Capítulo 18. Dakota
Dakota
Me duele mucho la rodilla y tengo que detener al caballo. Cuando bajo doy un traspié y no me caigo porque mi padre me sujeta.
—Te estás forzando demasiado.
No le digo nada, pero en dos semanas será la carrera y no estoy lista. No aguanto todo el recorrido. Me canso antes. Me duele la rodilla y me paro para no poner en riesgo a mi caballo.
Mi padre se lleva al caballo para atenderlo él y yo entro a la zona de personal. Agitada, doy vueltas por la sala. No quiero tener que tomar la decisión de decir «no puedo». No quiero. ¡Solo quería una carrera!
Noto el escozor de las lágrimas en los ojos.
Cuando me repongo salgo para seguir como si nada. Al acabar como con mis padres en su casa minúscula. Seguro que lo han hecho así aposta, para que no salga de la casa de Tyre.
—Necesito saber que no habéis apostado por que Tyre y yo volveremos a estar juntos. —Por cómo se miran sé que sí lo han hecho—. ¿En serio?
—Bueno, lo vuestro no ha tenido aún su final —añade mi madre, y deja más comida en la mesa.
Como con ellos sin dejar de pensar en sus palabras. No, lo mío con Tyre a nivel romántico se ha acabado. Ya no queda nada de nada…
Por eso cuando lo tengo cerca siento que todo cambia de color. Es porque lo deseo, punto.
***
Por suerte para mí no lo veo casi por el puesto. Lo positivo es que Meissa está bien y el bebé de tres meses, también. Tenía tanto miedo de enfrentarse a otra prueba negativa, que había estado retrasando el momento. Pero ahí está, un nuevo Bennet Landry creciendo para venir a la vida.
Tyre ha puesto una copia de la ecografía en la nevera. Es lo más adorable que he visto en mi vida de alguien como él. Yo siempre vi a ese hombre dulce y cariñoso, pero el resto del mundo solo vio al mujeriego…, y al final yo también.
Cojo la foto, le hago un marco y le pongo imanes. No se me dan bien las decoraciones, pero me gusta cómo ha quedado mi manualidad.
Tyre entra y al verme en la cocina se acerca.
—Es una tontería. —Me aparto de la nevera y cuando lo ve pasa los dedos por la foto.
—Es preciosa, Daki. —Me besa en la mejilla. Luego acaricia mi brazo.
Nos miramos con hambre. Un hambre que nos consume a los dos. No sé cuánto tiempo podremos evitar que esta fuerza nos consuma.
—¿Has llorado? —Se pone serio.
—Solo estoy cansada…
—No me mientas.
—Vale, tuve que parar el entrenamiento y me duele la rodilla.
—Voy a darme una ducha y te doy un masaje. Aprendí a hacerlo para ti. ¿Te acuerdas?
—Sí.
No he olvidado nada de lo que vivimos juntos. Por eso sé que como amigos éramos como ahora. Perfectos. Pero cuando nos hicimos novios… nos destrozamos por las dudas y los miedos que los dos acarreábamos.
***
Espero a Tyre en el sofá. Cuando baja huele al jabón que usa para la ducha y a champú.
El pelo lo lleva húmedo sobre su frente.
Se sienta a mi lado mientras yo hago todo lo posible por no devorarlo con la mirada.
Se ha puesto un pantalón de chandal corto y una camisa blanca.
Se sienta y coge mi pierna para ponerla sobre la suya.
Saca un bote de crema del bolsillo del pantalón.
Me echo hacia atrás en los cojines y dejo que haga su magia.
Sentir sus manos en mi piel es demasiado. Sigue siendo igual de bueno. Me encanta cómo lo hace y ronroneo como una gatita en celo. Mierda. Cuando abro los ojos y lo miro, me está observando divertido.
—No te cortes.
No deja de hacerlo y muerdo mi boca para no gemir. Deseo a este hombre más que respirar. Esto no puede ser sano.
—Creo que ya está mejor —le digo tras un rato.
—¿Segura?
—Sí. —Me siento y lo miro—. ¿Cómo han ido las cosas en el puesto?
—Bien cuando Gretel se fue. —Sonríe con cariño—. Es duro competir con una Miss Universo y su corona.
—Pues sí, lo es.
—¿Por qué has llorado? —No me sorprende su pregunta; Tyre no lo iba a dejar pasar.
—No sé si podré correr la carrera de exhibición. La rodilla me duele más de lo que esperaba.
—Aún queda un poco…
—A partir de los mil metros me duele más. Y la carrera es de dos mil metros. No estoy lista y me duele aceptarlo.
—Aún quedan días, no te rindas.
—Y eso que no querías que corriera.
—Me aterra que te pueda pasar algo malo. —Se me corta la respiración por cómo lo dice—. Pero mis miedos no pueden hacer que tú no seas feliz.
—Gracias, es importante para mí. Y ahora es mejor que comas algo y te vayas a la cama.
—Comí algo en el puesto, me voy a dormir. ¿Te quedas?
—Voy a ver un poco la tele.
Asiente y se marcha, y no dejo de mirar su culo hasta que desaparece. Soy una amiga de mierda, lo admito.