Epílogo. Dakota
Epílogo
Dakota
Le cuento todo a Gretel. Hoy podía recibir visitas y me vine con Bonnie.
Gretel está en un complejo para jóvenes con problemas.
Sobre todo con trastornos alimenticios. Tiene una cabaña para ella sola y cerca hay un lago precioso.
Puede quedarse aquí porque va bien y no ha tenido recaídas.
Previamente estuvo vigilada, para que no intentara de nuevo provocarse el vómito.
—En este lugar se respira mucha paz.
—Sí, la verdad. —Parece tranquila, demasiado para lo que es ella.
No sabemos cómo la cambiará este lugar, o lo vivido. Al final, todo lo que nos pasa nos cambia.
—Ponme al día de todo y no te dejes nada.
—Se lo cuento y me mira impresionada. No le dejan el móvil, porque el uso de las redes la afectaba.
Se lo devolverán cuando supere eso—. Bueno, Max va a volver.
Aunque yo no sé cuándo lo haré. Voy a empezar a estudiar Veterinaria a distancia aquí, y luego en la universidad.
Quiero hacer cosas normales, lejos de concursos de belleza y redes.
—Sonríe—. Me quiero especializar en veterinaria equina.
—Seguro que eres la mejor, y ahora que van a ampliar todo en el rancho de Tyre…
—Tu rancho. —Me río.
—Sí, vamos a traer un equipo para atender a los caballos, entre ellos, veterinarios especializados. Así que, cuando estés lista, allí tendrás tu lugar.
—Sí. No tengo prisa. Quiero estar bien.
Se seca una lágrima y la abrazo.
—Vas a estarlo. Eres fuerte.
—Ahora no me siento fuerte.
—Es parte del proceso de curación. Yo he aceptado que soy la coja más sexi del rancho Landry. —Se ríe—. Ya ni me doy cuenta cuando me miran. Ya no me importa.
—Porque has aceptado que eso no es lo que más destaca de ti.
—No, no lo es. Soy muchas cosas más.
Bonnie entra. Ya le han pasado el informe de cómo va todo. Hablamos con su hermana hasta que se acaba el horario de visitas. Despedirnos de Gretel cuesta. Por eso, cuando Bonnie detiene el coche en el área de servicio, la entiendo. La abrazo y lloramos juntas.
—Poco a poco —le digo, y asiente.
—Sí, ella es fuerte. Tiene que dar mucha guerra.
—Mucha.
—No me gusta verla así…, tan falta de vida.
—Está muy medicada. Deja que pase el tiempo.
—Sí. Gracias por acompañarme.
—Es mi amiga, y tú también. Ahora somos familia elegida.
—Eso sin duda.
Vamos hasta el rancho de los Landry y cuando llegamos no me sorprende ver a todos en la casa grande para recibirnos y tener noticias de Gretel. No solo están nuestros amigos, también hay mucha gente de los dos ranchos que quieren saber cómo va.
De niña nunca vi esto aquí y me gusta, y esto lo han logrado Meissa y Tyre.
Tyre me mira y sonrío feliz.
No puedo amar más a este hombre que nació para ser un líder y luchar por este lugar donde brillaban nuestros recuerdos más bonitos.
Ahora lo llenaremos de cientos de ellos.
Estoy lista.
Para cabalgar la vida. La carrera más importante de todas.
Tyre
Estoy nervioso, aterrado, y no puedo dejar de moverme. Creo que voy a dejar marcas en el suelo. Mi prima está de parto y yo no me puedo quedar quieto.
Dakota me mira divertida.
—Cuando me quede embarazada, haces el agujero del todo —bromea.
—Entonces estaré dentro, contigo. No pienso soportar esta espera más. —Se ríe y voy hasta ella para besarla.
Nos casamos antes de Navidad. Una boda con amigos y la gente del rancho. Lo celebramos con todos. Fue un día muy feliz. Aunque me hubiera dado igual una boda más íntima. Solo quería estar con ella, de la forma que fuera.
Cuando la vi aparecer de blanco, con flores en el pelo, me enamoré de ella de nuevo. Eso me pasa cada amanecer que la veo. Como si cada día la amara más.
—Todo va a ir bien.
Darren no está menos tenso que yo. Y Bonnie le da en la pierna para que deje de moverla.
Todos queremos a Meissa y necesitamos saber que todo va bien.
Max no ha podido venir, porque está lejos estudiando, y Gretel también está estudiando aún en el centro.
No se siente lista para ir a la universidad, pero pronto le tocará volar sola y ser fuerte.
Lars entra y está llorando.
—Todo va bien —dice el médico tras él—. Este no ha parado de llorar al ver a su hija.
—Es tan pequeña. Tan indefensa.
—De eso nada —dice el médico—. Y menudos pulmones tiene. Ha llorado bien fuerte cuando la apartamos de su madre para limpiarla.
—Entonces es como mi hija. —El padre de Meissa sonríe orgulloso y emocionado.
—Va a ser una nieta increíble. —La madre de Meissa se limpia las lágrimas.
Cuando nos dejan verla a través de un cristal me enamoro de esa niña sonrojada de pelo negro.
—La quiero tanto —le digo a Dakota.
—Qué peligro va a tener, con tantos tíos que la vais a malcriar. —Bonnie asiente viendo como a Darren se la cae la baba por la pequeña.
***
Y no se equivocaba. Durante su primer año, la pequeña Elaine fue el juguete de todos.
Al poco llegó la primera hija de Bonnie y Darren, Elara, y Darren casi destrozó el hospital de los nervios.
El parto se complicó y lo echaron del paritorio.
Menos mal que Max estaba ahí para controlarlo.
Al final solo fue un susto, pero han jurado no tener más hijos.
Tanto Bonnie como Darren se quedaron muy tocados con la experiencia.
La verdad es que todos lo pasamos mal. Por eso hoy estoy tan aterrado.
Dakota, mi Dakota, el amor de mi vida, ha roto aguas. Y mientras preparo todo para ir al hospital no doy pie con bola. Si le pasa algo, me muero.
Estoy tan nervioso que pongo la camioneta en marcha sin ella dentro. Hasta que me doy cuenta de que está en la entrada de nuestra casa, muerta de la risa.
—Voy a morir de un infarto.
—Anda, yo conduzco.
Max se acerca y me quita las llaves. Ya ha regresado, se está haciendo cargo de los entrenamientos y es muy bueno; entre él y Dakota están formando un equipo de ganadores.
Hemos ganado varias carreras, y las que vendrán.
—Sí, mejor. —Me pongo atrás en el coche de Max, sujetando la mano de Dakota.
—Estoy bien —me dice—. Y nuestro hijo está bien colocado. Todo va a ir bien.
—¿Lo notas moverse?
—Sí, está vivo.
No digo nada, porque hasta que no lleguemos y los vea a los dos bien no podré respirar tranquilo. Al llegar, mi madre, que no sé de dónde ha salido, me sirve una tila.
—Todo irá bien. Es un Landry. Sois duros como piedras.
—¿Ahora sí somos duros? —Se ríe.
Entro con Dakota y nos preparan para el parto. Un parto que dura horas. Dakota se pasea mientras el bebé se coloca.
—No tiene prisa por nacer —comento.
—Se hace de rogar —sonríe—. ¿Sabes que todo va a cambiar? Nosotros vamos a cambiar cuando nazca…
—No me importa, amaré cada parte de ti. Te amaré como madre de ese niño también.
Se agita y miro cuánto hace de la última contracción. Cuando veo que hace poco, llamo para que nos lleven al paritorio. No dejo de sujetar la mano de Dakota hasta que ponen al pequeño Tyler sobre ella. Queríamos un nombre parecido al mío, pero no igual.
—Mi pequeño Ty —dice acariciando su pelo cobrizo—. Es tan bonito.
Me gusta que diga eso mirando a su hijo con ese pelo cobrizo, que haya dejado el pasado atrás, porque ella siempre fue la mujer más hermosa de todo mi rancho. Y del mundo.
No digo nada, solo los miro. A los dos juntos. A mi familia.
Tengo una familia. Una grande.
Los acaricio y la beso con ternura.
—Gracias —le digo—. Por darme un pedacito de ti mezclado con un todo de mí.
Sonríe enamorada. Nunca he conocido felicidad más grande.
***
—¿Problemas? —Veo a Max agitado.
—¿Qué probabilidades había de que en plenas competiciones se pusieran todos nuestros buenos jinetes malos del estómago?
—Hay cosas que tu mente brillante no puede calcular. —Me mira enfadado—. Lo resolveréis.
—Tengo la solución. —Dakota se acerca y nos mira risueña—. Probemos con los más jóvenes, carrera de prueba. Si lo hacen bien, eso que nos llevamos, y si no…, bueno, mejor eso que nada.
—No están listos. —Max se pasa la mano por el pelo rubio.
—De vez en cuando está bien relajarse —lo pico.
—Qué gracioso.
Max se toma esto muy en serio. Su nueva casa está cerca de la nuestra y de la antigua cabaña de Dakota, que hemos reconstruido. Nadie vive en ella y sé que Dakota la está dejando libre para Gretel.
Max pasa mucho tiempo en mi casa, hablando de las carreras con Dakota.
A ella le vino bien cuando dio a luz, porque necesitaba sentirse algo más que madre.
Pasaba muchas horas con el pequeño y le hacía falta despejar la cabeza.
Por eso acordamos que por las tardes ella y Max se reunieran para hablar de trabajo mientras yo me quedaba a cargo del pequeño.
Solo tiene unos meses y ya me ha robado el corazón.
—¡Ha vuelto! —Meissa entra gritando y hace un baile, su hija de cuatro años la imita, y las dos parecen dos locas bailando.
Las miro enamorado.
—¿Quién ha vuelto? —pregunto, mientras Dakota y Max discuten sobre las carreras.
—Gretel. —Entonces Max sí le hace caso.
Por lo que sé, no se han visto en todos estos años. Gretel ha necesitado más tiempo para curarse y acabar la carrera.
—¿Va a hacer las prácticas aquí? —pregunta Max.
—Sí, y se va quedar en la cabaña cerca de la casa de Max —nos dice Meissa—. Le pilla mejor para estar cerca de los caballos y la clínica veterinaria equina—. ¡Vamos! Está en el rancho Bennet.
Max no se viene. Dice que tiene que arreglar el problema de los jinetes. Me encanta que se tome tan en serio el trabajo, pero, o baja el ritmo, o va a tener un problema; no sabe tomarse las cosas a medias. Y su padre está preocupado.
Le gusta tenerlo aquí, pero no que toda su vida sea esto.
Bueno, Gretel decía que iba a ser su esposo. Tal vez haya venido para poner patas arriba el mundo de Max. Joder, no me lo quiero perder.
—¿Por qué sonríes? —me dice Dakota—. ¿Tú también estás pensando en Max y Gretel?
—Sí.
—Y yo. Estoy deseando ver como Gretel la lía por aquí, por eso siempre dejé libre esa cabaña para ella y la he decorado como a ella le gustaría. —Meissa se ríe al escucharla y su hija la imita.
—Tenemos que dejar que todo siga su curso —les digo a las dos—. Sois todos unos liantes.
Asienten, pero no me las creo. Solo espero que Gretel y Max estén preparados para lo que se les viene encima.
***
—¿Bailamos? —Le tiendo una mano a Dakota tras poner música.
Está en nuestro cuarto mientras el pequeño duerme. Acepta mi mano y bailamos juntos. Gira y gira y cae en mi pecho.
—Eres preciosa —le digo acariciando su mejilla—. Te amo.
—¿Aunque a veces el estrés me haga parecer un ogro?
—Entonces te amo más, porque es cuando más me necesitas. —Sus ojos se llenan de lágrimas y la beso.
Seguimos bailando, felices y enamorados. Y pienso enamorarme cada día más y más de ella, para que nuestro amor sea eterno, igual que nuestro legado.
Porque nuestro amor siempre fue imbatible.