Capítulo 38. Tyre
Tyre
Voy hasta el pueblo a primera hora y busco a Aomar. Lo encuentro listo para empezar a trabajar. Ando hasta él odiando a este desgraciado por haber jodido la vida de Dakota.
Cuando me ve se queda pálido.
—¿Te vas a apuntar a pelear?
—¿Quieres matarme con público?
—Por supuesto. Si voy a ir a la cárcel, que sea por todo lo alto.
Se ríe y escupe al suelo. Mis ganas de partirle la cara son grandes. Estoy hirviendo de rabia. Quiero destrozarlo y me mira retador. Se cree que puede conmigo. Es cierto que es grande y fuerte. Muy fuerte. En este tiempo lejos del rancho ha cogido músculo.
Sonríe dejando claro que peleará a muerte.
Tomo aire y me marcho. Pienso destrozarle la cara. Pienso joderle la existencia, y pienso conseguir que Dakota lo denuncie y se pudra en la cárcel.
Me cruzo con mi madre de camino.
—No tienes buena cara.
—Aomar le dio una paliza a Dakota y le jodió la rodilla. —Me la suda quién me pueda escuchar. Mi primo va a pagar.
—¿Está bien Dakota?
—Tal vez deberías ir a verla.
—Sí, le llevaré algo de comer.
Le digo que vale y me marcho. Miro a mi madre esperando algo más. Un abrazo. Un gesto de cariño. Algo más. No hay nada. Nunca lo habrá. Ella es así. Y, como ha prometido, va a ver a Dakota y le lleva comida. Saril está con ella en casa, y Rob igual. No quieren dejarla sola por si necesita algo.
***
Cuando llego a casa, encuentro a Saril viendo su telenovela en el salón mientras Dakota lee. Huele a comida casera, que reconozco como la de mi madre. Dakota, al verme, sonríe.
Tiene mejor cara que ayer.
Entro en la cocina y veo a mi madre preparando la cena.
—Me voy a quedar en el cuarto de Dakota de arriba mientras ella esté aquí.
—¿Y tu trabajo?
—Mientras remiende las piezas, puedo hacerlo aquí. La madre de Dakota no podía quedarse y, bueno, yo… puedo. Peter me apoya en todo y se pasará cuando pueda a estar con nosotras. —Sonríe al hablar de su pareja.
—Bien, si quiere puede dormir contigo aquí.
—Vale… ¿No es raro para ti? —Mi madre siempre es muy directa, y sus dudas me pillan por sorpresa.
—No, te hace feliz. Y yo soy feliz de tenerlo en nuestras vidas si tú lo quieres.
Asiente más relajada y le manda un mensaje para informarle.
Voy a irme, pero me acerco a ella y le doy un abrazo. Se queda tiesa como un palo. Luego me da golpes en la mano.
—Gracias, mamá.
—Para eso estamos.
Me marcho agitado y nervioso. Es raro que dar un abrazo a una madre te deje así, pero no recuerdo cuándo nos abrazamos la última vez.
Tal vez nunca. Tal vez mi madre estaba tan centrada en sacarme adelante que, cuando quiso volver al tiempo en que podía darme cariño sin justificarlo, fue demasiado tarde.
Pero nunca es tarde.
Cuando bajo, tras darme una ducha, han puesto la mesa para todos. Llevo a Dakota a la mesa del salón. Rob sirve vino y Max ha venido a cenar. Y a hablar con Dakota de cosas de carreras. Tocan a la puerta Darren y Bonnie. Peter también está aquí y sonríe a mi madre por algo.
—He traído el postre —dice Bonnie.
Al poco, Lars llega con su familia; a mi prima ya se le nota la tripa. La toco. Es mi forma de decirle hola a mi sobrino. De sentir que sigue ahí.
Sin darnos cuenta hemos improvisado una cena de bienvenida para Dakota y, cómo no, sus padres también se apuntan. Al final es lo que tiene vivir cerca de gente cotilla.
Dakota está cansada, pero feliz, y yo nunca he visto esta casa tan llena de vida. Y me gusta, me gusta mucho.
***
—Fue el cabrón de Aomar —esto lo dice Darren mientras friega los platos con Lars, Max y yo. El resto están jugando a las cartas en el salón.
—Sí, y lo espero para pelear, pero está fuerte. No me había fijado.
—Podemos entrenarte. —Darren sonríe—. Puedo partirte la cara gratis.
—Puedes entrenarme, pero deja mi cara en paz.
Se ríe. No tardan en irse. Robin se ha quedado dormido en el sofá jugando a la consola portátil.
Dakota no está, debe de estar en su cuarto.
Mi madre me da las buenas noches y se sube al cuarto de arriba con Peter, que me dice «hasta mañana» antes de seguirla.
Ha traído una pequeña maleta con cosas de los dos.
Entro al cuarto de Dakota y la pillo peleando con la ropa para ponerse el pijama.
—Puedes dormir desnuda y ahorrarte eso. —Se gira y me mira.
—¿Vas a dormir conmigo?
—¿Es lo que quieres?
—Sabes que sí.
Voy hasta ella y la ayudo con la ropa. Su cuerpo me tienta mucho. La deseo tanto que me duele, pero no es el momento. La ayudo a ponerse una camiseta ancha para dormir y la dejo sobre la cama. Voy a cambiarme y cuando regreso se ha quedado dormida. Entro en la cama y la abrazo.
Estar a su lado es como estar en casa.