta este Darren que disfruta de la vida y no tiene miedo de ser feliz. Aunque sea a mi costa.