CAPÍTULO 7 #2
—No exactamente. —Le pareció que había una nota de risa en la voz de Edward.
Decidida a ahuyentar la extraña inquietud que se había apoderado de su ser, se giró hacia él y buscó la explicación en sus ojos.
No solo no se disipó, sino que algo se retorció en su interior al verle humedecerse el labio antes de contestar—.
Digamos que la principal motivación de Varney es beber sangre del cuello de sus víctimas...
, pero supongo que, al estar escrito como un ser digno de redención, a la vez entran en juego sus...
debilidades y aspiraciones humanas, por expresarlo de algún modo decente.
Lenore dejó caer el brazo que sujetaba la ilustración.
—¿Qué quieres decir? ¿Que hay un ápice de humanidad en él?
Él la miró largamente con una ligera tensión en los hombros. Creyó poder disolverla guardándose las manos en los bolsillos del chaleco.
—Ha de haberla —acabó diciendo después de tragar saliva—, porque percibir a las mujeres como fuente de alimentación no le exime de anhelarlas como cualquier otro hombre.
—¿Las corteja antes de asesinarlas?
Las comisuras de sus labios temblaron para no ceder a una sonrisa divertida con su inocencia.
—En los relatos se trasluce una cierta ambigüedad erótica.
Sus víctimas son objeto de seducción —corrigió con suavidad—, no de cortejo.
Si prestas atención al grabado de esa entrega concreta, un retrato de Varney cuelga de la pared del dormitorio y ella estaba durmiendo allí en el momento del ataque.
Parece que consintió una cita clandestina, y dudo que lo hiciera a sabiendas de que la esperaba la muerte.
Lenore desvió la mirada al texto que no recordaba haber seguido sosteniendo. Había perdido toda sensibilidad en las yemas de los dedos; no sentía que sus brazos estuviesen activos, tan solo que le colgaban de los hombros.
Echó una ojeada al contenido para huir de la mirada ávida de Edward.
—«Su cuello y su pecho son tan hermosos que parecen hechos por algún genio de la escultura.
En su adormecimiento, mueve los labios ligeramente como si estuviera recitando una plegaria a Aquel que vino al mundo a sufrir por todos nosotros» —leyó en voz alta, y acto seguido pagó con Edward su agitación—.
No percibo ambigüedad erótica alguna en este fragmento.
Hay una mención al busto de una dama, pero nada más.
—¿Me estás pidiendo que te explique por qué le resultaría sugerente a un caballero concebir en su imaginación a una hermosa joven tendida sobre el lecho?
—No puede ser tan sencillo despertar los instintos de un hombre —repuso ella, contrariada—. Y menos aún los instintos de una criatura sobrenatural con los mismos años que el mundo, que se habrá hartado de asistir a espectáculos similares a lo largo de su existencia.
—La novedad no es lo único capaz de atraer y postrar al género masculino, conocido por sus inexplicables pulsiones...
y a la verdadera belleza uno nunca se acostumbra, Noor.
Pero atendiendo a la descripción que se brinda del protagonista, dudo que a esa criatura sobrenatural con los mismos años que el mundo se le ofreciera a menudo una bella muchacha.
Más razón tendría Varney para perder el juicio ante la visión en teoría inocente de una joven que un simple mortal.
Lenore buscó precipitadamente entre las líneas los adjetivos que abarcarían al vampiro, pero terminó prestando atención a otro fragmento.
—«Las ropas de la cama cayeron y ella fue arrastrada mientras en sus bellos labios aparecía el rictus de la agonía.
Los metálicos y terroríficos ojos de la figura miraban aquel angélico cuerpo con demoníaca satisfacción.
Arrastró su cabeza hasta el borde de la cama, la dobló hacia atrás y, hundiendo sus afilados dientes en su blanco cuello, chupó su sangre...
» —Su voz se extinguió tras concluir el relato.
Habría arrugado el penny dreadful si no hubiese recordado a tiempo que no era de su propiedad.
En su lugar atacó a Edward con la respiración entrecortada—.
¿Esto es lo que encontraban erótico los lectores de la década de los cuarenta?
¿La muerte sangrienta de una pobre muchacha?
No veo sensualidad o seducción aquí, sino simple y llana violencia.
Ni una conversación inteligente, ni una advertencia, ni un intento por mostrarse caballeroso...
Esto no es lo que yo estaba buscando —acabó mascullando, frustrada.
El vampiro Varney no guardaba similitud alguna con el vampiro con el que ella había tratado, si es que la criatura podía denominarse vampiro y no pertenecía a otra especie sobrenatural.
Al principio Edward la había mirado con una ligera confusión. Lenore deseó que por nada del mundo le preguntara qué había esperado encontrar, pero cuando él volvió a hablar descubrió que habría preferido que indagara en sus propósitos ocultos.