Impensable (Amar a un cowboy 2) Capítulo 3. Meissa
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Capítulo 3. Meissa

Meissa

Al despertarme estoy agitada. Nerviosa y desubicada. Pronto recuerdo donde estoy. En casa de Lars, con Robin. Robin.

Salgo corriendo, nerviosa por si se ha despertado y no lo he escuchado. Subo las escaleras agitada. Abro la puerta que evita caídas y salgo al pasillo. El cuarto de Lars se abre y sale este sin camiseta. ¡Sin camiseta!

Juro que intento mirarle a los ojos. Pero no lo logro. Hago un repaso intenso de su cincelado pecho. Madre mía. Está moreno por el sol y marcado por el trabajo duro. Puedo ver la uve perderse entre la goma de su ropa. Cuando al fin llego a sus ojos dorados, me mira preocupado y con cara de sueño.

—¿Todo bien, Meissa?

—Yo… me asusté. —Coge una camiseta y se la pone.

Entra al cuarto de su hijo y me dice que duerme. Luego me tiende un aparato de escucha.

—Está dormido. Ayer estuve arreglando unos aparatos viejos de estos. Tú quédate este, que tiene cámara, y así puedes mirarlo si te asustas y no tienes que subir corriendo.

—Vale.

Lars me mira intentando no bajar la mirada de mi barbilla.

Lo hago yo, y pego un grito al ver que voy en bragas y camiseta de tirantes negra, sin sujetador.

¡Sin sujetador! Los pezones presionan duros contra la tela.

Madre mía. Salgo corriendo sabiendo que me va a ver el culo si mira.

No pasa nada. Llevo más ropa que si estuviera en su piscina.

Todo bien.

Lars

Nada está bien. Todo está mal. ¡Joder! No quería, pero mi mirada ha ido directa a sus preciosas tetas.

Redondas y fruncidas. Ella me ha devorado con la mirada descaradamente hasta que se ha dado cuenta y yo, yo he intentado ser inmune.

No quise mirarla, pero fracasé, y más cuando se giró y vi su redondo trasero.

Voy a ir al puto infierno. ¡Hasta hace poco era mi cuñada!

Recordar que le saco trece años tampoco ayuda a la imagen de ella con tan escasa ropa. Joder. Es preciosa y vive en mi casa, y estará aquí todo el verano. No pasa nada, he decidido que nada de mujeres en mi vida. Eso incluye a Meissa y a cualquiera de ellas.

Preparo algo de desayuno y le dejo a Meissa todo explicado en una libreta con mi móvil anotado al principio.

Le pido que me llame si necesita cualquier cosa.

También le dejo el móvil de Darren, por si no me localiza, y el de Bonnie por si no lo localiza a él.

Luego dudo y le pongo también el de mi abuelo.

Miro la hora y voy tarde. ¡Joder!

***

—Entonces, tu niñera actual es la hermana de Tara. —Le he contado todo a Darren por teléfono.

—Sí, su padre me pidió el favor.

—Bueno, al menos sabes que esa mujer sí quiere a tu hijo y no quiere meterse en tu cama. —Darren sonríe.

—Sí, ambas cosas las tengo claras.

Golpeo la madera, porque estamos arreglando una valla, y de nuevo a mi mente acude la imagen de Meissa medio desnuda.

Tan preciosa y joven…, tan deseable y atractiva.

Solo he estado con una mujer en toda mi vida.

Pero hace años que olvidé lo que era mirar con deseo a Tara.

No sé bien cuándo pasó, si con el paso de los años o la primera vez que tuve que pelearme por ella para que sintiera que la quería.

Solo cuando eso pasaba el sexo era bueno.

O parecía gustarle estar conmigo. El resto de las veces la sentía lejos.

Y el sexo dejó de ser lo más importante para mí en nuestra relación y valoré otras cosas.

Tara solo se esforzaba por el sexo cuando yo sacaba mi lado «malo». Entonces decía que esa parte de mí le gustaba, y yo, por complacerla, me dejaba llevar. Pero esa persona no era yo. Odiaba meterme en peleas, pero para que nadie le hiciera daño lo hacía. Como un gilipollas.

—¿Qué piensas? Tienes esa mirada de «algo va como el culo».

—Mi vida desde que Tara me dejó.

—No, tu vida ya iba mal antes —me pica.

—Habla el experto en amor. ¿Cuándo te vas a casar con tu chica, por cierto?

—Cuando Max y Gretel encuentren tiempo para venir al rancho.

—Entonces será nunca. —Se ríe.

—Sabes que ya estamos casados, pero no lo haremos oficial hasta que celebremos una gran fiesta.

Darren, Bonnie, Ehud y yo nos fuimos a Las Vegas unos días para celebrar una boda exprés. La mujer de Ehud estaba muy ocupada. Siempre está ocupada. No sé cómo Ehud se conforma con eso. Aunque yo hacía lo mismo. Me conformé porque no me paré a pensar si necesitaba algo más.

—Sí, eso lo sé.

—¿Y cómo es tu cuñada? Desde tu boda no la he visto y ni me acuerdo de ella. Ese día me pasé el rato detrás de Max para que no se estropeara la ropa y no comiera dulces de más. Y ellos dos no pararon de meterse en problemas cuando los perdía de vista.

—Pues yo tampoco la recordaba, pero ha crecido. —Se ríe.

Es bueno verlo sonreír. O reírse, o simplemente ser feliz.

Darren es uno de los mejores tíos que conozco.

Tuvo una infancia de mierda y luego creció demasiado rápido.

Hasta que conoció a Bonnie no se paró a pensar que tal vez la vida tuviera algo más para él y que se merecía ser feliz.

Desde que está con ella, siempre anda con una sonrisa en la cara.

—Normal que haya crecido. ¿Es de la edad de Bonnie?

—Un poco más joven, veintiséis.

—Solo un año… Cuando Bonnie se entere, se va a volver loca e irá a verla para hacerla su amiga.

—Eso seguro. Además, las dos tienen coches rosas.

—¡No jodas! —Asiento—. Entonces lo tienes jodido.

—Solo va a ser mi niñera.

—Bueno, iremos esta noche a cenar. Hace tiempo que no veo a mi sobrino.

—Solo hace un día.

—Por eso, mucho tiempo. Haremos algo para el postre.

—Eres un cotilla, Darren, se te está pegando la vena de tu abuela. —Se ríe de nuevo, y luego se marcha y me deja a mí solo con la reparación. Seguro que ha ido a buscar a Bonnie a la zona ecológica para contarle todo.

Que vengan, no van a ver nada raro.