Capítulo 10. Dakota
Dakota
Voy con Gretel a la piscina del rancho Bennet, que ahora está compartida con los del rancho Landry. Es nueva. Antes solían bañarse en el lago. Ahora, muchas familias están en la piscina con sus hijos.
Buscamos una sombrilla libre en el césped. Gretel se quita la ropa y juro que, si fuera lesbiana, solo con verla estaría excitadísima.
Y ahora voy yo a quitarme mi vestido. No me quejo de curvas. Pero ella tiene cuerpo de modelo y eso se nota. Y lo notan todos. No hay tío en este rancho que no la mire con la boca abierta.
—No sé cómo soportas ser el centro de todas las miradas.
—Porque esta gente solo mira mis tetas y mi culo, no tienen ni puta idea de cómo soy en verdad. Guapa puede ser mucha gente, y con dinero más, pero quién eres, solo lo sabe quien te importa. Que miren, estoy muy buena.
—Nunca he conocido a nadie con tu autoestima.
—¿Decir lo evidente es tener autoestima? Tengo ojos, me miro y digo: «joder, qué bien te queda esa ropa». ¿Acaso tú no lo haces?
—Pues no.
—Pues deberías. Eres pequeña, pero tienes un cuerpo de infarto. Y tus tetas. Joder, tienes unas tetas que más de uno quisiera entre sus manos. O en su boca. —Me sonrojo—. Eres tonta si no te miras al espejo y dices: «joder, qué buena estoy».
—Tal vez la próxima vez que me mire.
—No, porque eres medio tonta —me pica con una sonrisa—. Vamos al agua. Me muero de calor. Ya verás cuando me duche, más de uno se empalma.
No puedo evitar reírme. Qué peligro el hombre que dé con ella; como no los tenga bien puestos, Gretel se lo come.
—He podido venir. —Bonnie se nos acerca a la carrera—. Darren quería enseñarme algo importante.
—Vamos, que estabais follando —replica su hermana, y Bonnie se pone roja.
—No pienso afirmar tal cosa.
No hace falta, por cómo está de roja. Se quita el vestido y vamos las tres a las duchas. Y sí, los hombres miran a Gretel como si les fuera a dar algo. Los miro divertida mientras me ducho con Bonnie cerca. Luego Gretel se tira al agua de cabeza.
—¿Cómo pudiste sobrevivir a una hermana así? —Bonnie se ríe.
—Porque la quiero. Y es increíble.
—Lo es, sí.
Entramos al agua. Yo, por la escalera, porque odio el agua fría de golpe.
Estoy a punto de meterme del todo cuando veo a Tyre llegar con Darren.
No lo he visto desde nuestra cena, aunque cada día me deja el desayuno listo y algo de comida en la nevera.
Se hace la comida y me deja la mitad a mí.
Yo he preparado las cenas y le he dejado siempre, aunque he acabado en mi cuarto viendo series.
Tengo que acostumbrarme a él antes de verlo de continuo.
Tyre va hasta una zona de tumbonas. Y se quita la camiseta blanca que lleva. No puedo dejar de mirar su cuerpo. Si con veinte años estaba muy bueno, ahora rompe el molde.
Joder…
Se mueve y, aparte de sus tonificados músculos, veo que lleva dos tatuajes.
En el lado derecho una serpiente, y en el brazo una cabeza de bisonte que elegimos juntos.
Cuando lo dejamos aún no se los había hecho.
Me sorprende que no cambiara el diseño y que, a pesar de todo, se hiciera el que a mí me gustaba.
No puedo dejar de mirarlo y cuando me pilla me saluda. Le digo hola con la mano y, en vez de dejar de observarlo, lo sigo con la mirada hasta las duchas. Yo y más mujeres. Como siempre, Tyre atrae la mirada de casi todas.
Pocas no caen bajo su embrujo.
El agua cae por su cuerpo perfecto. Se me seca la boca. Ojalá pudiera mirarlo y no sentir nada. Se lanza a la piscina de cabeza. Lo hace perfecto. A Tyre siempre le gustó el ejercicio físico. En la casa de ahora tiene una habitación equipada como si fuera un gimnasio.
Me dijo que para poder estar al cien por cien en un rancho debías cuidar tu cuerpo, y joder si lo cuida.
Nado por la piscina y de golpe tengo a Tyre justo enfrente. Sus ojos verde azulados se ven como dos manantiales salvajes. Contengo la respiración cuando se me acerca. Su calor me traspasa. Su cuerpo me llama.
—¿Crees que puedes dejar de huir de mí por las noches? No muerdo. A menos que me lo supliquen. —Le tiro agua a la cara y se ríe—. Prometo portarme bien. Si queremos ser amigos y además trabajas para mí —lo recalca—, debemos intentarlo, a menos que me tengas miedo.
—¿De ti? Tú sueñas. —Sonríe de medio lado y me derrito. Tendría que ser ilegal tener un ex tan sexi.
—¿Cómo llevas la rodilla?
—Mejor. Aunque me duele. —No le miento. Damian me ha recomendado nadar. Pero ahora la piscina está llena de gente y es complicado.
—A última hora de la tarde no hay nadie, y a primera hora de la mañana tampoco, lo sé porque a veces vengo a esas horas. De hecho, odio venir a esta hora.
—¿Y por qué estás aquí ahora?
—Mi idea era quedar con Darren para ver unas cosas del rancho, pero me dijo que cambio de planes, que me veía en la piscina. Creo que quería controlar que nadie se propasase con su mujer.
Miramos a Bonnie, en los brazos de Darren en la piscina. Me gusta verlos juntos. Gretel se está echando crema y no hay tío cerca que no la mire. A uno le lanza un beso, coqueta, y él piensa que quiere algo.
—Alto ahí, solo ha sido un beso. Paso de hombres por un tiempo —le dice tajante.
—Vamos, que eres una calientapollas.
Darren sale de la piscina sin dudar y, antes de que analice qué está pasando, lo coge por el cuello. Tyre sale de la piscina también.
Se va a liar.
Tyre
—A mi cuñada se la respeta —dice Darren.
—No me mandas, Bennet.
—Puede mandarte callar si quiere —intervengo. Se trata de uno de mis primos. Uno de tantos que ni soporto ni sé por qué tengo que mantener.
Aunque, si trabajan duro, a menos que me den motivos no los despido; ese era el trato. Me mira enfadado y se marcha con sus amigos. Me tumbo al lado de Gretel y ella me mira.
—No necesito protección, me manejo bien entre babosos de mierda.
—Ya, pero estos son un poco más brutos.
Darren se va a la piscina al ver que yo me quedo. Dakota sale del agua y la veo cojear. Algunas mujeres la miran y se ríen. Odio que la desprecien. No he conocido mujer más fuerte que Dakota, y más sexi. Si con dieciséis años era guapa, ahora es una diosa.
—Son unas idiotas por reírse de ella. ¿Tengo tu permiso para decirles cuatro cosas?
—Todas tuyas.
Gretel se levanta y anda como si recorriera una pasarela. Al llegar junto a Dakota, le pasa el brazo por el suyo.
—¿No crees que huele a mierda por aquí? ¡Joder, qué peste! —Mira a mis primos. Y pone cara de asco—. Apesta. Es lo que tiene estar cerca de la podredumbre.
Les guiña un ojo y de nuevo anda como si fuera una diosa. Dakota contiene la risa. Al llegar a nuestro lado, le paso su toalla. Gretel se tumba y Dakota se sienta junto a mí.
—Me había olvidado de por qué ansiaba irme.
—La gente aquí sigue siendo igual, o peor —le digo.
—Sí, pero yo no soy la misma. No pienso sentir que debo pedir perdón por no poder andar bien cuando me duele la rodilla.
—No debes hacerlo.
Asiente y dice que se marcha. Gretel se gira a mirarme y entonces sí se sienta en la hamaca que había descartado aposta para que Dakota y yo compartiéramos asiento.
—Te diría que esto solo es aquí, pero no sabes lo que he vivido desde niña. Estas cosas existen aquí y en cualquier sitio, y cuanto más brillas, peor. Porque la gente feliz no amarga, pero los infelices, sí, y por eso hay tantos idiotas.
—Cierto.
No me quedo mucho más en la piscina. Me voy a mi casa y veo a Dakota en la cocina tomando agua.
—¿Alguna idea para hacer la comida?
—Podemos hacer algo de barbacoa, y ahora te enseño una cosa.
—Qué misterio.
Se ha duchado y lleva ropa cómoda de estar por casa. Un pantalón muy corto y una camiseta de tirantes, y aunque hago el esfuerzo, su cuerpo me llama y me recuerda lo que era acariciar sus cremosas curvas y estar entre sus muslos. No follamos, pero hicimos muchas cosas mientras nos besábamos.
Joder. Una ducha fría, sin duda.