Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 15. Tyre
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Capítulo 15. Tyre

Tyre

No doy pie con bola en todo el día. No dejo de trabajar, aunque los fines de semana suelo tomarme un descanso.

Y todo por ese beso y su mano guiando la mía hasta su sexo.

La Dakota que yo conocí nunca tomó la iniciativa; me pedía que hiciera más, pero no tomaba las riendas.

Le daba miedo decir exactamente dónde quería mis manos y mi boca.

Aunque le decía que me dijera qué le gustaba, no lo hacía.

Lo intuía por sus gemidos y sus respiraciones más aceleradas, o por suplicarme más.

Pero ayer me besó y me guio hasta su sexo.

Joder, su aterciopelado sexo. Me costó mucho no sentarla en la escalera y lamerle cada gota de su placer.

Me costó la vida no llevarla a mi cuarto y follarla ansiando borrar a cada hombre que haya tocado su cuerpo.

Intento arreglar algunas vallas hasta que me cabreo cuando me corto en la mano.

¡Joder!

Soy incapaz de pensar en algo que no sea su boca, o su cuerpo.

Le he dicho que no pasa nada, que esto no cambia nada. Pero lo cierto es que no sé si tengo poder para frenarlo.

Soy muy débil ante ella y solo el recuerdo de cómo lo jodimos todo y la perdí hace que me centre y no pierda los papeles.

***

Al llegar a mi casa estoy reventado. Entro y huele a vainilla. Miro hacia la cocina y cuando voy a ella encuentro varias cosas hechas. Desde bizcochos hasta mermeladas.

Busco a Dakota entre todo esto y la veo en la despensa, comiendo una galleta.

En cuanto me ve, nuestras miradas van a la boca del otro. Se sonroja y recuerdo su cuerpo agitado mientras se corría entre mis brazos.

—Tyre…

—¿Estás nerviosa, Daki?

—Bueno, tenía miedo de haberte perdido otra vez. —El miedo en sus ojos me destroza.

Voy hasta ella y cojo su cara entre mis callosas manos. Me muero por besarla, pero su amistad, tenerla en mi vida para siempre, vale más que todo lo demás.

Le doy un beso en la frente que me sabe a poco.

—Voy a ducharme y podemos comer algo de todo esto en la zona privada del jardín, escuchando música mientras me pones al día de tu vida.

—Me gusta el plan.

Subo a darme una ducha y cuando regreso ha sacado varias cosas al jardín, donde ha encendido velas y las luces tenues.

—Si no te conociera creería que quieres seducirme de nuevo. —Muerde su boca.

—Sobre lo de ayer…

—No quieres joder la amistad.

—No. Y el deseo se apaga.

Joder, pues el mío por esta mujer lleva ardiendo diez años. Por cómo me mira sé que está pensando justamente eso. Tomo aire y me siento en el sofá de dos plazas. Ella se sienta en el otro y se unta crema de cacao en el bizcocho tras servirnos limonada.

—Es una cena un poco diferente —añade tras comerse el bizcocho.

Se chupa los dedos y sigo cómo lo hace. Cómo su lengua lame la crema. De golpe me aprieta la cremallera de los vaqueros.

—Está todo muy bueno.

—Mañana iré a comer a casa de Darren y les llevaré cosas. ¿Vas a ir?

—Si no voy, me buscan por todo el rancho hasta llevarme de los pelos. —Se ríe.

—Son ahora tu familia.

—Sí.

—Es bonito eso. Me alegro por ti —lo dice de verdad. A pesar de todo, mi felicidad la hace sentir bien.

—Bueno, ahora estás aquí. Lo mismo tú consigues lo mismo.

—Sí…, no vine para quedarme, pero ahora no me veo en otro lugar. —Siento alivio porque no se quiera ir—. ¿Te importaría si me quedo?

—Me gustaría que lo hicieras. Tu casa está siendo restaurada…, pronto podrás tener tu espacio.

—Y tú, tu libertad.

—Claro.

Cojo algo de comer sabiendo que me encanta cómo es esta casa con ella viviendo bajo el mismo techo. Parece un hogar de verdad.

—Cuéntame qué has estado haciendo en estos años.

—Cuando me fui de aquí, me puse a estudiar un curso de Técnico en Deportiva Hípica, y a la vez trabajaba en un club de carreras. Cuando acabé hice otros cursos: primeros auxilios, anatomía biomecánica del caballo, nutrición, comportamiento del caballo…

—¿Y también trabajabas?

—Sí, pero en otro club. Quería coger experiencia en varios centros. —Se muerde la boca.

—Me estás ocultando algo. —Da un trago a su limonada.

—Estuve saliendo con un compañero del club. La cosa no salió bien, porque no conseguía sentir nada por él. Lo dejé y no se lo tomó muy bien, fue un capullo y me marché. Fin de la historia.

Asiento, porque no puedo hablar. No me gusta imaginarla con otros.

Saber que otros se enterraron entre sus muslos.

Que la tocaron, la besaron y le hicieron daño.

Me cuenta que tampoco le salió muy bien en el siguiente club donde estuvo, porque el hijo del dueño la tomó con ella porque le rechazó tener una cita.

—Has pasado sola mucho tiempo.

—Sí. Pero eso me permitió disponer de mucho tiempo para estudiar y para los caballos. ¿Y tú qué tal?

La pongo al día de todo y de cómo conocí a Meissa.

Acabamos hablando de las fiestas del pueblo y de que tengo que ir a montar el puesto.

Se nos hace tarde hablando y contando anécdotas de nuestra vida separados.

No me habla de más hombres con los que ha estado, no lo quiero saber.

Me duele mucho imaginarla con otros y también que ella evite preguntarme.

No sé dónde nos deja eso, si solo estamos salvando nuestra amistad.

Al irnos a la cama subimos juntos por la escalera donde volví a saborear su boca y toqué su cuerpo lo suficiente para saber que soy adicto a esta mujer. Por su sonrojo adivino que ella también está pensando dónde estuvieron mis manos.

Ir a mi cuarto como si nada me cuesta horrores, pero solo, joder, solo no dejo de recordar su cuerpo bajo mis manos y su cara cuando se corrió con mis dedos.