Capítulo 11. Dakota
Dakota
Tyre baja con unos vaqueros y una camiseta blanca que se le pega a la piel.
Intento no mirar sus fuertes y musculados brazos, pero fracaso.
Estamos bajando la guardia y eso hace que los recuerde cuando me abrazaba con fuerza o cuando se cernían sobre mí antes de besarme y enseñarme la cantidad de cosas que se podían hacer sin llegar a intimar del todo.
Aún recuerdo sus dedos por mi cuerpo y ese abrazo que me hacía sentir en casa.
—¿Te gusta todo tipo de carne? —Le digo que sí y prepara unas bandejas de carne y verduras para la barbacoa.
Vamos hasta una zona del jardín a la que se accede a través de una puerta de madera con llave. Lo miro curiosa. Sonríe y, cuando entramos, veo una zona tranquila con sofás de exterior, un jacuzzi y una barbacoa con una mesa cerca.
—Toma, una copia de las llaves.
—¿Y este pequeño paraíso? No te pega.
—No, es cosa de Meissa, dice que para cuando venga a verme. No me fío de mis primos, así que lo tengo escondido al resto del mundo mientras amplío el jardín y lo hago todo más íntimo.
—Por lo que estoy viendo, las cosas no han cambiado mucho por aquí en ese sentido.
—Bueno, ahora se ganan el pan. Quien no lo haga está fuera. ¿Te acuerdas de Aomar?
—Sabes que sí, fue un capullo conmigo porque te elegí a ti en vez de a él.
—Pues fue de los primeros despedidos por Meissa. Seguía siendo igual.
—Me alegra que no esté por aquí. Cuando rompimos vino a verme. Insistió en consolarme. —Tyre se tensa—. No pasó nada, mi padre le dijo que se largara y yo me fui poco después.
—Me alegro. Nunca me fie de él. Pero me costaba decir basta con la familia.
—Porque sabes lo que duele que esta te dé de lado. —No lo admite, pero sé que tengo razón.
Tyre no solo era un bastardo más en este lugar; era el nieto del dueño, y eso marcaba la diferencia.
Y más cuando su padre murió en un accidente.
Un padre que juró que se casaría con su madre cuando esta se quedó embarazada y no hizo tal cosa.
Claro que ella fue al registro del pueblo e inscribió a su hijo como un Landry.
El funcionario está tan acostumbrado a que salgan Landry de debajo de las piedras que no puso pegas.
Y nadie tenía dudas de quién era hijo, sobre todo porque Tyre se parece mucho a su bisabuela en los ojos.
Como Meissa. Es curioso que esos ojos tan bonitos hayan saltado generaciones hasta ellos, los nuevos dueños del rancho, como si su bisabuela los hubiera guiado a los dos hasta aquí para que las cosas volvieran a ser como antes.
He visto el retrato de ella en el despacho de Tyre. Siempre le tuvo cariño a ese cuadro. Como si sintiera que, si ella hubiera estado viva, su vida hubiera sido diferente. No porque siguiera en este mundo, sino porque todo se torció cuando murió al caerse del caballo.
Preparamos la comida y se me hace raro estar aquí con él.
Mis murallas ante este hombre se están cayendo a marchas forzadas.
Estaban sujetas con pinzas y yo no era consciente de ello.
Ahora que lo miro de nuevo y recuerdo cómo era conmigo me doy cuenta de lo tonta que fui.
De cómo mis miedos no me dejaron ver la verdad.
Tyre siempre me cuidó. Siempre me contó que odiaba cómo mentían sobre él.
Pero yo… dejé que mis miedos ganaran a lo que sentía por él.
Porque a la hora de la verdad cobraron más peso mis inseguridades que mi amor por él.
—Deja de mirarme así. —No se gira, solo da vueltas a la carne.
—¿Así cómo?
—Como si quisieras echarte a llorar por los años separados.
—Yo no hago tal cosa.
Me mira alzando una ceja.
—El pasado no se puede cambiar ni recuperar. Es mejor mirar solo hacia delante.
—Y si no se puede cambiar, ¿por qué duele? —le pregunto.
—Porque le damos ese poder.
En eso tiene razón. Solo duele lo que marca, lo que te destroza o lo que amas con cada parte de tu ser, tanto que cuando lo pierdes aún te duele el desgarro de tu corazón en el momento de saber que todo acababa ahí.
—Cierto.
Me pasa la carne y la dejo en la mesa. Voy a la casa a por algo fresco y, cuando regreso, ha terminado con todo y lo está dejando en la mesa.
Nos sentamos uno frente al otro. Intento no mirarlo embobada, pero fracaso.
Tyre siempre me pareció sexi, pero ahora es una tentación que cuesta ignorar si empiezas a entender que nunca lo odiaste, que solo lo echabas tremendamente de menos y no sabías cómo lidiar con tu error.
Me pongo carne en el plato y la disfruto con calma.
Cuando gimo, su mirada se fija en mí y mi mente calenturienta me recuerda gimiendo cuando su mano se adentraba en mi pantalón y me tocaba de esa forma que me hacía ver las estrellas.
Ningún hombre me ha hecho sentir nada ni remotamente parecido.
Hasta el punto de que llevo años sin sexo, porque me cansé de encontrar idiotas que no sabían tomarse el tiempo para amar el cuerpo de una mujer como es debido.
—Cuéntame qué ha sido de ti en estos diez años. Mi vida ha cambiado poco, porque no tengo esa sed de ver mundo…
—Vale, retiro lo que dije. He visto mundo y, bueno, este lugar es una mierda con los Landry idiotas, pero echaba de menos la tranquilidad del rancho.
—Lo sé, pero tú esperabas irte y que todos tus complejos se quedaran aquí.
—Sí. Pero hay gente idiota por todos lados.
Cuando no cojeo, genial, pero cuando me duele la rodilla y tengo que cojear…
, pues la gente te mira raro. Y esa mirada te persigue vayas donde vayas.
La primera vez que la vi fuera de aquí me destrozó, porque esperaba que la gente, lejos de este rancho, tuviera la mente más abierta.
—Solo dejará de importarte cuando tú no te veas solo como eso. Eres mucho más que la chica que de vez en cuando no puede más y necesita tomar un andar distinto.
—Es una forma de verlo.
—Quien eres físicamente no cambia quien eres aquí. —Se señala la cabeza.
—Para ti es fácil decirlo, eres jodidamente perfecto.
—Pero siempre se me ha criticado por ser un bastardo.
Y odiaba esa palabra. Odiaba que mi padre no se hubiera casado con mi madre —no solo no se casó.
No hizo caso a Tyre en toda su vida—, y odiaba como mi abuelo escupía en el suelo y decía que era lo peor que le había pasado en la vida.
Pero cuando murió ese desgraciado, me dije: «voy a ser el mejor.
Voy a coger este puto lugar y lo voy hacer tan grande que cuando me mires desde donde estés te duela que este bastardo haya podido llegar tan lejos.
—Y te dejó de doler.
—Sí y no. Cuando Meissa aceptó ser mi socia y el lugar empezó a cambiar… me di cuenta de que ya no lo hacía por joderlo, sino porque yo era feliz aquí, a pesar de todo.
—Pudiste irte. ¿Por qué no lo hiciste?
—Porque este rancho estaba cargado de los únicos recuerdos bonitos que había tenido en toda mi vida. No quería que alguien lo comprara y destrozara cada lugar que para mí era una parte de ese momento.
—La colina de tu bisabuela.
—Dejó de ser de ella cuando fue testigo de cómo nos convertimos en grandes amigos.
Los ojos se me llenan de lágrimas al comprender que, a pesar de todo, a pesar de cómo me fui, él se quedó en este lugar y lo sacó adelante para que nadie destrozara nuestros recuerdos juntos.
—Puedo… puedo abrazarte.
—¿Me pides permiso para abrazarme? Antes no lo hacías.
—Antes no te había hecho daño…
—Me cegó el dolor, Dakota, pero al verte de nuevo me he dado cuenta de que ahora sí eres una mujer, y antes eras una niña que estaba creciendo con un millar de emociones que no controlaba.
—Los dos éramos muy jóvenes.
—Pero no por eso te hubiera engañado.
—Lo sé. Ahora lo sé.
Separa la silla y me indica con la mano que vaya. Mierda, ahora que lo veo con esa mano levantada y ese gesto, siento que abrazarlo es un error. Porque este hombre me sigue atrayendo como nada en toda mi vida.
Si no lo abrazo ahora, sentirá que lo rechazo.
Y ha sido idea mía, por mi gran bocaza cuando estoy a su lado.
Siempre decía lo que se me pasaba por la cabeza.
Al menos, como amiga. Cuando empezamos a ser novios, tenía tanto miedo de perderlo que callé muchas cosas.
Por si lo agobiaba, por si lo aburría, por si pensaba que eran tonterías.
—¿Qué piensas?
—En abrazarte y en que no me di cuenta de que como amigos éramos más perfectos que como novios.
Me levanto y voy hasta él temblando como una hoja. Paso los dedos por sus tatuajes. Yendo poco a poco en este abrazo con el que llevo soñando años en secreto. Tiene sus ojos clavados en mí y solo espera. Como siempre, me deja elegir, me deja tiempo. Me lee como nadie, a pesar de todo.
No lo alargo más y me dejo caer en su cuerpo. Él cierra sus brazos a mi alrededor y me abraza con fuerza. Un abrazo apretado, de esos que parece que ansían fundirse contigo.
Cómo acabo sentada sobre él es algo que no recuerdo bien, solo sé lo bien que se está de vuelta.
Tiemblo en sus brazos. En lo que siento con este hombre cerca. Esto siempre fue fácil con él. Tyre estaba tan jodido que las primeras veces que lo abracé se quedó quieto. Sin saber qué hacer con las manos. Luego empezó a devolverme los abrazos y a abrazarme él.
De nuevo pienso en cómo cambió todo cuando empezamos a salir. Mis dudas lo empañaron todo.
—Sigues pensando muy alto.
—Vale. —Me separo y lo miro. Es tan atractivo. Sus ojos tienen varios matices de azul y verde—. Creo que como amigos somos los mejores, pero como pareja… lo jodimos todo.
—Yo no recuerdo joder nada.
—¿No recuerdas cómo te controlabas por tu deseo de esperar?
—Ahora mismo pienso que ni te tenía que haber tocado…
—Eres idiota, Tyre. Me acosté con un gilipollas que me dio una primera vez de mierda con diecisiete. Tú nunca hubieras dejado que fuera así.
Está tenso y su mirada parece más oscura.
—Puedes decirme quién es y le doy una paliza por joderte tu primera vez.
—No, tonto. —Bromea, lo sé. O no. Tyre por mí iba siempre a muerte. No dejaba que nadie me hiciera daño—. Lo que quiero decir es que yo tenía mis complejos, tú tus miedos de hacerme daño constantemente. Nos queríamos, Tyre, pero como amigos todo era más fácil.
—Puede ser. —No hago por apartarme y él tampoco.
Tiemblo entre sus brazos de puro placer. Y más cuando me acaricia la espalda. Yo hago lo mismo y acaricio su cara como si quisiera memorizar este nuevo rostro tan igual pero tan diferente.
Muchas veces me permitía pensar qué habría sido de él. Si sería feliz… Hasta que me obligaba a recordarme que me engañó, solo para poder seguir lejos.
—Podría no haber venido. Mi padre no me hubiera dicho nada por no cumplir mi promesa.
—Lo sé.
—Pero tenía esta fecha para volver, y en el fondo ansiaba saber qué había sido de ti.
—Lo admites.
—¿Acaso tú no? Conservaste este lugar por nuestros recuerdos.
—Sabía que volverías y quería estar aquí.
Su confesión me desarma. No estamos hablando de amor, pero amar a tu mejor amigo es un amor tan grande como cualquier otro.
—¿Crees que podemos rescatar nuestra amistad?
—Creo que podemos intentarlo. Si no la cagamos de nuevo creyendo que podemos ser algo más.
Aunque pienso igual, escucharlo decir eso retuerce algo en mi interior.
—No lo olvidaremos. Tuvimos una oportunidad de ser algo más y vimos cómo lo jodíamos todo.
—Sí.
Me levanto y sigo comiendo. Luego Tyre dice que se va a ir a descansar y que puedo aprovechar el spa.
Dudo, pero al final me pongo el bañador y me meto en el spa, que tiene la temperatura justa para disfrutar de las burbujas y refrescarte.
Me encanta. Creo que este lugar es mi nuevo sitio favorito, sobre todo porque a través de la cristalera puedes ver los campos de flores.
Son cristales de esos que dejan ver lo de fuera, pero nadie puede ver lo de dentro.
No me he permitido ir a esos campos. Tyre recogía flores para regalarme un ramo cada vez que me veía en la montaña, hasta que le devolví una sonrisa y no dejó de hacerlo. Me gustaba verlo acercarse recogiendo las flores que luego me daba.
Era algo dulce del chico del que estaba locamente enamorada en secreto. En ese momento nunca hubiera creído que él pudiera amarme y pienso que ese fue el problema, mis miedos e inseguridades.
Por mucho que alguien te lo diga, si tú no te quieres a ti mismo caerá en saco roto.
—¿Y si nunca puedo ser jinete? —le dije mirando las flores de ese día.
—Seguro que alguien tan inteligente como tú encuentra un camino donde brillar y ser única.
Sus palabras me hicieron sentir especial y sonreí. Desde la caída no había tenido la fuerza de hacerlo.
—Gracias, y me encantan las flores.
—Lo sé. Te veía recogerlas antes de caerte. Perderte en los campos de flores y salir llena de ellas.
—¿Y por qué nunca me dijiste nada?
—Porque aprendí a callar y observar. —Aparté la mirada. Yo era muy joven, pero Tyre también.
Le di la mano y apoyé mi cabeza en su hombro.
—No vuelvas a hacerlo. Quiero que me digas siempre, siempre lo que se te pasa por la cabeza.
En ese momento no era consciente de lo mucho que lo iba a amar y de como el amor que nos teníamos al final lo destrozó todo, porque no supimos controlar un amor así.