Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 33. Tyre
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Capítulo 33. Tyre

Tyre

Dakota no ha entrenado todo lo que debería, preocupada por Gretel.

Estamos a unas horas de la carrera. Gretel está estable, pero necesita ayuda psicológica y va a ingresar en un centro especializado.

Bonnie se arrepiente de no haber tomado medidas antes.

Y sus padres no se separan de Gretel. Su madre sabe que todo esto es su culpa.

—Pensaba que ella era más fuerte —dijo al ver a su hija pálida en la cama.

—Ahora no voy a buscar culpables —le dijo Bonnie.

Yo estaba allí esperando a Dakota, que había salido a comprar unos libros para Gretel.

Ella va por las tardes y yo había ido a buscarla tras atender el puesto para acompañarla a casa—.

Pero esto es tu culpa. Por haberla tratado como un objeto para conseguir tus metas y no las suyas.

—Bonnie —le dijo su padre.

—No, llevo toda la vida sintiendo que debía pedir permiso por no ser perfecta.

Y ahora veo que tuve suerte de no serlo para ti, o habría acabado así.

—Bonnie la miró enfadada—. La quieres, eso no lo dudo, pero, o cambiáis los dos, u os juro que haré lo imposible para separaros de mi hermana.

Tus tonterías le han jodido la cabeza. Y ahora veremos si no está tan tocada como para poder vivir sin que le hayas destrozado la vida.

Miré a Gretel y vi como lloraba mientras les hacía creer que estaba dormida. Por eso le dije a Bonnie que fuéramos a la sala de espera hasta que llegara Dakota. Confío en que Gretel no esté tocada. No la conozco mucho, pero me importa esa loca de la corona brillante.

Le hice una corona de madera y la dejé en su cama otra tarde en que fui a recoger a Dakota, mientras esta iba a por un café.

—Gracias —me dijo Gretel.

—De nada. Todos estamos jodidos, Gretel. Eres fuerte. Solo tienes que curarte.

—¿Y si no hay arreglo?

—Bueno, siempre puedes pintar de rosa todo tu mundo y no dejar que la oscuridad te atrape.

Se rio.

—Quería verla correr. —Acarició la corona.

—Haré que la veas brillar. ¿Vale?

—Gracias, ella tiene suerte de tenerte.

—Y yo a ella.

En ese momento, alguien tocó a la puerta y cuando me volví a mirar, ahí estaba Max. Gretel lo miró y se sonrojó.

—Vaya, tienes una pinta horrible.

—Eres idiota.

—¿Y tú dices que vas a ser mi esposa? No me puedo casar con una muerta, ¿no?

—No puedes, no. A menos que te vaya eso.

—No, paso.

Max se acercó a Gretel y me saludó con un gesto de cabeza.

—Odio que me veas así.

—Es tu culpa, arréglalo, ¿no?

—¿Como tú arreglas las cosas con tu padre? Qué grandes consejos de quien no hace una mierda por seguir adelante.

— Touché . —Se miraron a los ojos y advertí que Gretel parecía cortada, algo raro en ella—.

No voy a volver… de momento, pero cuando lo haga, si puedes con toda esta mierda, que sé que sí, te prometo una cita.

No vaya a ser que esté de verdad ante mi mujer y me pierda la oportunidad de averiguar si somos compatibles.

—Soy tu futura mujer, pero tú no lo sabes.

—Pues entonces, lucha por demostrarlo, ¿eh, peque?

—No soy tan pequeña.

—Lo pareces. —Gretel se enfureció.

—Te pienso destrozar en esa cita. Soy lo mejor que te va a pasar en la vida, Maxi.

—Odio que me llames así.

—Pues ya verás. No podrás vivir sin mí.

—Entonces, cuento con que vivirás, ¿no?

Me di cuenta de lo que estaba haciendo Max: le estaba dando una razón para vivir. Para luchar. Gretel asintió cansada. Muy cansada. Aún no está fuerte. Le queda un largo camino.

Le chocó el puño a Max y este se marchó con su mejor amiga, Bonnie.

—Te toca arreglar esa cabeza tan brillante que tienes —le dije.

—Eso haré. Como Max me vuelva a ver con estas pintas, no me amará en la vida…

—¿Sabes que, cuando amas, quien eres por fuera no importa, verdad?

—Lo sé. —Noté sus ojos llenos de lágrimas—. Pero no sé quién soy sin ser una miss . Sin ser famosa…, sin ser influencer . Si pierdo todo eso, ¿qué me queda?

La entendí. Ella aprendió a sonreír a la cámara casi antes de andar.

Dakota llegó y al verme se sonrojó. Seguramente pensando en todo lo que hacemos por las noches en mi cama. Se acercó a mí y le di un beso en la frente.

—Nos vamos —dijo a su amiga.

—Mañana no te mates —le respondió esta.

—Lo mismo digo. Tú no te has caído de un caballo, pero te ha pasado un camión de emociones por encima. Toca recomponernos. Mis heridas se ven más que las tuyas, pero todas son importantes, ¿verdad? —Gretel asintió.

La dejamos allí y preparé todo para que tuviera una televisión en su cuarto en la que ver la carrera en directo, por una videollamada fija.

***

Entro en donde se está preparando Dakota. Estoy nervioso y aterrado. Si le pasa algo, me muero. No creo que pueda soportar una vida sin ella.

Entiendo un poco lo que sintió mi bisabuelo cuando su mujer se cayó del caballo y se mató. La amaba. La amaba tanto que, aunque tenía sospechas de que ella amaba a su amigo, se quedó ahí. Esa muerte lo destrozó y ahí empezó la decadencia de los Landry. No sé si yo podría ser fuerte sin Dakota.

—¿Por qué me has comprado un traje nuevo de jinete?

—Son los colores que van a llevar los jinetes de nuestras cuadras. El verde por los campos de los Bennet y el dorado por los campos de flores y la miel que dan nuestras tierras.

—Me encanta.

La ayudo a colocarse la chaquetilla.

—Solo disfruta, sé feliz. ¿Vale?

—Y que no me mate.

—Si te matas, te traigo de vuelta. —Se ríe.

—¿Y si me caigo y me quedo peor de la rodilla?

—Solo me importa que vivas. El resto no impedirá que te quiera con cada parte de mi ser.

Toma aire y luego deja caer un par de lágrimas. La beso.

—Te lo diré cuando gane.

—Entonces, más te vale darles una paliza. Llevo diez años esperando volverte a oír que me quieres.

—Tú nunca me lo dijiste. —La miro y soy consciente de que es cierto; me costaba expresar lo que sentía—. Pero yo sabía que era así. —Saca algo de su cuello y veo la herradura que le regalé—. Me la he vuelto a poner, y me dará suerte. Esta noche brillaré en la pista.

La beso, porque no puedo hacer otra cosa.

Voy a decir algo cuando me separo, pero nos avisan que está todo preparado. La acompaño a la caja donde se prepara para salir y sube al caballo. Hay otros corredores. Menos, porque esta carrera es solo de prueba. La importante viene luego. Pero para mí, esta es la buena.

Me quedo con Dakota tanto como puedo.

—Disfruta.

—Creo que va a ser el minuto más largo de tu vida —bromea.

—Pues corre más y bate el récord, cariño.

Sonríe y me marcho. Nos miramos y juro que se me para el corazón por el miedo de que esta sea la última vez. Joder. Estoy aterrado.

—Vamos —me dice Lars—. Estamos todos en el palco para verla y van a hacerle fotos y vídeo de toda la carrera.

—Bien.

—No le va a pasar nada —añade Meissa—. Pero yo también estoy aterrada.

Miro a mis amigos. Max está con su padre y con Bonnie. Es la primera vez que los veo a los tres juntos. Por cómo sonríe Max a su padre, sé que todo ha quedado atrás. No mira a Bonnie como si la amara. Pero sí con cariño.

Centro mi mirada en donde está Dakota y me preparo para el minuto más largo de mi vida.