Capítulo 34. Dakota
Dakota
Estoy aterrada, nerviosa y emocionada. Es un cúmulo de sensaciones que no me dejan respirar en paz. Tomo aire y centro mi cabeza en otras cosas, hasta que me doy cuenta de que esta será mi primera y última carrera.
No puedo perdérmelo por mis miedos.
No viviré nunca más esto.
Le digo palabras de ánimo a mi caballo. Le hablo.
Le digo lo increíble que es. Hace muchos años, el rancho Landry tenía a la mejor corredora de caballos de la zona.
No dejó de brillar hasta el último momento.
Todo ha cambiado desde entonces, pero de nuevo estamos aquí.
Demostrando que, a pesar de la tormenta, el sol acaba por salir.
Ha costado, pero el rancho Landry vuelve a brillar.
Las gradas se quedan en silencio. Miro hacia delante. Inclino mi cuerpo tras ajustar mis gafas.
Sé lo que tengo que hacer.
Nací para ser la mejor.
Esto va a empezar.
Me preparo. Y antes de que abran las puertas escucho una pequeña campana. Salimos del cajón de salida y me dispongo a volar sobre la pista. Centro toda mi atención en cada curva. Cada bache del camino. Soy una con mi caballo. Nos movemos como uno solo y lo guío hasta la meta.
Me dejo la piel en la carrera.
Azuzo a mi caballo para que vaya más rápido. Ya puedo ver la meta. Todo ha pasado muy rápido y a la vez muy lento. Siento a los otros corredores cerca, pero no los miro. Solo veo mi camino.
Sujeto las riendas y cambio la postura de mi cuerpo para correr más. La meta está cerca.
Ya la puedo acariciar con los dedos.
Cuando la pasamos, cierro los ojos y disfruto del instante mientras me centro en que mi caballo se recupere.
Voy frenando poco a poco hasta que nos ponemos al trote.
Cuando regreso al círculo de los ganadores veo mi tiempo en la pantalla.
Es tan bueno que rompo a llorar. Y más porque la rodilla no deja de dolerme.
Hubiera sido la mejor, lo sé.
Hubiera hecho historia.
¿Acaso seré más feliz ahora que lo sé? He quedado muy por delante de los otros corredores. Cuando bajo del caballo, Tyre me abraza con fuerza y me deja ahí, cerca de su acelerado corazón.
—No soy más feliz.
—Lo siento. Siento no poder darte lo que más amas.
Nos separamos y no tengo fuerzas para decirle que lo amo con todo mi ser.
Siento felicidad y rabia. No dejo de ver la caída de hace años y pensar si todo hubiera sido diferente haciendo las cosas mejor.
Me dan un ramo y mis amigos y mis padres me felicitan.
Yo no estoy bien. Ando hasta la zona de corredores cojeando más que nunca. Antes de llegar, Max se me acerca.
—Las carreras, al final, tienen parte de matemáticas. ¿Te importa si te paso estadísticas, análisis de tiempos y todo eso para ayudar a tus chicos?
—No me importa.
Miro a Max: se parece a Lars y a Darren, aunque, si soy sincera, Max me parece mucho más guapo que los dos juntos. Y eso que ellos son muy atractivos. Aunque a mí no me hace sentir nada.
—Lo haré. —Sonríe y lo siento tan perdido como yo ahora mismo—. Has estado increíble.
—Lo sé. —Noto más lágrimas.
—Sé lo que es no encontrar tu sitio. Pero tengo fe en que un día lo haré.
—Yo también.
Entro y Damian me espera para hacerme un reconocimiento. Cierro los ojos y hago todo lo que me dice mientras mi cabeza repite lo mismo una y otra vez: ¿de qué sirve saber que eres buena si eso no cambia nada? ¿Cómo te puedes conformar con estar, cuando quieres brillar?
***
Cuando estoy lista salgo hacia el palco con mis amigos para ver la carrera oficial, donde Dilan lo va a dar todo. He estado hablando con él y sé que lo hará muy bien. Tyre se pone a mi espalda y me pasa una mano por la cintura. Me dejo cuidar, y más cuando la rodilla me molesta.
No me siento, no quiero, joder, quiero estar de pie. Quiero no ser una lisiada.
La carrera empieza y miro a mi chico. Lo veo correr y es como si me viera a mí. Sigue mis indicaciones. Contengo la respiración en cada curva y cuando otros corredores se le acercan.
Va tranquilo.
Va seguro, va hacia la meta.
Gana por los pelos y sabemos que ha marcado un antes y un después para los ranchos. Ando para celebrarlo y me falla la rodilla. Tyre me coge para que no me caiga. Voy hasta donde está Dilan cojeando. Cuando llego, se me acerca y me abraza feliz.
—Esta victoria es para ti. Tú me has creado.
Lo miro a los ojos y sé que es cierto. Que, mientras sea su entrenadora, mi legado perdurará y una parte de mí será ganadora.
Es como todo esto: estamos aquí para volver a hacer grande un rancho que ya brilló con una mujer que, aunque no está con nosotros, ha dejado una estela tan grande que años después nos sigue dando fuerzas para seguir sus pasos.
Abrumada, me quedo hasta que le dan el premio y luego me escabullo. Tyre me ve irme, pero sabe que necesito estar sola. No quiere presionarme.
—Vaya, vaya. Sí, hubieras sido muy buena… —Veo a Aomar y ando hacia la casa de Tyre ignorándolo; no hay nadie cerca y odio tenerlo merodeando—. No soporto verlo feliz… —Entonces me golpea con rabia mi rodilla mala.
El dolor que siento me hace gritar. Caigo al suelo y me golpea otra vez.
Grito pidiendo ayuda y me coge de la camiseta.
—Si Tyre me encuentra, me mata…, y si me mata…
irá a la cárcel. Vamos, zorra, sigue gritando.
Joder, que me mate. Y que vaya a la cárcel.
Adiós al rancho, adiós a todo por lo que ha luchado.
¡Que grites, coño! —Me golpea otra vez, y no grito mientras siento como mi cuerpo cambia de nuevo para siempre.
Cuando se marcha no puedo moverme. No pido ayuda por miedo a que todo se destruya, a que Tyre pierda los nervios. A que destroce a Aomar y eso sea su ruina.
—¿Dakota? —Max se agacha a mi lado, no sé cuánto tiempo llevo ahí—. Voy a avisar a Tyre.
—¡No! No, por favor. Solo avisa a Damian. Por favor…
No sé qué ve en mí, pero me coge en brazos después de llamar a Damian. Tiene que tener todos los contactos del rancho en su móvil. Me lleva hasta el centro veterinario. Y, por la cara de Damian cuando me examina, sé que la cosa no pinta bien.
Y, cómo es la vida, ahora daría lo que fuera por que que mi rodilla fuera como antes de que Aomar me golpeara.