Capítulo 12. Tyre
Tyre
Llego el último a casa de Meissa para la comida, y lo sé porque Rob, el abuelo de Lars, me lo dice nada más verme.
—He traído miel para el postre.
—A tu prima le sobra de eso.
La dejo en la cocina y cojo algo de beber, como hago siempre. Miro hacia el jardín y mis ojos van hacia Dakota. Lleva el pelo cobrizo recogido en una coleta alta que cae en cascada por su espalda. Siempre le gustaba hacerse coletas, y a mí tirar de ellas cuando la besaba hambriento de ella.
Se gira y me pilla mirándola. Alza la mano y me saluda. No nos hemos visto desde ayer. Desde que enterramos del todo el hacha de guerra y decidimos ser amigos. Pero un amigo no debería desear a otro, ni soñar con esa persona en tu cama, desnuda mientras te das un festín con su cuerpo.
El abrazo fue del todo menos inocente.
Porque su olor a flores me sigue volviendo loco, y sus labios, igual. Como sus ojos verdes llenos de motas de diferentes tonalidades. O esas pecas por las que me encantaba perderme.
—Amigos. —Meissa se pone a mi lado en la cocina.
—Las noticias vuelan —le respondo antes de dar un largo trago a mi cerveza.
—Le preguntó Gretel al llegar y le dijo que todo bien, que habíais decidido ser amigos.
—Sí. Es así.
—Yo a un amigo no lo miro así, Tyre.
—Porque si lo haces, tu marido le corta los huevos. —Bufa.
—La deseas.
—Eso no cambia que vayamos a ser solo amigos.
—Al final ese deseo lo joderá todo. O no…
—No joderá nada, ella es lo mejor que me pasó en años. No pienso arruinar mi amistad con ella de nuevo. Tuvimos una oportunidad para ser pareja y lo estropeamos todo. No, solo amigos, pase lo que pase.
—Te recuerdo que Lars es el exmarido de mi hermana… y, mira, casada con él. —Pasa los dedos por su anillo de boda.
Me pidió que la llevara al altar. No esperaba eso, pero su padre me cedió ese momento.
La llevé hasta allí orgulloso de mi prima.
De su amor y de tenerla en mi vida. Es para mí como esa hermana que nunca tuve.
Fue una boda sencilla, porque ellos no querían esperar más para estar casados.
Tenían planes de boda en el rancho, pero al final hicieron como Darren y Bonnie y se casaron cuanto antes.
La idea es que, cuando Max regrese al rancho, se celebre una fiesta por ambas bodas, aunque pasen años de esto.
Es su vida, que hagan lo que quieran; a mí lo que me gusta es ver a mi prima feliz.
—No. Yo no soy como tú.
—Estoy deseando ver como te comes tus palabras. —Se ríe como una cabrona.
Saril la escucha y entra corriendo.
—Risa diabólica, ¿cuál es el chisme?
—Tyre espera ser solo el amigo de su ex. —Saril agranda los ojos.
—¿Apostamos en qué semana cae? —pregunta.
—¡Joder, sí! —responde mi prima.
—¡Que no apostéis con eso! —les digo, pero ya se han ido a por un móvil para anotar esta nueva apuesta.
Salgo tras beberme la cerveza y pillarme otra. Hace mucho calor y busco la sombra tras saludar a todos. Darren está en el agua con Lars y Robin, probando un juguete nuevo estilo lancha. Bonnie solo tiene los pies dentro y Gretel se está haciendo fotos para sus redes sociales con la ayuda de Dakota.
Las caras de Dakota con cada foto son un poema.
—Entonces, ¿amigos solo? —Rob se pone a mi lado llevando un plato de patatas.
—No he tenido mucha suerte en la vida. Si ella ha vuelto, no pienso joderlo por nada.
—Y si…
—No, el amor solo lo estropea todo. Mira lo que pasó con estos dos ranchos por amar dos hombres a la misma mujer.
—Ya, bueno. Como si fuera lo mismo —ironiza—. Déjate llevar, Tyre, si algo tiene que salir mal, lo hará, lo disfrutes o no.
—¿Algún consejo más?
—No, he apostado que una semana. Si piensas hacer algo antes, piensa que si yo gano partimos la mitad para cada uno. —Me guiña un ojo.
Se marcha. Lars sale de la piscina y Meissa le tira una toalla. Él va tras ella y la empapa entre besos y abrazos. Voy hasta la cocina para sacar la comida e ir preparando todo. Está claro que todos tienen cosas mejores que hacer.
—¿Te ayudo? —Dakota se pone a mi lado mientras meto la carne al horno para calentarla.
—Como quieras. Solo es recalentar.
—Vale… ¿Sabes lo de la apuesta? —Se sonroja y luego se muerde esa boca que me tienta.
—Son unos idiotas. Lástima que los quiera tanto.
Se ríe.
—Es bueno que ahora sí tengas algo así como una familia. Porque tu madre…
—Bueno, ella no sabe ser de otra manera. Pero, a su modo, me da cariño.
—Al modo de una piedra dura y tozuda. Pero sí, te quería. Y te quiere.
—Sí, ha estado ahí siempre. Tal vez ella tampoco sepa cómo ser de otra forma. A mí me ha costado años abrirme.
—Eso sí. Y has dicho que los quieres, antes te costaba decir esa palabra.
Sonríe feliz recordando cuántas veces quise decirle que la amaba, pero no tuve el valor. Tal vez eso también acentuó sus dudas y sus miedos.
Pienso en mi madre, en nuestra relación también diferente.
Mi madre y yo nos queremos. Ella siempre ha estado ahí, pero no le gustan los abrazos ni las muestras de cariño.
Siempre ha sido más dura que cálida. Desde pequeño me ha enseñado todo lo que sabía del rancho, porque su meta era que yo lo dirigiera para joder a todos los que la habían repudiado.
Ella se enamoró de mi padre a pesar de que era una persona horrible.
Era un mujeriego que no tuvo más hijos a saber por qué, o porque el destino quiso que solo fuera yo.
Por eso, cuando empecé a verme con mujeres, la etiqueta de mujeriego me estaba esperando desde mi padre.
No quiero pensar en él.
Nunca hizo de padre, y cuando se mató no sentí nada. Y eso es aún más doloroso, porque ese hombre llevaba mi sangre.
—Siento que es demasiada comida.
—Creo que Saril se ha emocionado trayendo cosas —apunto, porque reconozco las bandejas de Rob y Saril.
Dakota y yo preparamos todo y, cuando miramos hacia fuera, descubrimos que están todos observándonos de forma poco disimulada, hasta Robin. De verdad, qué atajo de cotillas.
Sacamos todos y nos sentamos bajo el cenador. Cómo no, Dakota y yo acabamos juntos por una conspiración estratégica de todos ellos. Lo peor es que seguro que piensan que son disimulados. Cuando miro a Dakota, sonríe divertida.
Gretel se ha puesto a su lado.
—Lo de disimular no lo lleváis muy bien —apunta la miss —. Espero que cuando mi futuro marido llegue, no seáis así.
Darren se atraganta y, por lo que parece, todos saben de qué habla menos yo.
—¿Y quién es tu futuro marido? —me atrevo a preguntar.
—Esta loca afirma que se va a casar con mi biznieto —dice Saril. Gretel sonríe.
—Madre mía, miedo me da por Max cuando decida volver. No sabe la que le va a caer encima. —Gretel me fulmina con la mirada. Dakota me da una patada—. No lo digo en el mal sentido…, es que eres entre cabezota y medio chalada. No sabría cómo definirte.
—Bueno, es verdad. —Gretel pone una mirada aterradora—. Por supuesto, dejaré que él solo se dé cuenta de que estamos hechos el uno para el otro.
Miro a Darren, que observa divertido a su cuñada.
—Dudo que Max esté aquí algún día —añade Lars—. Pero tú misma.
—Vendrá. —La seguridad de esta mujer es de estudio.
Su hermana niega con la cabeza, como dándola por perdida.
—Yo creo que la laca esa que usabas para las pasarelas te ha frito el cerebro —la pico.
Dakota me da una patada tan fuerte que mueve la mesa.
—¡Eh, no vale meterse mano, que hay niños delante! —protesta Meissa.
—Era una patada por bruto —matiza Dakota.
—A mí no me importa. Esa laca era horrible. —Gretel me mira y sé que va a disparar—. Al menos yo estoy medio loca, pero tú pareces tener un palo metido por el culo casi todo el tiempo. ¿Has pensado sacártelo?
—No, estoy bien así.
—Tal vez te pueda ayudar Dakota. —Saril alza las cejas.
Dakota se tapa la cara con las manos.
—¿Y no te hace daño vivir con un palo metido por el culo? —Robin lo pregunta con toda su inocencia.
—No, es mejor eso que tener frito el cerebro a lo zombi.
Gretel se ríe, Dakota bufa, y Robin dice: «Qué raro eres».
Y tal vez lo sea, porque esta absurda conversación me ha divertido.
Gretel me cae bien. Porque es directa y no se calla lo que piensa.
Y, aunque tiene una fama, en realidad es una mujer completamente diferente.
No me extraña que ella y Dakota se hayan hecho amigas.
Y me gusta que Dakota cuente con ella, porque siempre le costó mucho abrirse a los demás.
Sobre todo a mujeres, porque si no la criticaban por una cosa, lo hacían por otra.
Cuando me vuelvo hacia Dakota, la pillo mirándome de una forma que no sé cómo interpretar. Como si tratara de comprender quién soy yo.
En este tiempo, no solo ella ha cambiado.