Capítulo 8. Dakota
Dakota
A pesar de todo, Tyre me ha dejado desayuno antes de irse.
Todo lo que hace no sirve más que para demostrarme que me equivoqué.
La cagué y juzgué a Tyre como lo juzgaba todo el mundo porque tenía cientos de complejos.
Ser su novia era increíble cuando estábamos juntos.
Besarnos durante horas, lo mejor de mi día.
Pero luego la gente, a solas, me insultaba, se reían de mí, o decían que él solo estaba conmigo por lástima.
Estaba demasiado tocada para hacer frente a todo eso y, cuando no pude más, lo pagué con él, que siempre había sido el único, junto con mis padres, que a pesar de mi caída nunca me miró diferente.
Cuando llego a los establos estoy hecha un mar de dudas.
—No tienes buena cara. —Gretel se me acerca.
—Bueno, anoche discutí con Tyre, y lo peor es que él tiene razón.
—¿Y qué vas a hacer?
—Debería pedirle perdón.
—¿Y por qué no lo haces?
—Porque entonces existe la posibilidad de que nos llevemos bien y seamos amigos.
—¿Tan malo sería?
—Si me vuelvo a enamorar de él, sí. Ya pasé por ser su novia una vez, no quiero repetir, y no por él. Siempre me trató bien, pero este lugar está podrido y la gente me atacó demasiado. No quiero pasar por eso.
—Primero, este lugar ha cambiado. Al parecer, tú no, si no eres capaz de ver lo increíble que eres y como te la tiene que sudar lo que te digan. Puedes comerte el mundo.
—Eso hago.
—Ya, y segundo, puede que seáis amigos. Pero das por hecho que él o tú volveréis a enamoraros, y no lo sabes.
No puedo replicarle.
—Volver aquí me ha removido cosas y lo del incendio no lo mejora. Por las noches tengo pesadillas con eso.
—Lo entiendo, solo con los días dejarás de tener miedo. El cerebro es muy listo, suele olvidar cosas para seguir adelante. Otras no, otras te las repite una y otra vez para avisarte del peligro. Y ahora, vamos a trabajar. Que soy mucho más que una tía buena.
—Eso sin duda.
Gretel saluda a algunos trabajadores que nos miran, pienso que la observan con deseo, pero no, en sus ojos hay algo más oscuro.
—¿Te han estado diciendo cosas estos Landry?
—Alguna que otra. Vengo de un concurso de belleza donde las mujeres te tiran de los pelos por conseguir tu corona. Estos vaqueros a mí solo me dan pena.
Gretel sonríe, pero intuyo que por dentro lleva recuerdos no muy agradables. Solo eso explica por qué quiso ser la mejor para vivir aquí y no tener que volver nunca a ese mundo.
Nos ponemos a trabajar y a la hora de montar me duele la rodilla más de lo que debería. ¿Dejo de subir al caballo por eso? No. Soy así de cabezota.
Voy a subir de nuevo cuando Tyre aparece con un hombre.
—Ya que vas a seguir con esta locura —clava sus ojos en mí—, este hombre te hará unas pruebas y te fabricará una rodillera a tu medida para que te duela lo menos posible. Y se quedará en el rancho para ayudarte a bajar y subir de la forma en que menos te duela.
—Soy Damian, y he ayudado en este tipo de lesiones a muchos jinetes.
Tyre se empieza a ir, pero lo sigo. Tiro de su mano para que se vuelva. Y ahí está ese cosquilleo que me avisa de que lo que sentía por él no murió. Por eso me aterra bajar la guardia.
—Gracias por esto.
—De nada.
No se vuelve, pero deja su mano en la mía más tiempo del que corresponde.
Cuando se separa, sigo temblando por su contacto.
Voy hasta el médico y me dice que tiene que hacerme un molde.
Y quiere hacerme unas pruebas médicas en el veterinario que está en el rancho Bennet y ahora comparten con los Landry.
Dejo a Lars a cargo de todo. Se acaba de acercar porque Tyre le ha avisado que iba a estar fuera.
—Yo me encargo de todo y, si por casualidad llega algún jinete, le haré pruebas.
—Gracias.
Vamos hasta la zona de veterinarios en el coche de Damian. Me hace preguntas y le digo la verdad de cómo me caí, los dolores que tengo y como me dijeron que no podría volver a ser jinete.
—Un día le dije eso a un jinete que perdió una pierna por una caída.
—¿Y qué pasó?
—Que el tío hizo todo lo posible por ser jinete con una pierna ortopédica y ganar una carrera.
Yo te puedo hablar de lo que científicamente se puede o no, pero luego el alma de cada persona, su fortaleza, su empeño, acaban por desafiar las normas.
No voy a mentirte, no es un camino fácil, pero si lo quieres recorrer, yo estaré a tu lado este verano.
—Gracias por no decirme lo que todos, que era imposible.
—Tyre me ha dicho que eres cabezota y que si se te mete algo en la cabeza no paras hasta conseguirlo. Que harías esto con mi ayuda o sin ella. Prefiero que sea con mi ayuda.
Asiento, porque no puedo hablar. A pesar de todo, Tyre me ha buscado un buen médico, porque me conoce mejor que nadie. Y por lo que me dice y las pruebas, sé que es de verdad uno de los mejores de la zona. Y todo lo ha conseguido en menos de veinticuatro horas.
Va a ayudarme con los ejercicios, ya que es también fisioterapeuta. Vamos a entrenar y a reforzar mi rodilla con ejercicios. Y me va a enseñar a montar de la forma en que la fuerce lo menos posible.
—No te voy a engañar. Puedes hacerlo, pero tienes que saber parar. Por ti y por la seguridad del caballo. Si estamos entrenando y te duele demasiado, hay que parar, poner hielo. Y evaluar la situación. ¿Entendido?
—Nunca pondría en riesgo a un caballo.
—Ni a ti, Dakota. En esa pista sois uno. Los dos tenéis que estar bien.
Me marca los ejercicios que tengo que hacer, y muchos ya los tenía yo a apuntados en mi carpeta. Lars me avisa que ha hecho pruebas a dos jinetes y que uno de ellos es bueno, pero está verde. En esta exhibición no podrá correr, pero sí en las siguientes.
Al acabar el día estoy agotada, pero tengo que hablar con Tyre y pedirle perdón, algo que no me hace especial ilusión. Por eso decido ir al pueblo y comprar los ingredientes de una de sus cenas favoritas, para ver si así la conversación es menos tensa.