Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 31. Dakota
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Capítulo 31. Dakota

Dakota

Tyre y yo volvemos a su casa en un incómodo silencio. No por él, sino por el miedo y la angustia que he pasado por mi amiga.

Todo sentíamos que algo iba mal, pero no supimos qué hacer.

—Te estoy escuchando culparte desde aquí —dice Tyre antes de llegar.

—He pasado con ella mucho tiempo antes de venir aquí, nos hicimos amigas y no…, no vi lo que estaba viviendo.

—No es fácil ver las tormentas de las personas que siempre parecen felices y alegres.

Piensas que alguien que lo esté pasando mal o tenga un problema tiende a estar con cara triste, y no esperas que sea al revés.

Gretel lleva toda la vida aprendiendo a ocultar sus emociones.

A jugar con ellas para ganar concursos. A saber cuándo tiene que brillar y cuando no.

En realidad, no conocemos del todo a la verdadera Gretel, porque desde pequeña su vida ha sido un circo.

—Eso es cierto.

—Se pondrá bien, si acepta la ayuda y se lo toma en serio.

—Espero que sí. Bonnie lo está preparando todo.

Lo triste es que Bonnie ya lo estaba mirando antes de que pasara.

Ha discutido mucho con su hermana para que se hiciera chequeos médicos, pero ella no quería, y habló con los médicos que la han tratado para ver las señales, por eso, cuando llegó Gretel en ese estado, fueron a buscar pruebas de si los miedos de Bonnie eran infundados o no.

Hemos descubierto que los anteriores controles médicos se las apañó para no hacérselos cuando estaba con las misses .

Gretel era consciente de que tenía un problema y se las arregló para ocultarlo hasta que su cuerpo dijo basta.

Antes no se notaba, porque su madre siempre la tenía a dieta y eso hacía que no comiera tantas cosas que podían hacerle cambiar de peso rápidamente.

Pero ahora, con la comida que ha estado tomando aquí, todo se ha complicado.

Porque comer de todo le hacía sentirse más culpable y trataba de controlar los kilos provocándose el vómito con más frecuencia.

—Sí… Me siento mal por no haberlo visto.

—Es adulta, cariño. No puedes ir a un adulto y decirle lo que debe hacer. —Tyre me pone la mano en la rodilla y me da un apretón de ánimo.

Llegamos a la casa y sugiere que comamos algo.

No tengo hambre y solo acepto un poco de leche con galletas.

No dudo: cuando me pongo la ropa de dormir, voy a su cama y lo espero.

Tyre no comenta nada cuando me ve, solo entra en la cama y me abraza contra él.

Aspira mi aroma y me deja un beso en el cuello.

Lo deseo mucho. No dejo de pensar en lo bien que encajamos juntos, pero esta noche no puedo con mi alma.

Tyre lo nota, por eso solo me abraza y me da besos dulces.

Siento que, aunque su cuerpo y el mío no estén unidos íntimamente, me está haciendo el amor.

***

Centrarme en los entrenamientos y los de mis chicos es complicado cuando mi cabeza está en otra parte.

Hoy mi padre está llevando todo el peso, como si notara que no estoy bien.

Cuando subo a mi caballo, tengo la mente en otra parte y eso hace que haga un tiempo de mierda y que fuerce la rodilla más de lo habitual.

—Así no vas a conseguir nada. Solo caerte. —Mi padre entra conmigo al box en el que estoy con el caballo, cepillándolo.

—Lo sé.

—Hija, una nueva caída sobre tu rodilla puede hacer de tu cojera algo permanente. ¿Merece la pena ese precio por una carrera que no te aporta nada en la vida?

Mi padre lo dice porque está preocupado. Pero sus palabras duelen. Ser feliz, cumplir un sueño, sí me aporta a la vida, aunque no gane una medalla.

—Sí.

No respondo más y mi padre me da un apretón cariñoso en el brazo. Se quedará ahí a pesar de que piensa que es una locura. Al acabar el trabajo estoy cansada y cojo el coche para ir a ver a Gretel. Escribo a Tyre para decírselo y me dice que tenga cuidado y le dé un abrazo a la miss de su parte.

Esta mañana, cuando desperté, Tyre se había ido, pero me había dejado desayuno en la cocina con una nota que ponía que me lo comiera todo y no hiciera tonterías.

Tyre no puede evitar cuidar de mí y me encanta.

Siempre fue así. Siempre me cuidó con cariño.

Poco a poco empiezo a perdonarme por no ver la verdad.

A veces la tenemos delante y no la vemos hasta que nos estalla en la cara.

Llego al hospital y entro en el cuarto de Gretel tras tocar la puerta. Está sola mirando un ramo de rosas precioso.

—Me lo manda mi madre. Están de camino.

—Nos has dado un susto tremendo. —Voy hasta la cama y me siento para cogerle la mano.

No parece la miss brillante. Tiene el pelo apagado, las mejillas…, la piel. Ya no hay maquillaje que oculte su estado de salud.

Y aun así me parece preciosa. Porque ella es increíble.

—Pensé que lo tenía todo controlado. —Le cae una lágrima por la mejilla.

Ese es el problema, que nos creemos invencibles y más listos que la vida real. Pienso si no me estará pasando lo mismo con mi cabezonería de correr al precio que sea.

—¿Cómo te encuentras?

—¿La verdad?

—Más te vale.

—Mal. No sé cómo dejar de contar calorías. No sé cómo relajar la cabeza y no mirar el suero pensando en todo lo que me hará engordar esa cosa. No sé ser algo más que una miss perfecta y subir cosas a mis redes para no perder mi fama. —Se le apaga la voz y la abrazo—. Estoy jodida.

—Lo resolverás. Eres una de las mujeres más fuertes que conozco.

—Era todo fachada. Para ocultar la verdad.

—Bueno, siempre hay algo de verdad en toda mentira. —Nos miramos a los ojos y los veo tan apagados que me rompe por dentro.

—No quiero irme a ese centro.

—Ya, supongo, pero te ayudarán. Las enfermedades mentales no son una tontería. Esta casi te mata.

—Ya.

Bonnie viene y hablamos de cómo va mi preparación para la carrera para que Gretel no se sienta mal por estar aquí. Le cuento todo menos lo que me dijo mi padre. No dejo de pensar si estoy siendo egoísta, si, como Gretel, pienso que lo tengo todo controlado, pero no es así.

Tyre

Salgo del despacho y busco a Dakota. Vino hace poco de ver a Gretel. La encuentro en la cocina con ropa de baño. Su cuerpo me llama como nada en este mundo, y más cuando se gira y me mira con ese bikini azul que deja tan poco a la imaginación.

—¿Te das un baño en el jacuzzi conmigo? —Se acerca y me pasa las manos por el torso.

—Dudo que eso sea lo que pase si te tengo así delante. —Se alza y me besa.

Sus labios saben a miel y a ella. Ha debido de coger uno de los caramelos que hacen aquí, receta de mi prima.

—Ty…, quiero estar contigo. Por favor.

Sé que me quiere usar para olvidarse de todo. Lo sé, pero soy débil ante esta mujer y solo quiero cumplir todos sus deseos. Subo a cambiarme mientras ella me espera allí.

Al volver está dentro del jacuzzi con las burbujas puestas. Entro y me pongo frente a ella.

—Te has puesto muy lejos —protesta.

—Tú quieres que te distraiga. ¿Jugamos?

—¿Qué tienes en mente?

—¿Confías en mí?

—Siempre —responde sin dudar.

—Entonces, quítate el bikini. —Sonrío y ella se acalora mucho más.

Bien. Vamos a jugar.