Capítulo 40. Tyre
Tyre
El rancho está lleno de gente para las fiestas.
Aunque he entrenado con los chicos, estoy nervioso, porque no sé si cuando tenga a Aomar delante podré controlarme.
No dejo de imaginar a Dakota indefensa mientras él la golpeaba.
Hoy hemos ido a presentar la denuncia y escucharla contar lo que pasó me ha puesto los pelos de punta. Mis ganas de destrozarlo son grandes.
La policía estará esta noche en los combates. De Aomar no se sabe nada. Después de que se corriera la voz de que había dado una paliza a Dakota, cosa que hice a propósito, fue despedido y la gente del pueblo lo repudió. Que se joda.
Pero se presentará, quiere desquitarse conmigo. Demostrarme que es mejor, que todo esto debió ser suyo.
Reviso todo y Dakota me manda un mensaje a media tarde. Es una foto. De nuestro banco. Por lo que sé, no había vuelto a ese lugar desde que regresó. Subo a mi caballo y voy hasta allí.
Al llegar, se gira y me sonríe. Lleva un vestido amarillo de florecillas y el pelo suelto. Por las noches estamos juntos. Pero por el día la sigo evitando. Tengo miedo de estropearlo todo.
De que se marche.
Me hace señas para que me siente a su lado y eso hago. Busca mi mano y la acaricia.
—Me ha costado volver a este lugar.
—¿Por qué?
—Porque todo lo que pasó aquí fue muy bonito. No quería estropear esos recuerdos con otros nuevos que no estuvieran a la altura.
No digo nada, porque la entiendo.
Deja en mi rodilla una caja cuadrada de terciopelo. La abro y veo un anillo precioso con un diamante pequeño. Justo lo que a ella le gusta.
—Lo he comprado con tu dinero. Con la tarjeta que me diste para que siguiera comprando cosas para nuestra casa.
—¿Y qué esperas que haga con esto?
—Que me lo pongas en el dedo, por supuesto. —Me río, no puedo evitarlo.
—Estás loca.
—Aquella chica que era hace años nunca hubiera hecho algo así, pero ya no soy esa chica. Esta de ahora quiere ser tu mujer y no piensa esperar a que dejes de ser un cabezón y encuentres el momento perfecto para darte cuenta de que te amo. Te amaré toda la vida y siempre estaré a tu lado.
La miro. No puedo hacer otra cosa. Está preciosa. Sonriente y feliz. No hay dudas en sus ojos. Quiere esto. Quiere ser parte de mí.
Ella dio un salto de fe al contarme lo de Aomar; yo tengo que dar otro al creer que esto es para siempre.
Tomo el anillo y me arrodillo, luego cojo su su mano y la miro. Solo sonríe.
—Te quiero, Dakota. Hoy, mañana y eternamente.
Cuando la vuelvo a mirar tiene los ojos llenos de lágrimas. Cojo su cara entre mis manos y la beso. Es un beso cargado de promesas y de amor. Tengo miedo a perderla, pero tengo que ser fuerte como ella y luchar contra mis miedos.
—Me ha encantado tu pedida de matrimonio —me dice descarada—. No me la esperaba para nada. —Me río—. ¿Tienes miedo al combate de esta noche?
—No, porque yo tengo muchas cosas por las que luchar, por las que detenerme y hacerlo bien. —Acaricio su mano, donde brilla el anillo lleno de promesas—. No tengo miedo y, en realidad, mi primo me da pena, nunca será feliz.
—Eso sin duda. Ya nadie puede salvarlo. Es hora de que tú tampoco.
***
—Entonces estás prometido, primito. —Meissa entra donde me estoy preparando para los combates.
Dakota está en una zona de las gradas donde puede tener la pierna estirada. La nueva zona vip para los dueños. Nueva este año para mi chica, su rodilla y nuestros amigos.
Mi chica. Joder. Nos hemos prometido. Sonrío al recordar cómo me ha cogido por banda para no dejarme escapar y que deje de dar vueltas a algo que me moría por hacer.
—Eso parece.
—Me alegro mucho por ti. Te la mereces, te mereces todo lo bueno que te pase, Tyre.
—Sí.
Poco a poco dejo ir los malos pensamientos y mi pasado de mierda, y me centro en todo lo bueno que sí tuve. Una madre que luchó por mí y una historia de amor preciosa, con sus más y sus menos, pero eterna.
No todo fue malo.
Ya no me siento perdido.
—¿Estás listo para enfrentarte a Aomar?
—Sí. ¿Lo has visto? —Asiente.
—No me gusta, Tyre, quiere hacerte daño. Como si supiera que su destino está escrito, pero ahora quiere joderte a ti. ¿Y si te olvidas de la venganza? Tengo un mal presentimiento. Ya va a pagar en la cárcel.
—Sé lo que tengo que hacer.
—Te necesito fuerte para llevar el rancho, ahora que yo estoy de baja. Aomar lo sabe. Si tú caes, todo será más complicado. Él va a ir a muerte.
—Lo sé.
Meissa va a decir algo, pero Max entra para avisarnos de que va a empezar el primer combate.
Mi prima me da un abrazo fuerte. Cuando salgo, Darren y Lars me dicen con quién me enfrento. Max me dice que ha estudiado sus puntos débiles cuando lo veía entrenar y que tiene el lado derecho jodido. Si voy por ese lado, le ganaré pronto.
Y así es: cuando presiono las partes que tiene lastimadas, cae al barro. Ha sido fácil y la gente grita emocionada ante el primer combate.
Cuando le toca pelear a Aomar, lo hace demostrando lo cerdo que es. Le sacan una tarjeta amarilla; si recibe otra, está eliminado. El público le grita. Y eso hace que se venga arriba.
Miro hacia donde está Dakota y sé que me pide calma con la mirada. Voy a verla antes del siguiente combate.
—A mí no me afecta si a ti tampoco —me dice. Cojo su mano y busco su consuelo—. Somos felices, Tyre, tal vez él nunca lo sea. Meissa tiene un mal presentimiento…
—Ya me lo ha dicho. Confía en mí.
—Lo hago.
La beso y regreso para el siguiente combate.
Max me informa de los puntos débiles de mi contrincante.
Me encanta hablar con él. En estos días que se ha quedado por el rancho hemos descubierto que tenemos muchas cosas en común.
Me va a gustar tenerlo cerca cuando regrese.
Porque ahora sí sé que va a volver. Cuando lo veo con su padre y con Bonnie advierto que ya no hay rencor, y cuando pasea por el rancho se siente en casa.
Los combates pasan rápido. Para el último, Dakota me espera donde me preparo. Lleva las muletas. Voy hasta ella y la abrazo.
—No necesito que te vengues. —Acaricio su pelo—. Solo te necesito a ti.
—Lo sé, cariño. —Apoyo mi frente en la suya—. No tengas miedo. Nunca haré nada que te pueda lastimar.
Asiente y se alza para besarme.
Yo lo tengo todo, todo lo que siempre soñé. Aomar solo es un pobre desgraciado que nunca será feliz, porque cuando vives cegado por el odio no avanzas.
Y si tengo dudas, cuando me pongo ante él lo veo claro. Va a muerte. Quiere destruirme. Quiere hacerme daño. Morir matando. Joderme como lo hizo con ella.
Dios, quiero destrozarlo.
Pero no a cambio de perderlo todo. Este rancho me necesita. Mi chica me necesita. Y no pienso jugarme el tipo con un desgraciado.
—Me retiro.
—¿Cómo? —Mi primo me mira con los ojos inyectados en sangre—. ¡No puedes retirarte! ¡Esta es mi venganza! ¿Acaso no te importa lo que le hice a tu prometida? ¿Ahora te vas a casar con una puta coja?
Tomo aire, solo me quiere provocar. Lastimar, joder…
—Si solo ves eso de la mujer más increíble que he conocido en mi vida, es que no eres capaz de ver la verdad que tienes ante ti y necesitas los defectos de otros para no morirte en tu propia mierda.
Respira agitado.
—Ojalá ella hubiera muerto en ese puto incendio. —Lo miro y me acerco a él—. Eso sí te interesa, ¿eh? —lo dice bajo—. Ese capullo lo empezó, pero se apagó. Se desmayó y yo vi mi oportunidad de hacerte una novia a la barbacoa.
No puedo evitarlo y lo golpeo. Se ríe feliz, porque ya tiene lo que quiere. Entonces lo veo sacar una navaja del bolsillo. Lo esquivo por poco. El jodido quería ir a muerte de verdad.
Viene a por mí, pero Max se abalanza sobre él y lo tumba en el suelo, inutilizando la mano donde lleva el arma. No sé de dónde mierda ha sacado unas esposas, pero se las pone ante la mirada atónita de mi primo.
—¡Qué coño haces, Maximilian! ¿Ahora te ponen los hombres y quieres metérmela por el culo?
—Yo solo le he pedido permiso a la policía para hacer esto. Ellos te leerán tus derechos.
La policía se acerca y mi primo empieza a gritar que es inocente.
—Ha confesado que lo del incendio fue cosa suya. ¿Intento de asesinato, no? Y ha intentado atacarme con una navaja. Eso tampoco creo que sea muy legal.
Aomar me mira, enfermo de odio. Se lo llevan y no deja de gritar que nos vamos a arruinar, que los Landry no han nacido para ser felices. Grita como un loco, porque sabe que su libertad se ha acabado.
—Joder, no sabía que eras tan rápido. —Max se ríe—. Gracias, no sé si hubiera podido contenerme al verlo atentar contra mi vida.
—Lo sé. Por eso tuve que hacerlo. Somos amigos, ¿no?
—Eso parece. Ahora tengo un amigo intelectual. Quién me lo iba a decir.
Se ríe.
—Bueno, y me vas a vender una parcela de tu rancho para construir mi casa. Me lo debes por salvarte el culo. —Sonríe y se marcha.
Se la hubiera vendido igual. Quién lo diría, un Bennet que quiere vivir en el rancho Landry. Todo está cambiando. Algunas personas sí cambian, otras solo se estropean hasta que se pudren en su propia mierda.