Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 20. Dakota
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Capítulo 20. Dakota

Dakota

Mi padre se pone a mi lado mientras vemos a Elba y Dilon correr. Yo hoy no he hecho nada. Me han aconsejado descansar la rodilla.

—Son muy buenos los dos.

—Sí, han mejorado a pasos agigantados.

—Eres muy buena entrenadora, hija.

—Ellos deberían correr.

—Dakota…

—¿A quién pretendo engañar? No aguanto toda la carrera.

Noto como algo me oprime por dentro. Solo quería una carrera. Solo una, pero mi cuerpo no me sigue. Mi alma de corredora se ve limitada por un cuerpo tullido e inútil.

—Deja de hacer lo que sea que estás haciendo. —Mi padre me da con el dedo en la cabeza.

—Mi vida era otra.

—Tu vida es esta. Todo lo que imaginabas nunca fue tu vida. Pero esto que está pasando sí es tu vida, y si la malgastas pensando en todo lo que podrías haber sido de no haberte caído, los años pasarán sin que te des cuenta de lo feliz que hubieras podido ser.

—Tú no lo entiendes.

—¿Que no lo entiendo? Yo te vi caer. Te vi caer y sentí que mi mundo se apagaba para siempre, y en ese instante solo pensé: que esté viva. Joder, y lo estabas, eso es un regalo.

—A un precio muy alto.

—Porque tú no eres capaz de avanzar. Mira lo que has hecho con estos muchachos en solo semanas, hija. Eres increíble como entrenadora.

No digo nada. Solo miro a los chicos correr, y saber que podía haber sido yo. Cepillo a los caballos al acabar los entrenamientos, porque necesito unos momentos a solas con ellos. Hablar con los caballos siempre me ha ayudado.

Hoy Gretel no ha venido, porque está en el puesto. Como Tyre. Meissa está en la oficina para evitar las horas de sol. Al volver a casa de Tyre la veo en la cocina metiendo fresas en crema de avellanas.

—Prueba esto.

Me lavo las manos y cojo un tenedor para mojar la fresa en la crema caliente. La llevo a mi boca un poco reticente. Las he probado con nata, pero no así. La degusto y… ¡me encanta!

—Creo que acabo de encontrar mi postre favorito. —Se ríe.

—Vi un vídeo de tiendas de fresas con mil tonterías por encima y he traído unas pocas del huerto de Saril. Son las más dulces.

—Y que lo digas. ¿No ha venido Tyre?

—¿Por qué te sonrojas al preguntar por mi primo? ¿Ha pasado algo? —Me sonrojo más.

—No.

—Ya, claro, y yo soy monja. Me lo tienes que contar todo. Nos llevamos esto al jardín y me lo cuentas.

Llevamos todo y luego voy a cambiarme y asearme antes de bajar. Cuando bajo se ha comido casi todas las fresas. No le digo nada, porque ahora come por dos. Cojo las que quedan y las meto en el chocolate. Enseguida pienso en Tyre, en si le gustarían.

—Vale, ahora ponme al tanto de todo.

Dudo, pero al final lo hago, porque necesito contarlo a alguien.

—Pero es solo atracción.

—Ya, claro, y yo no me moría por Lars cada vez que lo tenía delante.

—Ya, bueno, pero no va a pasar nada. Es mejor dejar las cosas así.

—¿Por qué?

—Cuando empezamos a salir empezamos a fingir —admito.

He tardado diez años en darme cuenta y me ha tocado volver y vernos bien juntos como amigos para entender la verdad—.

Yo estaba muy tocada por lo de mi rodilla y Tyre quería ser tan perfecto que forzamos las cosas.

No éramos nosotros mismos con el otro. Discutíamos mucho…

, a veces me costaba encontrar en él a mi mejor amigo, pero estaba tan loca por él que perderlo me destrozaba.

—Y tienes miedo de que ahora que como amigos sois perfectos, todo se joda.

—Sé lo que es no tenerlo y lo eché mucho de menos.

Antes de ser novios hablábamos casi a todas horas.

Le contaba cada cosa que me pasaba. Estaba enamorada de él, pero eso no era lo que más me atraía, sino que ante todo éramos cómplices.

Luego dudaba a la hora de mandarle mensajes, si no me respondía me daba ansiedad que fuera porque se había cansado de mí…

—Entiendo. Pero ten en cuenta que eras muy joven, y Tyre también. Y lo conozco lo suficiente para saber que no ha recibido mucho amor. Por eso tal vez no sabía cómo ser el novio perfecto.

—Lo sé. Estar aquí ha hecho que vea todo eso. Por eso quiero dejar todo como está.

—¿Y seguir con tu vida y él con la suya?

—No estoy pensando en eso ahora.

—Bueno, pero puede pasar.

—No quiero pensar en eso ahora —repito, y lo deja estar.

—Vale, pensemos en que mañana son las fiestas del pueblo. Nos vestiremos en mi casa y luego bajaremos al pueblo ultrasexis. Lo mismo encuentras a alguien con quien olvidar a mi primo, ¿no?

—Claro.

Miento, a Tyre no lo olvidaré nunca. Lo tengo metido en mi piel. Meissa se queda un rato y cuando se marcha, Tyre no ha regresado del pueblo. Cojo algo de comer y le dejo una nota para que pruebe las fresas con chocolate.

Cuando me pongo a leer imagino a Tyre tomando las fresas y sus labios llenos de chocolate. Lo quiero besar. Lamer y tocar…, que me toque sin ropa…, soy una amiga de mierda. Pero cuando meto la mano dentro de mi ropa interior nos imagino desnudos, sin miedo a dejarnos llevar.

Tyre

Llego a casa y veo una nota de Dakota en la puerta de la nevera. No tengo ganas de comer fresas. Estoy muy cansado.

Subo a mi cuarto tras coger agua fresca. Al pasar por su puerta escucho un gemido amortiguado. No puede ser…

Ando sin hacer ruido y escucho sus gemidos, pero desde lejos; debe de estar mordiéndose la boca para no delatarse. Joder, noto como se me pone dura solo de imaginarla.

No sé cómo, pero abro la puerta y la veo sobre su cama, iluminada por la tenue luz de la mesita, con el escote medio abierto y la mano dentro de su pantalón.

Ando hasta ella antes de plantearme todas las razones por las que esto es una pésima idea.