Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 37. Tyre
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Capítulo 37. Tyre

Tyre

—Todos creemos que fue Aomar. —Lars se pone a mi lado mientras me ayuda a revisar una alambrada.

—Yo no tengo dudas. Ese cabrón ha estado asustando a Dakota. Y no se tomó bien que tu mujer lo echara. Piensa que es mejor que yo. Luchará y pensará que puede ganarme.

—Solo te pido que no lo mates.

—Solo pienso hacerle una cara nueva.

Se ríe. Yo no. Estoy de mal humor. Dakota está de vuelta, me escribió para decirme si podía quedarse en mi casa.

Y le dije que sí. Luego seguí pintando un cuarto para ella en la planta de abajo, para que no tenga que subir escaleras.

También seguí puliendo la rampa para llegar a la casa.

Todo porque no puedo evitar pensar en su cuidado.

Antes de que anunciara que volvía, yo ya estaba preparando todo para ella. Como el idiota que soy.

Total, para que luego se largue y me deje atrás.

Soy un gilipollas.

—Espero que Dakota lo denuncie.

—Eso esperamos todos.

Terminamos y cogemos los caballos para ver cómo va todo. Al regresar a mi casa veo en la puerta un coche negro. Es el de Max. Dakota debe de estar dentro. Entro en mi casa y la veo enseguida con el pie en alto y una gran rodillera inmovilizadora de color gris.

No tiene buena cara y, sin embargo, yo la veo preciosa. Joder, siempre me parecerá la mujer más hermosa de la tierra.

Y ha vuelto. Y mi corazón late como un loco por tenerla de vuelta, rendido a ella como siempre.

En el fondo temía que solo encontrara excusas para volver aquí.

—Te he preparado un cuarto cerca del despacho. Así no tienes que subir escaleras.

—Y has hecho una rampa.

—Vas a estar un tiempo jodida, porque supongo que harás rehabilitación.

—Sí, Damian está al tanto de todo.

Asiento y miro a Max. Lo saludo y voy hasta la cocina. Necesito un momento.

—Lo está intentando. —Max se pone a mi lado—. Yo quería que os lo contara, pero ella tenía miedo. Ha empezado a hablar también con una psicóloga. —Miro a Max: se nota que Dakota le importa—. No te pido que la perdones hoy, joder, yo también estaría enfadado.

—Y a ti te ha costado años volver a este lugar.

—Bueno, no es la única que ha pedido ayuda. Tengo que dejar de huir de mi mierda. Y dejar de sentir que debo pedir perdón por ser diferente, por ver la vida de manera distinta.

—Eres un genio, Max, siempre lo has sido. No tienes que pedir perdón ante los idiotas por ser inteligente.

—Albert Einstein dijo algo parecido: «Lo curioso de la gente inteligente es que siempre parece rara a los ojos de la gente tonta».

—Cierto, muy cierto.

—Por eso quiero ayudar. Y porque he encontrado mi camino. Joder, lo tenía delante.

—Me he perdido algo.

—Voy a estudiar para ser entrenador de caballos. Y voy a ser el mejor. —Sonríe y sé que lo logrará.

—Pues ya sabes, aprende, que te necesitaremos por aquí.

—Sí. Me marcho a casa de mi padre.

—¿Ya no duele estar ahí?

—No, ya no duele.

—Eres un cabezón.

—Me dan miedo los cambios —admite, y sé que a mí también, y a Dakota.

—Vas por buen camino. ¿Te quedas unos días?

—Sí. Nos vemos.

Se marcha tras despedirse de Dakota. Cuando regreso, trata de levantarse y se le cae la muleta. Se la estabilizo y luego la cojo en brazos.

—No hace falta.

—¿Has vuelto para joderme la vida o para dejarme ser parte de la tuya?

Nos miramos a los ojos. Cuánto la he echado de menos. No saber si estaba bien o no me mataba.

—Tyre, yo… —Me abraza y la dejo llorar en el hueco de mi cuello.

—Siempre he estado aquí, es a ti a la que te toca luchar por que me crea que tú también.

—Lo haré.

Quiero creerla. Quiero crearla de verdad.

Con toda mi alma.

Dakota

Tyre me ha dejado en la cama. Ha dejado el cuarto precioso y ha comprado una nueva cama de matrimonio. Siempre tan atento. Siempre tan él. El problema nunca fue Tyre, siempre fui yo.

Intento dormir, pero soy muy consciente de que he regresado y Tyre está cerca.

Me quedo medio dormida y sueño con Aomar pegándome. Grito en sueños.

—¿Todo bien? —Tyre entra en mi cuarto vestido solo con un pantalón de dormir.

—Fue una pesadilla. —Lo miro en el umbral de la puerta. Lo quiero tanto que me duele—. ¿Cómo has llegado tan pronto?

—Me he puesto una cama en el despacho por si me necesitabas.

Me pongo a llorar. Por él, por mí. Por haberlo estropeado todo de nuevo. Tyre maldice y se sienta en la cama. Con cuidado me lleva a sus brazos.

—Odio verte llorar.

—Lo sé. He estado hablando con una psicóloga.

—Me lo dijo Max. —Acaricia mi espalda.

—No me acordaba de cosas de antes de la caída. De cómo me sentía antes.

—Yo siempre te vi feliz, pero sé que en el rancho no te lo hicieron pasar bien.

—Es cierto. No sabía que te habías dado cuenta, aunque ahora sé que siempre ves más que el resto del mundo.

—No dice nada—. ¿Te acuerdas de cuando Gretel sonreía, y por dentro era todo caos?

Pues algo así era yo. Las niñas de clase y del rancho se metían conmigo por el pelo cobrizo.

Odiaba sus motes. Que me dijeran que mis pecas eran feas…

, que yo era horrible. Lo había olvidado.

O lo había enterrado en el fondo de mi cabeza.

Porque cuando montaba a caballo no existían los insultos. Yo brillaba como la que más.

—Y cuando te caíste perdiste lo que te hacía ser mejor que ellas.

—Sí. Yo creía que todo esto era porque perdí la oportunidad de ser jinete. Pero era más que eso, era mi miedo a que, al no serlo, no quedara nada bueno en mí. Por eso no soy capaz de ver todo lo bueno que tengo.

—Te hicieron creer que si no eras la mejor jinete solo eras la fea del baile.

—Eh, no te pases.

—Eres tú la que no se da cuenta de que solo se critica a quien destaca, porque brilla más que el resto. No por ser la mejor jinete, sino por algo más.

—Ahora que hemos llegado a ese problema, voy a ir a mejor. Lo sé. ¿Crees en mí? —Alzo la cabeza y me aparta el pelo de la cara.

—Quiero creerte con todas mis fuerzas.

Acerca su nariz a la mía y nos quedamos pegados frente con frente. No sé cuánto tiempo pasa cuando me deja en la cama y se acuesta conmigo, como si supiera que sin sentir sus brazos no podré dejar las pesadillas a un lado.

—¿Fue Aomar?

Es una prueba de fe. De saltar. De creer que hará lo correcto.

Tomo aire nerviosa.

—Sí, fue él.