Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 27. Tyre
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Capítulo 27. Tyre

Tyre

Gretel no está en su puesto y se nota, porque no acapara todas las ventas. Hoy hay mucha gente en el pueblo que han venido atraídos por las fiestas. Voy de un lado a otro viendo que no falte nada. Darren se acerca a traerme galletas de su abuela y un termo de café.

—¿Todo bien?

—Agotador. —Miro a mis trabajadores. Les he dicho varias veces cómo deben hacer las cosas, pero ni puñetero caso.

—Ahora vengo a echarte una mano.

Pienso decirle que no, pero no puedo llegar a todo. Es una mierda tener un negocio próspero que no llega a más porque cuesta encontrar personas que quieran trabajar de verdad. He pillado a una de mis trabajadoras haciendo dos vídeos para redes hablando de lo mucho que trabaja. En sus sueños.

Darren se acerca cuando Lars se queda a cargo de su puesto con Bonnie y entre los dos nos hacemos cargo de todo. Se nota que Meissa no está y no quiero que las ventas bajen y se eche la culpa. Por eso agradezco que Darren también se dé cuenta de esto y ayude.

Todos queremos que Meissa esté bien, y desde que decidimos hacer que los ranchos estuvieran unidos somos un equipo.

A la hora de la comida, Rob nos manda comida de Saril. Mi madre se pasa por la tarde. Ha quedado con unas amigas para cenar.

—Tienes que ser más duro con estos vagos, Tyre —me dice antes de marcharse.

—Y lo soy, pero no hay otros, y no puedo permitirme no tener a nadie.

Mi madre pone mala cara. Luego me dice que lo pase bien. No puedo explicarle a ella cómo veo la vida. Ya lo he intentado muchos años. Ella no entiende por qué no despido a todo el mundo. No comprende que, si no hay nadie mejor para sustituirlos, algo es mejor que nada.

Al cerrar el puesto estoy agotado y lo que menos me apetece es ir de fiesta esta noche.

Si me doy una ducha y me preparo para irme es solo porque quiero ver a Dakota.

Las cosas entre nosotros van mejor. Pero el pasado puede destruirnos.

Ya lo estoy viendo cada vez que se sube a un caballo.

No puede competir, pero a pesar de todo no pasa página, no mira hacia delante y ve lo grande que es como entrenadora.

Está cegada por recuperar todos y cada uno de los sueños que se quedaron rotos en la caída. Temo que un día todo esto la lleve a querer alejarse de nuevo.

Y tengo miedo de que con nosotros haga lo mismo.

Cada vez que la cuido me mira con el peso de la culpa.

La he perdonado. He entendido que éramos muy jóvenes, sobre todo ella.

Y esto que ha pasado nos ha venido bien.

Ella es una gran mujer a la que admiro, y lo ha conseguido por irse. Me da pena que ella no lo vea.

Un ganador lo es aunque pierda. Ella eso no lo ve.

***

Llego tarde a las fiestas. Veo a mis amigos en una mesa, pero Dakota no está con ellos.

La busco entre la gente y la veo hablando con un hombre más o menos de mi edad.

Por cómo la mira, es evidente que está interesado en llevársela a la cama.

Por cómo ella lo mira a él, siento que no se ha dado cuenta y piensa que su interés es otro.

Voy hasta la mesa tras coger algo de beber sin dejar de mirarla.

Otra vez lleva uno de esos vestidos que me hacen desear quitarme la camisa y ponérsela para que nadie devore con los ojos sus curvas. No lo haré, pero, joder, ese vestido rojo me está matando.

Lleva la espalda al aire y es lo suficientemente corto para cubrir apenas su trasero.

—¿La idea del vestido es tuya? —le digo a Gretel.

—Por supuesto, he comprado vestidos para todas.

Gretel sonríe feliz, aunque no le veo buena cara. Algo no va bien en ella, aunque por lo que sabemos come bien. Temíamos que fuera eso, y la estuvimos vigilando tras las comidas. Pero ahora está comiendo y no se va corriendo al aseo.

—¿De qué se cree Dakota que está hablando con ese hombre?

—De carreras de caballos, es entrenador.

—Él se la quiere follar.

—¿Verdad? Se lo dije, pero dice que no. Que se conocen de un evento y que es buen entrenador. Le está devorando las tetas y no la mira a los ojos.

—No, no lo hace.

—A ver cuándo se da cuenta Dakota. Parece mentira que haya vivido sola, muchas cosas no las pilla.

—Tal vez piensas eso porque tú has vivido desde muy pequeña cosas que no deberías.

—Seguramente. —De nuevo noto algo duro en su mirada. Miro a Bonnie, que habla con Darren pero sin apartar los ojos de su hermana.

Algo no va bien con esta.

Gretel coge a Lars para bailar. Meissa lo anima y Saril coge a su nieto.

—¿Qué pasa con Gretel? —digo a las claras.

—Está cada vez más delgada —me dice Bonnie—. Hoy se ha probado unos pantalones cortos y se le caían. La veo comer, come a todas horas. No sé dónde está el problema.

—Parece muy feliz —añade Meissa—. Nadie es así de feliz si no oculta algo.

Los tres miramos a Gretel y luego a Dakota, que sigue hablando con el entrenador que le está devorando las tetas con la mirada. Y no se da cuenta. Dakota lo mira emocionada, seguro que hablan de caballos.

Entonces él se le acerca al oído y Dakota le cruza la cara.

—Bueno, se ha dado cuenta al fin —añade mi prima.

Dakota nos mira furiosa y cuando viene hacia nosotros cojeando se le llenan los ojos de lágrimas.

Quiero levantarme y cogerla en brazos. Odio cómo la miran.

Cómo la hacen sentir de menos. Y me duele, porque a ella le afecta.

No lo hago porque esto lo tiene que superar.

Aceptar que esa cojera no habla de la gran mujer que es.

—El cerdo me ha dicho que puede hacer una excepción y follarse a una coja.

—¿Puedo matarlo? —digo, y me pone una mano en el brazo cuando se sienta.

—No, le he dado muy fuerte. Le he reventado las narices. —Se ríe orgullosa.

—Esa es mi chica —le digo, y le doy un apretón en la pierna.

—¿De verdad no te has dado cuenta de que solo quería follar? —Bonnie se ríe por la cara de Dakota.

—No, ¿vosotros sí? —Asentimos los tres—. Qué pava soy.

—Inocente —le dice mi prima.

Dakota coge mi bebida y bebe. No lleva nada de alcohol. Por el trago que le da adivino que le gusta. Meissa se levanta para bailar y Bonnie, igual. En la mirada de Dakota veo el deseo de hacer eso. De poder bailar sin que le moleste la rodilla.

—Podrás hacerlo —digo mirando la pista.

—Sí, por norma general no me da tantos problemas. Me estoy exigiendo mucho.

—¿Merece la pena?

—Sí. Quiero saber qué se siente, al menos una vez. Solo una vez.

—Pues hazlo, y cuando sean las fiestas en el rancho Landry y Bennet, bailaremos juntos.

—¿Ahora las hacéis juntos?

—Sí, entre las dos haciendas había un terreno que no usábamos y este año lo haremos ahí. Hay espacio para los que vienen de acampada y para colocar todo.

—Me gusta que los dos ranchos se unan de nuevo.

—Y a mí que mi sobrino crezca en este ambiente.

—Ya lo adoras. Seguro que le has hecho algo de madera. —Aparto la mirada—. ¿El qué?

—Estoy trabajando en un caballito de madera…, pero no me gusta. No es perfecto. —Bebo y me quita el vaso de las manos, luego me besa lentamente.

—Creo que la perfección está sobrevalorada, ¿verdad?

—Si lo dices por ti, eres perfecta, Daki.

—Ya, bueno, hasta que me levanto y cojeo. —Aparta la mirada—. O hasta que me rechazas para no hacerme daño…

—Daki…

—Solo quiero ser normal. Y ya no tengo dieciséis años, deja de buscar excusas, Tyre. Me hacen sentir que no me deseas tanto como dices.

—No quiero hacerte daño.

—Me lo haces si piensas en mi rodilla antes que en lo mucho que me deseas.

—Solo quiero que sea perfecto para ti…

—¡Da igual eso! Solo quiero…, solo quiero dejarme llevar y vivir. Aprender a vivir con lo que me ha tocado. Contigo, con mi trabajo, con todo. —Se levanta—. Voy a por algo de beber.

Se marcha y cuando cojea pone mala cara.

Ella solo ve eso, yo veo a una mujer sexi, preciosa y que me desea, que se aleja porque la rechazo.

Lo que no entiende es que no quiero que se acueste conmigo solo porque no quiere pensar en nada.

Quiero que, si pasa, sea porque me desea tanto como yo a ella.