Capítulo 21. Dakota
Dakota
Tyre abre la puerta y me quedo quieta. Su mirada es hambrienta y lo siento luchar contra sí mismo. Por eso lo ayudo apartando el pijama de mis pechos para mostrarle lo duros que están. Tyre se acerca hipnotizado.
—No debería estar aquí.
Bajo mi pantalón con las bragas. Estoy siendo atrevida, pero me da igual. Quiero tenerlo entre mis piernas. Lo deseo tanto que me duele. Y solo es deseo. Se apagará y tal vez podré seguir adelante, siendo solo esa amiga que lo amará a él y a nuestro recuerdo toda la vida.
Le tiro la ropa a la cara y la huele.
Su mirada es hambrienta, y más cuando abro las piernas y ve lo mojada que estoy.
—¿Te estabas tocando pensando en mí?
—Sí.
No necesita más. Acorta la distancia que nos separa y me devora la boca mientras su cuerpo se aprieta contra el mío. Noto como mi sexo se frota contra su vaquero. Está muy duro y cuando me retuerzo bajo sus brazos se pone mucho más.
—Me vuelve loco que me pidas lo que quieres. Que seas descarada. Joder. Me encanta este nuevo lado tuyo.
—Pues esta chica desea tu boca aquí. —Toco mis pezones y luego bajo por mi estómago hasta mi sexo—. Y aquí… ¿No te quedaste con ganas de averiguar a qué sabía?
Sus ojos verde azulados se oscurecen. Cuando me besa sé que no puede detenerse.
—Estoy sudado… —Lame mi cuello—. Estoy cansado… —Lame mi pezón con la punta de su lengua y doy un respingo en la cama. Luego clava sus dedos en la carne prieta de mi trasero—. Estoy hambriento de ti…
Lame mi estómago y luego baja hasta mi monte de Venus.
—Tyre…
—¿Te arrepentirás mañana?
—Esto no cambia quienes somos. Ni que no me iré de tu vida. —Meto la mano entre su pelo—. Tyre…, por favor…
—¿Te pierdes por mi lengua en tu sexo, cariño?
—¡Sí!
—Me encanta tenerte tan cachonda y abierta. Joder, creo que llevo soñando con este momento media vida.
Pasa los dedos por mi sexo y lo abre. Me explora con la mirada y con sus dedos. Me remuevo agitada. Excitada y ansiosa. Su aliento me acaricia antes de sentir su lengua pasar lentamente por todo mi sexo.
Joder, qué bueno es.
Abro más las piernas y emite un ronco gemido. Mete la cabeza más adentro y me devora. Siento su cálida lengua ir de un lado a otro e internarse todo lo que le da de sí en mi interior. La saca y la mete. Tiro de su pelo y luego de mis pezones duros. Alza la mirada y, cuando ve lo que hago, jadea.
—¿Te gusta, preciosa?
—Sí.
—¿Alguna vez alguien te ha hecho esto?
—Si cuenta cada desastrosa relación sexual que he tenido, sí; si solo cuentan las malas, no. Solo tú sabes cómo tocar mi cuerpo.
—Porque nadie te desea como yo. —Y tal vez sea cierto.
Nos hemos destrozado y, a pesar de todo, aquí estamos.
Pasa una de mis piernas sobre su hombro y entonces no me da tregua. Usa su lengua, sus dedos y sus dientes para reclamar mi sexo como nadie.
—Me encanta tu coño…, estás tan mojada.
Mueve la cabeza de forma que su barba incipiente acaricia mi piel más sensible.
—Tyre…, por favor…
—No he acabado contigo. —Su sonrisa es malévola y de nuevo se da un festín con mi sexo hasta que no puedo más.
Noto el orgasmo a punto, anidado entre mis piernas, listo para explotar. Mi cuerpo tiembla por mis ganas de dejarme ir. Mordisquea mi abultado clítoris y luego me lame en una lenta tortura.
Alza la mano y me tira de los pezones. No puedo más, pero no quiere acabar pronto. Quiere torturarme. Me da varios lametones deliberados por la zona donde más nervios tengo. Muevo el cuerpo follándole la cara con mi sexo.
—Tyre —mi voz suena ronca, no puedo más—. Necesito…
—Sé lo que necesitas.
Me gira en la cama y me mete una almohada bajo el vientre. Abre mi trasero y me toca ahí donde nadie lo ha hecho.
—¿Te han follado por aquí?
—No —le digo, y entonces me lame en esa zona inexplorada—. ¡Joder!
Lame una y otra vez y mete luego un dedo dentro de mi ano y otro en mi sexo. Los mueve de dentro hacia fuera. Son demasiadas sensaciones. Mis pechos están tan sensibles que cada roce con la sábana es demasiado.
—Tyre. —No me hace caso. Cambia los dedos de mi sexo por su boca y me devora mientras adentra otro dedo en mi trasero.
Se separa y me da un azote. Grito tan fuerte de placer que si hubiera alguien en la casa hubiera sido alertado por mis gemidos.
—Te gusta, ¿eh?
—Sí. Otro. —Me da otro azote.
—Me encanta ver tu culo moverse y sonrojarse…, no sabes cómo me pone tenerte así.
—Tócate, Tyre, córrete sobre mí…
—Eso es jugar con fuego.
—Tengo un DIU. Y llevo años sin estar con nadie.
—Daki…, me matas. —Me da un par de azotes más.
—Por favor. Quiero sentir tu semen caliente en mi trasero y que luego me toques hasta correrme.
—Madre mía, no sé si ahora no te prefiero callada. Antes me costaba menos controlarme. —Contoneo mi trasero para tentarlo—. Joder…
Lo escucho abrirse el cinturón. Lo miro y veo como libera su polla. Está dura y mojada. Sonrosada y lista para entrar.
—La quiero dentro —le exijo.
—No, cariño, tan lejos no vamos a llegar.
Mueve la mano de arriba abajo. Me encanta verlo hacerse una paja. Sube y baja la mano sin dejar de mirar mi sexo. Muevo el cuerpo adelante y atrás, me roza el trasero con la polla. Se tensa. Está sudando por contenerse. Dios, es tan guapo que me duele mirarlo.
—Te mueres por tocar mi trasero con tu polla.
—Joder…
—Tyre desarmado por una ex.
—Quién lo diría. —Me río y me muevo hasta que me rozo con él.
Se tensa y se mueve más fuerte. Su mano sube y baja. Llevo mi mano a mi sexo. Necesito tocarme o voy a llorar por las ansias. Me pilla y para.
—Ni se te ocurra —gimoteo.
Mueve su mano de arriba abajo hasta que se corre sobre mi trasero y noto su semen caliente caer sobre mi cuerpo. Jadeo y sin perder tiempo me frota el sexo como sabe que me gusta hasta que me corro. No deja de hacerlo hasta que los últimos coletazos se detienen.
—Madre mía.
—Ahora estás sucia —me dice, y busca algo para limpiarme.
—Tú también. —Salgo de la cama y tiro de él a la ducha—. Así ahorramos agua.
—¿Estás segura de que solo quieres ser mi amiga, Dakota? Porque lo mismo quieres matarme y esa es tu venganza.
—No seas tonto. Solo quiero ser tu amiga…, pero tal vez follar no esté tan mal. ¿No?
—No, eso no va a pasar.
Lo dice tan seguro que juro que quiero hacerle tragar todas sus palabras. No quería esto. Pero ahora no puedo parar. Necesito más…, aunque sea peligroso. No, solo es sexo. Somos amigos de esos modernos.