Capítulo 19. Tyre
Tyre
Meissa está a mi lado en el puesto y parece ir en una nube. No deja de acariciarse la tripa y dar pequeños saltitos. Su padre viene a media mañana con su mujer y trae algo de almuerzo.
—Tienes que cuidarte —le dice el hombre, visiblemente feliz por la noticia de ser abuelo otra vez.
—Me estoy cuidando. —Por la mirada de mi prima pasa miedo.
—Todo irá bien, cariño —le dice su madrastra, y le da un apretón cariñoso en la mano—. Ahora disfruta del embarazo, que luego todo es como subirte en una montaña rusa sin frenos. —Meissa se ríe.
—Vamos a recoger nosotros a Robin de la escuela de verano. Se queda en casa a comer y luego lo llevamos a la piscina del pueblo con sus amigos.
—Vale, nosotros intentaremos ganar a la miss . —Meissa mira a Gretel, que hoy se ha puesto un vestido corto rosa de lentejuelas y tiene un montón de gente. Solo quien compra tiene derecho a foto con ella en un photocall muy chulo que han puesto.
—Podéis ir en bikini y poneros coronas —bromea el padre de Meissa.
—Sí, una preñada y un hombre fuerte al que seguro que se le salen los huevos. —Meissa se ríe y luego me mira—. Estoy embarazada y este pueblo es muy cotilla. Papá, haz correr la voz de que a quien me compre algo le enseño la ecografía. Un bebé vende más que una Miss Universo.
Al poco tenemos a todos los cotillas del pueblo queriendo comprar lo que sea para ver la foto y si compran mucho, Meissa les dice una curiosidad al oído. A la hora de la comida, Gretel y Bonnie entran en nuestra caseta con su comida y la comparten. Nosotros hacemos igual.
—No puedo competir con un bebé. —Gretel mira divertida a Meissa—. Bien jugado.
Gretel, a pesar de todo, no es competitiva. Se toma la vida sin prisas. Lars me dijo que están preocupados con ella por la comida. Por eso la miro comer y espero que no diga que va al aseo. No lo hace, y eso relaja a su hermana. Poco a poco.
No tiene que ser fácil la vida que ha llevado. Nosotros solo vemos el brillo de la corona, pero esta joven ha sido modelo toda su vida. He visto fotos de ella de niña y daba miedo, con los postizos y el maquillaje.
Cuando regreso a mi casa es tarde y me toca quedarme a trabajar en el despacho. Dakota está en casa, porque le escribí para ver cómo había ido el día y me dijo que bien, que estaba viendo una serie. Que había pasado por su cabaña a ver cómo iban las obras.
Podrían ir más rápidas, pero puede que yo haya pagado para que solo trabajen unas horas y ella se quede un poco más en mi casa.
Estoy cansado de revisar correos y facturas cuando escucho pasos fuera que van hacia la cocina, si no me equivoco.
Apago todo para acostarme. Paso a ver si está bien, por las horas que son.
Entro a la cocina y me quedo de piedra en la puerta al verla solo en ropa interior.
Una ropa interior sencilla. De color negro, pero eso no cambia que su cuerpo me llama, me tienta y me hace ansiar cosas prohibidas.
Tenso la mandíbula y pienso en irme cuando veo que le tiembla la mano mientras se pone agua fresca.
Voy hasta ella y me olvido de todo salvo de que ella esté bien.
—Tyre… —Se sobresalta al verme. Tiene el pelo mojado por el sudor y la mirada perdida.
—¿Qué pasa?
—Fui esta tarde a ver cómo iban las obras de la casa… y cuando vi la cabaña… Bueno, recordé que casi no lo cuento. No quiero pensar mucho en ello, pero al verlo me entró angustia y me he despertado por una pesadilla en la que soñaba con el fuego. Esperaba que el agua fresca me calmara.
—No puedes volver a esa casa.
—No hay otra casa.
—Está la mía. De todos modos, he pagado para que tarden más en arreglarla.
—¡Tyre!
—Me gusta tenerte aquí.
—¿Y si vivir juntos solo complica nuestra amistad?
—No, no lo hará. —Niega con la cabeza.
—Eres un cabezón.
—Habló. —Sonríe un poco—. ¿Necesitas algo más?
—No sé si podré dormirme en este estado. Necesito relajarme.
—¿Y si te hago leche caliente?
—Estoy ardiendo, Tyre… No, eso no me calmará.
La miro y esta vez sí me fijo en su escasa ropa. En su cuerpo perlado por el sudor y su piel cremosa expuesta a mi vista.
—¿Y si yo pudiera hacer algo, como amigo, que te calmara?
—¿Ese algo incluye algo parecido a lo de la escalera? —Que me conozca tan bien no me asusta. Me gusta saber que ella, con solo mirarme, sabe lo que pienso.
—Sí.
—Tal vez eso sí me calmaría, si luego te quedas hasta que me duerma.
—¿Y si lo complica todo?
—Tyre, somos amigos. Los amigos se ayudan a dormir. —Me río y ella conmigo.
Voy a decir algo, pero de nuevo me desarma cuando aplasta su menudo cuerpo contra el mío y me besa. Dudo un solo segundo en tomar el control y perderme en ella. La deseo demasiado y no besarla es como vivir sin aire cada puto segundo del día.
Subimos por las escaleras sin dejar de besarnos. Cuando llegamos a su cama, mi camiseta ya no está y sus manos están recorriendo los contornos de mis tatuajes.
—Me encantan. —Lame la tinta en mi piel cerca de su cama, pero la aparto, duro como una piedra.
—Cariño, no…, esta noche es para ti.
—Te deseo, Tyre. —Apoyo mi frente en la suya.
—No sabes cómo te deseo, pero no quiero estropearlo. No quiero perderte por nada en el mundo. Ya sé lo que es vivir sin mi mejor amiga y no quiero eso nunca más.
—Ty… —Acaricia mi mejilla—. ¿Y si te juro que no me vas a perder nunca?
—No puedo. —La beso dulcemente—. Déjame que te dé algo para calmarte.
Busco su boca de nuevo y poco a poco se tumba en la cama. Quiero lamer cada centímetro de su piel. Tocarla hasta que se corra una y otra vez con mis manos y mi boca, pero tengo miedo. Estoy aterrado por vivir sin ella de nuevo.
Llevo diez años viviendo en un limbo esperando su vuelta.
Paso los dedos por sus pechos. Estos reaccionan a mi toque y se erizan. Joder, los quiero lamer…, no, sigo bajando hasta su sexo y la toco sobre la ropa interior.
—Dentro…
—No.
—Tyre…
—No me lo pongas más difícil. —Lamo su boca y no dice nada más mientras mis dedos se pasean por la mojada tela. El calor de su sexo hace que ansíe apartarle la prenda y sumergir mi cabeza entre sus muslos.
La toco por encima, como hace tantos años. Cuando pensaba que así no caía en la tentación de ir más lejos.
Nos devoramos la boca como antaño. Con hambre. Tira de mi pelo mientras yo subo y bajo los dedos por su sexo. Presionando en su clítoris y en su vagina. Quiero estar dentro de ella.
Froto su botón y noto como sus besos se hacen más urgentes y su respiración más trabajosa. Está cerca y me separo para ver cómo se corre entre mis brazos. Grita y jadea con la boca abierta e hinchada por mis besos.
Nunca me cansaré de verla así.
—Ty…
La beso y me pongo a su lado en la cama para que se duerma. Acaricio su espalda sabiendo que nunca podré estar íntimamente con una mujer; es ella o ninguna. Si antes lo sospechaba, ahora lo tengo claro.