Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 32. Tyre
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Capítulo 32. Tyre

Tyre

Veo como Dakota me mira risueña y cachonda mientras tira de las cintas de su bikini para quitárselo. No se levanta, pero soy muy consciente de como se va quedando desnuda ante mí.

Me lanza primero la parte de arriba y luego las braguitas. Lo saco del agua y nos miramos.

—Abre las piernas, cariño.

Lo hace y noto como se excita al sentir el agua burbujeante acariciar su sexo desnudo. Aumento las burbujas y el gemido que se le escapa va derecho a mi polla.

Cojo la manguera que hay con chorros directos. Nunca la he usado. La veía una tontería. Pero ahora no. Se la tiendo a Dakota con el chorro en el punto medio.

—Llévalo a tus tetas y deja que el agua te presione ahí donde deseas mi boca.

Lo hace sin dejar de mirarme. Veo como el chorro cae en sus pezones. Le gusta. Aumenta la presión y mueve su cuerpo para que el agua le dé donde más le encanta. Muerde su boca. Jadea y gime sin miedo de mostrarme cómo disfruta.

Me vuelve loco.

Cuando abre los ojos los tiene más oscuros por la pasión.

—Tyre…

—Llévalo a donde te mueres por ser acariciada.

—¿Y si lo haces tú?

—Quiero que te corras tú sola antes de darme un festín con tu cuerpo en mi cama.

La promesa de mis palabras la enciende. Baja el chorro hasta sus piernas y cuando le da justo en su centro echa la cabeza atrás poseída por el éxtasis.

—¿Te gusta sentir el agua acariciando tu clítoris?

—¡Sí! —jadea, y mueve la manguera aumentando su placer.

Mueve su cuerpo contra el objeto. Se deja llevar. Está preciosa. Con la piel sonrojada, las mejillas encendidas y los labios rojos. Nunca en toda mi vida he visto a una mujer más hermosa.

Por eso me cansé de buscarla hace años. Como si hubiera asumido que, si no era ella, no sería nadie. No quería a otra en mi cama. La ansiaba a ella.

—¿Estás a punto? —Asiente—. Pues imagina cuando te tenga en mi cama y mi lengua recorra tu sexo de arriba abajo hasta que te corras en mi cara. —Noto que está muy cerca—. Para luego internarme dentro de ti, hasta el fondo de ese coñito tan apretado y mojado.

No puede más y se deja ir. Se corre con mi nombre en sus labios. Voy hasta ella y la acaricio para prolongarlo mientras la beso y bebo de su boca, que me atormenta cuando no la tengo cerca.

Salimos del agua y le pongo un albornoz. Se queja de la rodilla, pero no va a admitir lo mucho que la está forzando. Por eso apago todo y la llevo en brazos hasta la cama sin dejar de besarla, para que no crea que lo hago solo para evitarle el dolor.

La dejo en medio de la cama ya desnuda y me quito el bañador antes de poner un cojín bajo su rodilla y luego acomodarme entre sus piernas sin hacerle daño.

Me gusta sentir su cuerpo cremoso y menudo aplastado contra mis músculos.

Verla retorcerse con el leve roce de mi cuerpo.

Mi polla roza su entrada. Está muy resbaladiza y casi entra sola.

—Tyre…

—Necesito devorarte primero. Quiero que me folles la cara.

Bajo los besos por su cuello y chupo su piel dejando pequeñas marcas que se borrarán en unas horas. Me gusta ver los rastros de mi boca en su cuerpo. Llego a sus pezones y me los meto en la boca, primero uno y luego el otro. Succiono con fuerza como sé que le gusta.

Tiro de sus pezones y juego con sus durezas con mi lengua.

Mete la mano entre mi pelo y tira de él hasta hacerme daño. No me detengo hasta que la tengo donde quiero: a punto de correrse de nuevo.

Bajo la cabeza por su cuerpo hasta su sexo. Está muy mojada y sonrojada. Abro sus pliegues y me doy un festín con ella. Meto y saco la lengua de su cuerpo. La pongo dura para darle más placer. Me encanta su sabor.

—Tyre…, es muy bueno…, me voy a…

—Aguanta un poco más —le pido, lamiendo su sexo de arriba abajo. Juego con su clítoris y lo muerdo antes de hacer círculos en él con mi lengua. Meto los dedos dentro y los giro para frotar la zona de su interior que más le hace temblar. No le doy tregua. Llora por aguantar.

—¿Quieres correrte, cariño?

—¡Sí! Por favor…, estoy a punto.

Tira de sus pezones duros. La veo tocarse y la lamo mientras me mira entre sus piernas. Aumento las caricias y la fricción de mis dedos. No dejo de hacerlo hasta que se corre en mi cara. Y, sin que termine de hacerlo, entro en ella y busco su boca para que se saboree en la mía.

—Tan apretada y caliente. —Salgo y entro de nuevo hasta el fondo. Noto como los huevos se me tensan por el deseo de dejarme ir—. Estás chorreando, cariño.

—Más duro, Tyre. No voy a romperme.

Salgo y entro en ella cada vez más fuerte. Como si quisiera marcar su cuerpo con el mío a fuego. Siento como su cuerpo se abre a mí en cada embestida. Cada vez es mejor. No me canso de estar así con ella.

Llevo mi mano a su clítoris y lo acaricio cuando siento que estoy cerca. No dejo de tocarla hasta que me corro dentro de ella y se deja ir.

La beso dulcemente mientras veo como los párpados le pesan.

Salgo de ella reticente y busco una toalla para limpiarla. Después le pongo crema en la rodilla para darle un masaje. Cuando entro en la cama está acurrucada y con una sonrisa en los labios.

No pienso dejarla ir nunca de mi lado.

Tal vez un día los dos dejemos de tener miedo de que darle otro nombre a lo nuestro lo joda todo.