Capítulo 24. Tyre
Tyre
Vuelvo a mi casa a darme una ducha y cambiarme para las fiestas del pueblo.
Dakota no estará. Está con sus amigas eligiendo qué ropa ponerse para torturarme.
Lars y Darren me han avisado de que Gretel ha puesto al día a su hermana, y Saril andaba cerca.
Con lo que ahora mismo debe de saberlo mucha más gente.
Ya me da igual. Hablar van a hablar siempre, pero mandé un mensaje a Dakota para avisarla.
Enciendo la luz y veo en el salón el lector de Dakota encima del libro que lee. Lleva dos en danza. Antes odiaba leer más de un libro a la vez, y ahora la he visto alternar. Cada cosa nueva que descubro de ella me fascina y las quiero conocer todas.
Lo que no sé es cómo el sexo puede no complicarlo todo, pero sí es cierto que, si no soy yo mismo a su lado, repetiremos el error de hace años, cuando por miedo nos alejamos el uno del otro.
Voy hasta mi cuarto y veo sobre la cama una camisa azul con una nota:
Ponte esta, que es la que más resalta tus ojos.
Cojo el móvil y le escribo.
Tyre: ¿Yo también puedo ayudarte a elegir la ropa?
Dakota: No, porque seguro que la que llevo puesta no te gusta. O sí… ¿Te molesta mucho que otros me miren las tetas?
Tyre: Miedo me da.
Dakota: Tranquilo, solo quiero matarte a ti de un infarto :P
Tyre: ¿Esperas que eso me relaje?
Dakota: Puedes mirar las redes de la miss , lo está publicando todo.
Voy a las redes de Gretel y veo varios vídeos en sus historias.
Salen cenando en el jardín. Dakota está bebiendo algo que parece agua.
Luego dicen que se van a arreglar para las fiestas.
El siguiente vídeo es de Gretel bajando por la escalera como si estuviera desfilando.
Luego Bonnie la imita poniendo caras. Se nota por sus mejillas que está contentilla.
Meissa lo hace fatal, y Dakota dice que ella no piensa ser la miss coja.
No se la ve del todo, solo su brazo. Gretel la pellizca.
Ella es mucho más que eso. Joder, eso no lo han cambiado los años. Sigue viendo solo eso de ella, y sé que quiere usar lo nuestro para no pensar en todo eso. En todo lo que es volver como entrenadora.
Gretel les hace un vídeo y veo el vestido de Dakota. Madre mía.
Lleva un vestido negro cogido al cuello, con un escote hasta el ombligo. No se le ven las tetas de milagro, pero cada vez que se mueve se le ve el contorno.
No hay más historias.
Me doy una ducha y me pongo unos vaqueros negros y, sí, la camisa que a ella le gusta. Salgo a por mi camioneta sin poder dejar de pensar en ese escote. Madre mía. Estoy perdido. Va a matarme… si no cedo a lo que siento.
Dakota
Miro mis tetas para comprobar que siguen en su sitio. Gretel me pegó algo para que la tela se quedara sujeta. Aun así, ir sin sujetador hace que me sienta medio desnuda. Tyre no ha comentado nada de mi modelito.
Me gusta provocarlo, hacer que no piense en otras cosas. Ni yo tampoco.
Como en la rodillera de mi pierna, que me han aconsejado llevar. Tyre me dejó descansar, pero luego me mandó a Damian para que me mirara.
Así que llevo un precioso vestido y una cojera. Cuando se me acaba la copa voy hasta la barra. Odio cómo me miran cuando no ando con elegancia.
Para mi desgracia, quien está en la barra es una de mis antiguas compañeras de clase. Una de esas que se creían las mejores, Mar.
—Anda, Dakota, tú cojeando por aquí. —Sí, siempre me decía eso.
—No puedes evitar que la gente sea imbécil —Tyre se pone a mi lado y me acaricia la espalda—, pero sí puedes lograr que esos idiotas no te afecten. Eso sí está en tu mano.
Tyre cierra su abrazo y me acaricia el estómago desde detrás. Tiemblo a su lado y, por la mirada de Mar, sé que le jode verme con él.
—Se me ha quitado la sed, prefiero comerme tu boca —le digo a Tyre, y me giro para tirar de su corbata de cowboy y besarlo.
Andamos hasta la mesa de nuestros amigos tras un beso de todo menos inocente. Estoy ardiendo por este hombre y como no haga algo pronto, no sé cómo voy a sobrevivir a lo mucho que lo deseo.
—No me importa que me beses para joderla, pero algún día tendrás que ser más fuerte que ellas.
—Iba a responderle.
—Eso esperaba, sí, pero no dijiste nada.
Repito la escena en mi cabeza y, sí, me quedé quieta. Pensando qué decir, pero sin decir nada. Todo pasó muy rápido y a la vez muy lento.
Llegamos adonde están nuestros amigos y Tyre va a por algo de beber a otra barra. Donde hay otra chica que se lo come con los ojos. Normal, esa camisa le queda increíble y hace que sus ojos aguamarina parezcan más azules que verdes.
—Menudo beso.
—Era para callar a una zorra —respondo a Gretel.
—Pues por su cara de mierda lo has logrado —esto lo dice Meissa.
Una rubia muy guapa se acerca a Tyre, le pregunta algo al oído y él le da indicaciones. Luego le aparta la mano y señala mi mesa. Le dice a su vez algo él al oído que a ella no le gusta y se marcha.
Por la mirada de Tyre, sé que le ha dicho algo bonito de mí.
Darren trae comida y Lars se acerca con Robin, que no para.
Quiere ir con sus amigos y no deja a su padre cenar tranquilo.
A Lars no le gusta dejarlo solo, porque hay mucha gente y, aunque es más mayor, no ha olvidado cuando se perdió.
Me lo contó Meissa, y debió de ser horrible.
Su suegro se acerca y dice que él lo vigila, que ya ha terminado de cenar.
Se van con el niño a una zona donde están otros niños.
—Y pronto tendremos otro trasto igual —añade Lars—. Podemos con todo.
—Y si no, Tyre os ayuda. —El aludido me mira serio—. No me mires así, eres un niñero.
Gruñe.
—Puedo ayudar, pero por obligación —se defiende con una sonrisa.
Tyre y Meissa se miran con complicidad. Cenamos juntos y la orquesta empieza a tocar.
—¿Vas a bailar?
—No —respondo a Tyre mientras observo a mis padres bailar y darlo todo.
—¿Por?
—Me duele la rodilla, y si bailo seré el hazmerreír…
—Si eres feliz y lo pasas bien, ¿qué coño te importa quién te mire con envidia? A mí me encantaría bailar con la mujer más guapa del lugar. —Tyre se levanta y me tiende una mano.
Me muero por bailar con él, pero cuando miro a mi alrededor siento demasiadas miradas.
—Si no bailas con él, lo hará otra —me dice Gretel al oído—. Y tus tetas, desde su altura, seguro que le tientan y hoy follas.
Esto último lo ha escuchado casi todo el mundo, porque ha coincidido con el cambio de canción.
Acepto la mano de Tyre sonrojada, con Gretel riendo por todo lo que está bebiendo. Vamos hasta donde bailan los demás, y Tyre pone sus manos en mi cintura.
—Estás preciosa. Si ellos solo ven tus taras, no es casualidad.
—¿No? —Empieza a moverse despacio, para que mis pies lo sigan.
—No, lo hacen porque les jode que, a pesar de ellas, no dejes de deslumbrarlos.
—¿Eso crees? —Paso mis manos por su cuello y acaricio su pelo.
—Lo creo. Eres preciosa, lista, y me vuelves loco. Joder, me tienes en jaque mate desde que has decidido coger el toro por los cuernos y pedirme lo que quieres de mí y cómo.
—¿No te intimida?
—Cariño, de ti nada me intimida. Si quieres que te folle, que me lo digas me jode, pero me hace sentir orgulloso de la mujer en la que te has convertido, que no espera a que un idiota como yo se dé cuenta de las señales.
—Solo serás un idiota si me rechazas. —Se ríe. Apoyo mi cabeza en su pecho para que me sujete y no me duela la rodilla.
—¿Te duele mucho?
—Sí —admito—. Me tomé una pastilla, pero se está pasando el efecto.
—¿Nos vamos a casa?
—No. Pero necesito sentarme un poco.
Vamos hasta la mesa y Tyre no se separa de mi lado.
—Puedes ir a bailar.
—No. Me gusta estar contigo.
—¿Y no te fastidio la fiesta? —Miro a nuestros amigos bailar y disfrutar.
Tyre acerca su cabeza a mi cuello y me besa ahí. No dice nada, solo me sigue besando y luego me coge la cara con una de sus manos.
—No, mi fiesta es imaginar cómo voy a quitarte ese vestido en mi cama.
Noto como mi estómago da un vuelco.
—Eso quiere decir…
—Que si me juras que nunca, nunca te perderé como amiga pase lo que pase, soy tuyo para que me uses y no pienses en nada más.
—Admito que tenías razón y quiero usarte.
—Has cambiado, pero hace tiempo que aprendí a leer cada cambio en ti. —Aparta el pelo de mi cara.
Para mí estamos solos, no existe nadie a nuestro alrededor. Solo nosotros.
¿Prometer ser amiga de este hombre toda mi vida y tenerlo siempre a mi lado?
—Te lo juro.
Es el juramento más fácil que he hecho en mi vida, porque nada me ha dolido más que vivir sin él cerca.