Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 35. Tyre
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Capítulo 35. Tyre

Tyre

Dakota se ha marchado con su padre y con Max en un viaje exprés, sin despedirse.

Yo estaba con Darren y Lars, hablando con patrocinadores y con gente del mundo de las carreras para inscribir a nuestros jinetes y empezar a movernos por este mundillo.

También para promocionar nuestros caballos purasangres.

Cuando llegué a casa era tarde y tenía una nota de Dakota en mi cama diciéndome que ya me lo explicaría todo.

Al día siguiente me llamó y me dijo que era una buena oportunidad para el rancho, y que no habían tenido más remedio que irse.

La conozco lo suficiente para saber que algo no va bien.

Han pasado tres semanas de esto. Y, aunque hablamos por mensajes cada día, siento que ella no está bien y que me está alejando de su lado.

La angustia de que se vuelva a ir lejos no me deja respirar. No quiero estar en este rancho sin ella. Este lugar lo conservé por nuestros recuerdos. No quiero que de ella solo me quede eso.

—Tienes una cara horrible —me dice mi prima entrando al despacho.

—Bueno, he tenido días mejores.

—Seguro que ella vuelve pronto.

—Ya…, eso dice.

—¿No crees que vaya a volver?

—No lo sé. Corrió, lo hizo bien y se fue.

A saber por qué. No está bien, y no estaba bien cuando se fue la primera vez.

Huye cuando las cosas no salen como espera.

¿Va a volver? No lo sé, pero lo mismo vuelve cuando todo se tuerza otra vez.

Por una vez me gustaría que, en vez de huir, me pidiera que arregláramos las cosas juntos.

—No te puedo quitar la razón, y sí, también siento que le pasa algo. En el grupo de todas casi no interviene. Y Max sabe algo. Bonnie dice que desde que volvió está distante. Y, bueno, ahora le ha dado por analizar las carreras de caballos y trasladar números y estadísticas a los entrenamientos.

—Unos entrenamientos sin Dakota. Su padre es bueno, pero no es ella. Y se nota. Tenemos una carrera en dos semanas y no pinta bien la cosa. Si no va a seguir…, me gustaría saberlo y ver qué mierda hago con mi vida sin ella.

La idea de que no vuelva me retuerce por dentro. Me centro en todo lo que tengo que hacer. Meissa no dice nada cuando salgo y me marcho a arreglar cualquier cosa que necesite mi ayuda en el rancho. La casa me recuerda a Dakota y cuesta estar ahí sin ella.

***

Dakota: ¿Qué tal el día?

Tyre: Cansado de que no me cuentes qué está pasando.

Si no confías en mí, perfecto, pero no me llames amigo.

No me escribas y me hagas sentir que soy tonto por sentir que te pasa algo, que estás mal y que no me quieres a tu lado cuando estás así.

Si te alejas de mí cuando estás mal, no quiero una amiga así.

Una amiga que huye cuando las cosas no salen como espera.

Te perdoné la primera vez porque éramos jóvenes, pero ya no somos esos críos.

Si eres mi mejor amiga, es para luchar conmigo en las buenas, en las malas y para siempre.

Dudo, pero lo mando. Estoy cansado de sus mensajes al final del día, sabiendo cómo estoy y sin que me cuente nada.

Cuando el teléfono suena y aparece su nombre, late en mí la esperanza. Descuelgo y está llorando. Me siento devastado por sus lágrimas.

—No debí irme —admite—. Pero tenía miedo de lo que podrías hacer si sabías la verdad.

—No soy un puto ogro, cariño. Si no sientes lo mismo que yo…

—Ty…, me dieron una paliza. Me han vuelto a operar de la rodilla.

Se me detiene el mundo. Es como si todo dejara de girar. Me quedo helado. Frío. Congelado en el sitio, sin poder asimilar lo que me acaba de decir.

—¿Quién?

—No te lo puedo decir, por eso me fui. Si lo supieras, él estaría muerto y tú en la cárcel.

—Cómo lo sabes —admito lleno de ira, apretando los puños hasta dejarme los nudillos blancos.

—Así no se arreglan las cosas, Tyre.

—¡Me da igual! ¡Eres mi chica y nadie te pone un dedo encima! ¿Quién fue?

—No te lo voy a decir a menos que me prometas que no le harás nada fuera de la ley.

—Daki…

—Tyre…, te quiero —me dice—. Y esa persona quería esto. Quería hacerme daño para destruirte.

Pienso en Aomar; no puede ser otra persona. O el puto jinete ese que está en libertad bajo fianza. O alguno de mis cientos de primos, que me odian porque los despedí y ahora malviven en otros lados. No puedo ir por ahí pegando a todos los Landry despreciables hasta dar con el culpable.

—Daki…, no puedo dejar pasar esto.

—Lo sé, por eso me fui. Max está conmigo. Estoy con él. Tampoco sabe quién me atacó, pero le hice prometer que no diría nada.

No sé cómo procesar todo esto. No sé cómo calmarme.

—Entiendo.

—No te líes a leches con todos. Por favor. No dejes que gane.

—No debiste irte, Dakota. Debiste venir a mí.

—Tenía miedo.

—No soy un monstruo. Al final no hubiera hecho nada que no quisieras. Pero de nuevo huyes de mí, y tal vez siempre sea así.

—No…

—¿No? Me has hecho pasar un infierno y ahora me llamas para decirme que te han operado.

Me sueltas esa bomba, y bien podrías habérmelo dicho hace días.

Creo que lo hemos vuelto a joder, Daki…, no sabemos querernos.

Porque la gente a mi alrededor que veo que se quieren luchan juntos.

No en equipos separados, pero tú has estado ahí, con alguien que casi es un extraño para ti, en vez de darme la oportunidad de pasar esto a tu lado.

—No quería que lo mataras.

—No lo hubiera matado…, pero sí le hubiera dejado claro que pegar a una persona a sangre fría es de putos cobardes. Pero está claro que no sabes cómo soy, y por eso esa persona nos ha separado. Porque prefieres creer lo que sea que te dijo ese día, a darme la oportunidad de hacer las cosas bien.

Llora y yo noto en los ojos la humedad de mis lágrimas. No cuelgo, no puedo. Estoy roto, y odio no estar ahí con ella. La han operado y ha dejado que Max sea quien la cuide. No son celos, es que estar con ella era mi lugar.

Y de nuevo ha creído lo peor de mí y se ha ido.

Joder, quiero matar al cabrón que le ha hecho esto, pero no soy un monstruo, para eso está la ley. Tras darle una paliza, claro.

Pero que ella lo crea me hace pensar si nos conocemos de verdad.

—Tyre —me dice tras un rato—. Siento no saber cómo ser de otra forma.

—Tampoco lo intentas. Te salen mal las cosas y te quedas en ese instante, no avanzas.

La chica que conocí antes de la caída era imbatible.

Esa chica sigue estando en ti, pero creo que no quieres ser feliz, por eso te boicoteas una y otra vez para seguir enfadada con la vida por quitarte tus sueños.

Es una putada, Daki. Merecías ser la mejor jinete, pero no lo vas a ser nunca.

Y, o avanzas de una puta vez, o no serás nada.

—¿Y nosotros?

—Tú no quieres un nosotros, me haces llamarte amiga cuando en verdad lo eres todo para mí.

Te da miedo un nosotros y yo, ahora mismo, no sé si confío en ti para algo más.

Estoy cansado de ser siempre el perdedor.

El que se queda con la peor parte del pastel.

Lo quiero todo. Quiero creer que tengo derecho a que me amen con cada parte de su ser y no huyan de mí.

Quiero creer que merezco un puto final feliz.

No dice nada. No hace falta. Ella sigue anclada en su mundo, en todo lo que ha perdido, y nunca mirará todo lo que ha ganado después de ese momento.

Una parte de ella murió en la caída, tal vez para siempre.

Cuelga, dejo el móvil y sé que me he pasado. Lo sé, pero estoy cansado de vivir como si estuviera de prestado, viviendo la vida de otra.

Esta es su vida. No es perfecta, pero si por mí fuera le bajaría la luna, para que brillara junto a ella mientras se come el mundo de un bocado.