Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 41. Dakota
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Capítulo 41. Dakota

Dakota

Me preparo con las chicas, en casa de Meissa, para la verbena junto al fuego con música country . Llevo un vestido azul con topos y he decorado mis muletas. Max nos lleva a todas en su camioneta, pero sé que solo es una excusa para que yo no me canse.

Al llegar busco a Tyre, y cuando me ve se me acerca.

Va muy guapo, con ropa oscura y un sombrero negro de cowboy , como casi todos por aquí. Al acercarse se lo quita y me besa pasando sus manos por mi cintura.

—No creo que pueda moverme mucho, pero quiero bailar.

—Te reservaré todos los bailes.

Me coge en brazos para llevarme adonde están nuestros amigos. Me río y no protesto. Solo quiere cuidar de mí, y me encanta cuidar de él y que él haga lo mismo.

Esta tarde pasé mucho miedo. Aomar sabía que de todas formas acabaría en la cárcel.

Cuando lo vi sentí lástima y miedo. Porque quería destrozar a Tyre.

Darle una paliza a muerte. Cuando alguien no tiene nada que perder, ya no respeta nada.

Cuando Tyre se retiró respiré tranquila.

Hasta que vi cómo lo provocaba, y Tyre le pegó y él sacó esa navaja para hacerle daño.

Max saltó como una fiera sobre aquel compañero de clase que le hizo la vida imposible, cerrando así una etapa para siempre.

Demostrando que de ese crío no queda nada, y protegiendo a su amigo antes de que perdiera los papeles.

Luego Tyre me contó que le había confesado que el incendio lo provocó él. Joder, si Max no llega a intervenir, la cosa no hubiera acabado bien. Sé que Tyre se hubiera detenido, pero quizás tarde, o herido de muerte, porque Aomar no tenía ya nada que perder.

Mejor así.

La violencia solo trae más violencia.

Tyre está relajado. Feliz. Y veo como la gente del rancho se le acerca para decirle cosas. Esta es su familia y ahora también la mía.

Pienso llevar a los jinetes de nuestro rancho a lo más alto y este sueño lo pienso cumplir.

Tyre me coge en brazos cuando tocan una canción lenta para bailar cerca de la hoguera, bajo las luces.

—Estamos llamando la atención.

—¿Te importa?

—La verdad es que no. —Paso los brazos por su cuello mientras él gira conmigo entre los suyos.

Me río feliz y enamorada de este hombre, con la pierna estirada y tratando de que no se me vea nada.

La felicidad no tiene precio y no depende de que tú seas perfecto o no. Está ahí, para que la acaricies, la mimes y la hagas tuya.

***

A Tyre le han dado el aviso de que una de las yeguas descendientes de las que fueron de su bisabuela se ha puesto de parto y está siendo complicado. Hemos venido a ver cómo ayudar. Tyre entra con Damian. Lleva ayudando en partos desde que no era más que un crío.

Damian le dice lo que tiene que hacer y entre los dos consiguen sacar al potrillo.

Lo miro. Tiene el pelo cobrizo, como el mío. Algo se rompe dentro de mí cuando nuestras miradas se cruzan. Damian lo examina y le preocupa una de sus patas. Al sacarlo se ha lesionado y le tiene que poner una férula.

Cuando se levanta, le cuesta, y se lo llevan para hacerle más pruebas.

—Tyre…

—Va a estar bien. —Me besa tiernamente—. Ve a casa. Te informaré de todo.

No discuto, porque me duele la rodilla y él tiene que quedarse atendiendo a la madre.

Salgo y veo cerca a Lars, que ha venido a ver cómo va todo. Se lo cuento mientras me lleva a casa.

—Ahora regresaré para ayudar a Tyre.

—Ese potrillo… parecía tan débil, y tenía la pata mal.

—¿Acaso eso te hace a ti más débil?

—No.

—Pues ten fe, saldrá adelante.

Lars no se marcha hasta que estoy instalada dentro. Tyre no regresa en toda la noche y cuando voy con su madre a buscarlo, está en el veterinario con el potrillo. Lo veo acariciarlo con cariño.

—¿Se pondrá bien?

—Sí, al final no hay que operarlo. En poco tiempo estará perfecto.

Me hace un gesto para que vaya hasta él. Acaricio al animal y siento una conexión especial. Apoyo mi frente en la suya. Tyre me acaricia la espalda.

—Puedes ponerle nombre —me susurra.

—Imbatible, como yo.

—Me encanta, y será un ganador de carreras.

No tengo dudas, pienso dejarme la piel para que lo sea.

—Te amo —me dice Tyre sin venir a cuento cuando lo miro.

—Te amo.

Nos besamos mientras este potrillo que acaba de nacer es testigo de que el amor no tiene momentos, lo importante es hacer de cada instante tu momento perfecto para ser feliz.

La perfección no existe; ahora sé que buscarla solo te lleva a no alcanzar nunca la felicidad y no poder vivir con todo el brillo que siempre tuviste.