Capítulo 14. Dakota
Dakota
Voy temprano a la piscina, donde efectivamente no hay nadie, como me dijo Tyre, y por la tarde hago ejercicios en el gimnasio de Tyre y en el jacuzzi .
Además estoy formando a mis dos nuevos jinetes, porque, sí, ahora tengo dos.
Un chico y una chica, Elba y Dilan, los dos de dieciocho años.
Y van a ser grandes. Al mirarlos es como si me viera a mí.
Y me siento feliz, pero a la vez es doloroso saber que un día serán todo lo que yo solo pude soñar.
Hasta ahora he sido entrenadora, pero bajo el control de otros más profesionales. Es la primera vez que yo soy la jefa, quien lleva las riendas. Quien los guía y los forma. Fue idea de Meissa que, si no conseguíamos buenos jinetes ya formados, empezáramos de cero con gente joven.
Ahora me estoy arreglando para salir con Gretel. Está contenta, porque vamos a cenar con las chicas y luego iremos a un pub que tiene karaoke y quiere cantar. Y es la primera vez que la he visto tímida. Ella, que siempre se come el mundo.
Me miro al espejo sin saber si es demasiado esta falda tan corta y este top blanco atado al cuello. Gretel me avisa que está abajo y no tengo tiempo de cambiarme. Me pongo las botas y, tras pintarme los labios de rojo, bajo las escaleras hacia la puerta.
—¿Te marchas? —Me giro y a veo a Tyre venir de su despacho. Al verme recorre mi cuerpo con la mirada. Al llegar a mis ojos parece tenso—. ¿Has quedado con alguien? —Su voz es dura y, aunque quiere parecer calmado, lo conozco lo suficiente para saber que no le hace gracia.
—Con Gretel y las chicas. —Su mirada se suaviza.
Que le moleste que tenga citas me gusta más de lo que debería.
—Ah, yo bajaré luego a tomar algo con los chicos. Nos veremos. —Le digo que sí. Ninguno de los dos se mueve—. Estás preciosa, Dakota…, los años te han sentado bien.
Se gira para irse mientras yo siento que el corazón me va a estallar de lo rápido que me late. Voy hasta el coche de Gretel donde están Meissa y Bonnie repitiendo sus palabras una y otra vez.
***
—Antes quedábamos con Delfina, la mujer de Ehud —comenta Bonnie en la hamburguesería.
—Ehud me suena de cuando vivía aquí. Mi padre decía que era bueno.
—Es muy bueno, por eso le hicieron una oferta que no pudo rechazar —apunta Meissa—. Le vendieron unas tierras a muy buen precio y se fue con su mujer a ser dueño en lugar de empleado. Se los echa de menos por aquí.
Noto la tristeza en sus rostros. Es lo malo de crecer, que te toca aprender a decir hasta pronto a gente que quieres siempre a tu lado.
—Con Lars y Darren unidos, su trabajo se vio un poco resentido —comenta Bonnie.
—Daños colaterales de tomar decisiones. —Meissa mira la carta—. Me comería una hamburguesa de cada.
—Yo con una bien hecha me conformo —añado.
No dejo de pensar en Tyre, en su forma de mirarme cuando me ha dicho que estoy preciosa mientras yo me perdía en él. En cómo le quedaban los vaqueros y ese pelo castaño revuelto.
El otro día casi lo besé. No sé cómo, pero ansiaba tocarlo en el jacuzzi .
Recorrer los contornos de su boca y saborearlo.
Salí de allí antes de cometer una tontería.
Por la noche tuve que recurrir a mis juguetes para aplacar mi fuego.
Y nunca es suficiente, desde que he vuelto nada es suficiente para no arder por él.
Pedimos las hamburguesas y unos nachos para picar. Como un poco de todo sin hambre mientras Gretel se remueve nerviosa a mi lado. Bebe las cervezas como si fueran agua y disfruta de la comida como si nunca hubiera comido algo así. Claro que lleva toda la vida contando calorías.
—Ve más despacio —le dice su hermana, y Gretel asiente.
Ambas se miran compartiendo algo que solo deben de saber ellas. Cuando Gretel dice que va al aseo, su hermana la acompaña.
—¿Me he perdido algo? —le digo a Meissa.
—Creo que Gretel tiene problemas con la comida.
No me he percatado de eso, porque Gretel casi no come cuando está conmigo. Tal vez sea por eso. Lleva toda la vida de dietas, y ahora es libre, puede comer lo que quiera, pero ¿cómo olvidar tantos años en los que alguien te recuerda constantemente qué puedes comer y qué no?
No comentamos nada de esto. Tampoco de que solo se come media hamburguesa. Lo importante es que no ha hecho amago de ir al aseo más veces y disfruta de esa comida sin sentirse culpable. O eso espero.
Al acabar de comer estamos algo contentas de más.
Vamos al pub donde tienen karaoke. Había venido aquí una vez con Tyre. Me gustó estar con él en este lugar, porque no era donde siempre solía salir de fiesta. Era bastante nuevo. Y el enfoque llamó la atención.
Vamos hasta los sofás y pedimos una ronda de chupitos.
Meissa y yo pedimos cantar una canción, Bonnie otra, y Gretel dice que necesita pensar bien cuál.
Tras varios chupitos estoy que bailo cada canción, por mal que la canten.
Siento que alguien me observa y miro hacia la barra.
Me cuesta reconocer quién me sonríe hasta que me doy cuenta de que es Aomar.
Por lo que sé, trabaja de mensajero. Lleva paquetes de un lado a otro.
Sonríe, y no me gusta un pelo su sonrisa.
No se la devuelvo.
Sé cuándo llega Tyre porque el ambiente cambia. Al mirar hacia la puerta lo veo entrar con Darren y Lars.
Nos saludan y van hasta otra mesa, cerca de donde están los billares. Tyre va hasta la barra y Aomar se le acerca. Tyre ni lo mira, lo ignora. Aomar se enfurece y se marcha. Es lo malo de despedir a un Landry, que no se dan por aludidos y siguen cerca, jodiéndote la vida.
Solo hay dos Landry que merecen la pena. Meissa se pone al lado de Tyre y le aprieta la mano con cariño, como si supiera cómo se siente. Porque Tyre no es tan duro como aparenta; por dentro sigue siendo ese niño que se moría por hacerlo bien y conseguir que su abuelo le diera su aprobación.
—Nos toca cantar. —Meissa se pone a mi lado y vamos hasta el escenario—. ¿Sabes cantar? —pregunta.
—No canto mal, pero nunca ha sido mi vocación.
La canción empieza. He elegido esta porque es la que canté la otra vez, cuando Tyre me trajo, solo que no esperaba que de nuevo él me estuviera viendo entre el público.
Y, por su mirada, sé que ha reconocido los primeros acordes de la melodía.
Aquella vez no dejó de mirarme. Como hoy cuando empiezo a cantar.
Meissa destroza la canción mientras yo lo hago bastante decentemente.
Al acabar, la gente aplaude y Tyre sonríe.
Quiero ir hacia él corriendo, como hace tantos años, y besarlo.
No, ahora solo somos lo mejor que se nos da hacer juntos: ser amigos.
Cuando Bonnie canta, juro que algunos se tapan los oídos. Darren no, él mira a su mujer enamorado perdido y al acabar la saca del escenario y la besa.
—Sigues cantando muy bien. —Tyre se ha puesto a mi lado en la barra. Ya nos hemos juntado con los chicos. No han aguantado mucho las parejas separadas.
—Gracias. Sigo cantando cuando estoy contenta.
—Lo he escuchado.
—Entonces, ya sabías cómo canto. —Sonríe descarado—. Tyre…, tú también estás muy guapo.
Sus ojos se centran en mi boca más tiempo del que deberían. Quiero que me bese, no, deseo que me bese con tanta fuerza que me duele contener las ganas de dejarme llevar.
Por suerte, Gretel nos interrumpe a todos desde el escenario.
—Hola, sí, soy la miss más buenorra de todas.
—¿Cuánto ha bebido? —pregunta Tyre.
—Creo que demasiado. Debería bajarla, o la van a grabar haciendo algo mal.
La letra empieza y cuando me acerco me dice que pare. Luego toma aire y canta, canta de maravilla. Lo hace tan bien que nadie dice una palabra, como si se fuera a romper el momento de esta hermosa mujer cantando una canción country preciosa y desgarradora.
Al acabar, Gretel está llorando y se seca las lágrimas.
—Lo sé. Soy increíble, no olvidéis votarme —bromea, y lanza besos.
Es la primera vez que me doy cuenta de que Gretel usa eso como escudo. Nunca lo he visto tan claro. Y cuando va al aseo tras hacerse fotos y vídeos, Bonnie va con ella, preocupada.
—¿Todo bien? —Tyre acaricia mi cadera.
—Creo que Gretel esconde muchos demonios que no había visto en este tiempo. Me siento una amiga de mierda.
—Yo tampoco te dejé ver todos los míos, Daki, y eras mi mejor amiga. Me gustaba estar a tu lado sin que los pusiéramos sobre la mesa.
Acaricia mi cadera desnuda. Y de nuevo, al mirarnos, las ganas de comernos la boca nos sacuden.
—Nos vamos —nos anuncia Darren—. ¿Te vas con Tyre? —me pregunta, y le digo que sí.
Nos despedimos de todos y tras pagar la cuenta vamos hasta la camioneta de Tyre.
Antes de entrar en ella siento que me observan y cuando alzo la cabeza pillo a Aomar apoyado en la pared, sonriendo.
—No le hagas ni caso. —Tyre me abre la puerta.
—Siempre me puso de los nervios.
—Es un gilipollas. Que no te joda la noche.
Entro a la camioneta y busco una emisora para poner música.
Cuando Tyre entra, la pone en marcha y vamos hasta su casa.
No dejo de mirarlo conducir. Con la camisa arremangada y los antebrazos morenos.
Me encantan sus manos. Las recuerdo por mi cuerpo y sus dedos entrando y saliendo de mi sexo. Me encantaba sentirlos dentro…
Me remuevo en mi asiento, excitada.
Ser su amiga es un error, no quiero desearlo.
Al llegar a la casa aparca en la puerta, cerca de mi coche, y bajo casi corriendo.
Quiero escapar de él antes de cometer una locura, pero dormimos en la misma planta y subo las escaleras sabiendo que me está devorando con la mirada, y así es.
Giro y le pillo una mirada hambrienta, y eso hace que no pueda más.
Me tiro contra él para buscar su boca.
Mañana le echaré la culpa al alcohol.
Lo beso como llevo soñando años. Años en los que buscarlo en otras bocas me destrozaba al acabar, porque nunca era igual. Y ahora, con su boca aplastada contra la mía, puedo entender por qué nadie me llenaba.
Porque no eran él.
Tiro de su ropa como si lo necesitara más cerca.
Se gira y mi espalda choca contra la pared.
Sus manos están por todas partes, las mías, igual.
Su lengua busca la mía y nos enredamos y devoramos la boca con hambre.
Estoy ardiendo, me sobra la ropa. Necesito que apague el fuego que arde en mis entrañas desde que me tocó la última vez. No puedo esperar. Por eso cojo su mano y la llevo bajo mi falda hasta mi sexo.
—Daki…
—Por favor. —Muevo mi mano con la suya sobre la ropa interior.
Tiemblo por sentir sus cálidos dedos en mi sexo. Gruñe al notar lo húmeda que estoy. Me encanta sentir sus dedos duros contra mi zona más sensible.
—Esto no está bien.
Muevo mi mano con la suya. Jadea en mi boca mientras me toca. Lo miro a los ojos. Los tiene vidriosos. Lo conozco lo suficiente para saber que le gusta tocarme. Se controla porque no quiere que me arrepienta.
—Ty…
Muevo su mano y la mía y, cuando se mueve la ropa interior y me toca la suave piel entre mis piernas, pierdo el control y me corro con fuerza, sintiendo el calor de su mano en mi sexo.
—Sigues siendo la mujer más hermosa cuando te corres. —Me besa con ternura.
Tiemblo y lo abrazo con fuerza.
Mañana me voy a arrepentir de esto. Por eso no lo suelto hasta que el corazón me late a un ritmo normal.
Corro a mi cuarto sin darle las buenas noches. No ha estado bien.
Me suena el móvil, es Tyre:
Tyre: Por mí todo está bien…, no te rayes, cariño.
Esa dulzura no estaba antes. Antes, Tyre era más frío, aunque siempre me besaba, pero nunca, nunca me dijo que me quería.
Yo lo sabía, lo sentía y lo atesoraba. Pero ahora ese cariño y este mensaje me hacen ver que este hombre ha aprendido a sacar lo que siente y si no tengo cuidado podría amarlo otra vez…
, si es que se puede volver a amar a quien nunca se ha olvidado.