Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 26. Dakota
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Capítulo 26. Dakota

Dakota

Despierto sintiéndome muy mojada entre mis piernas, como si acabara de tener un sueño húmedo.

Un brazo me aprieta y algo duro presiona mi sexo.

Poco a poco soy consciente de que estoy en los brazos de Tyre, y que está dormido a mi espalda.

Su cuerpo duro presiona contra el mío y, aunque llevamos ropa, soy muy consciente de él.

Me muevo y su polla queda situada de forma que presiona contra mi clítoris.

Gimo y gruñe en sueños.

—Joder —dice cuando se da cuenta de la situación. Muevo mi cuerpo y me froto contra él—. ¿Te gusta?

—Sí.

Baja mis bragas y su pantalón hasta que tengo su duro pene entre mis pliegues. Sube la mano hasta mis tetas y me pega más a él.

—Úsame, preciosa.

Noto su polla dura restregarse contra mi zona más sensible. Echo la cabeza hacia atrás y muevo mi cuerpo notando como acaricia mi sensible clítoris. Esto es demasiado.

—Me estás empapando.

—Te gusta que lo haga…, y más cuando estés dentro de mí. Te necesito…

—No hasta saber cómo va tu rodilla.

—Ty…

—Vamos, cariño, córrete con mi polla. Me la estás empapando.

Tira de mis duros pezones con sus dedos mientras busco el ritmo perfecto para moverme sobre él y correrme. Tyre gruñe, perdido en estas sensaciones. No dejo de moverme hasta que me corro y él me sigue. Noto su semen caliente sobre mi sexo y eso prolonga mi placer.

Me muevo restregando su esencia por mi cuerpo y Tyre gruñe.

—Joder, si haces eso no me voy a calmar en la vida.

Me río.

—Buenos días, Tyre.

—Buenos días, preciosa.

Me besa en el cuello. Luego se mueve para coger algo con que limpiarme antes de subirme las bragas.

Salimos de la cama y propone desayunar juntos.

Voy a mi cuarto para darme una ducha y calmarme un poco.

Dormir con él y despertar entre sus brazos ha sido increíble, pero necesito un momento para recordarme que solo somos amigos que están apagando un fuego que iniciamos hace años.

***

Bajo a desayunar y veo que Tyre lo ha preparado todo fuera, en la zona privada del jardín.

Al verlo, mis latidos se disparan, y más cuando se gira y me mira con una dulce sonrisa.

No puedo evitarlo y cojo su cara entre mis manos para besarlo.

Devoro su boca mientras él pone sus manos en mi cintura y me atrae a él.

El deseo que siento por este hombre me va a matar como no hagamos algo rápido.

—Daki —acaricia mi espalda—, vamos a desayunar. —Divertido, me besa en el cuello.

—Cobarde.

—No soy cobarde, has entrado aquí cojeando mucho y tienes una carrera importante.

Me siento y pone frente a mí una silla pequeña para que pueda tener la rodilla en alto.

Tyre pensando siempre en todo. ¿Cómo pude dudar de él?

Nunca me dio motivos para pensar mal. Me cuidaba.

Me mimaba, y era el mejor novio del mundo.

Tal vez esto lo he descubierto con los años.

Con otros hombres que nunca le llegaron a la altura del zapato.

Y volviendo y viendo la realidad. Dejé que mis mierdas y mis inseguridades me alejaran de él.

Qué mala es la mente cuando quiere destruirte.

—¿Vas a ir al puesto?

—Me toca ir. Meissa no puede estar tantas horas de pie. El médico le ha pedido que no esté de baja, pero casi.

—¿Pero todo va bien?

—Sí, solo que la noto muy nerviosa. Psicológicamente, mi prima tiene un miedo atroz a que este embarazo no llegue a término. Y la notaron tan nerviosa que le han dicho que se relaje y no se estrese con el trabajo.

—Cuando has tenido un aborto estas cosas pasan. Una compañera de trabajo pasó por esto. Luego nació su hijo y tuvo depresión posparto.

—La mente de la mujer cambia mucho cuando se queda embarazada.

—¿Has estado investigando? —Se sonroja.

—Es mi prima. Tengo que saber qué está pasando.

Lo miro mientras toma el café. Este hombre va de duro, de que nada le importa, y no es así. Conmigo fue igual. Aprendió a dar masajes para que no me doliera la rodilla. Y seguro que ahora está estudiando cómo ayudar a su prima.

Tyre no ha cambiado, siempre fue un hombre increíble que dio con personas que no ahondaron en él.

Hablamos de cómo va todo en el puesto y mira el móvil más de una vez. Sé que se ha quedado un poco más de lo que debería por mí. Al acabar, no me deja recoger nada, me hace sentarme en el sofá y baja mi lector y mi último libro.

Prepara agua y algo de comer. Miro todo con los ojos llenos de lágrimas.

—Voy a darte un masaje antes de irme.

Se arrodilla y quita mi rodillera antes de poner la crema. Cierro los ojos y trato de contener las lágrimas. Al final no puedo, me salen como sollozos.

—¡Eh! ¿Qué pasa? —Se sienta a mi lado y me abraza—. ¿Qué pasa, cariño?

—No vi la verdad. A pesar de que pensaba que te conocía mejor que nadie…

—Tenías que irte para entenderlo.

—Pero hemos estado diez años separados.

—No somos los mismos. Y eso no hubiera pasado si te hubieras quedado, ya te lo dije.

—Tú sigues siendo increíble, y yo…

—Eres más fuerte. —Lo miro y veo la seguridad en sus ojos—. Eres imbatible. —Sonrío.

—Eso dice Gretel.

—Porque es verdad. Toda esta mierda tenía que pasar. No sé por qué, pero tenía que pasar, y ahora solo puedes seguir adelante siendo más fuerte o quedarte anclada…

—De nuevo. Eso lo hago de maravilla.

—Ahora sabes qué pasa si no avanzas.

—Ya. —Le suena el móvil—. Vete ya, estaré bien, y esta tarde iré con las chicas para bajar luego a las fiestas un rato.

Duda, pero al final asiente y se marcha. En cuanto lo hace noto como si se llevara todo el calor. Al fin y al cabo, el frío dicen que no existe, que es la ausencia de calor. Y él siempre fue mi sol. Cuando no lo tengo cerca… solo queda frío.

Y sé que es por mi miedo a fastidiarlo todo de nuevo.