Capítulo 7. Tyre
Tyre
Intento centrarme en la cantidad de cosas que hay que hacer, pero no he dormido en toda la noche. No paraba de ver las llamas y a ella dentro. Suficiente para saber que, a pesar de todo, me sigue importando. Y eso me cabrea. Sobre todo porque yo no hice nada, y me mira como si le debiera la vida.
Mejor, así, poco a poco, nuestro recuerdo juntos se borrará para siempre.
Es tarde cuando voy a la zona de carreras. Darren está apoyado en la barandilla mirando a alguien correr. No necesito mirar para saber que es ella, Dakota.
Ella y el caballo vuelan por la pista hasta que algo falla, seguramente su rodilla. En vez de parar, sigue. Pero el caballo pierde poco a poco la velocidad. Llega hasta nosotros y la bajo del caballo. Cómo no, se cabrea.
—Es para que no te hagas más daño en la rodilla.
Se aleja cojeando. Pero antes de desaparecer, se vuelve y me espeta:
—Ya tienes jinete para este verano. Pienso correr yo.
Miro a Darren.
—Eso dice. Hemos estado evaluando a algunos y son muy malos. A estas alturas costará encontrar a alguien decente. Ella cree que puede hacer un buen tiempo aunque la rodilla le falle.
—Ella está loca.
—La has visto correr. Y no es la primera vuelta. Puede hacerlo, aunque solo sea para que consigamos que los compradores apuesten por nuestro rancho de nuevo. Y mientras buscamos jinetes para carreras.
—No…
—Tal vez sea su única oportunidad de saber lo que hubiera sido competir de no haberse caído del caballo, Tyler.
Lo entiendo, lo entiendo muy bien, pero si no tiene buen agarre puede caerse del caballo y no soportaría verla caerse de nuevo.
Yo estaba cerca cuando se cayó la primera vez.
Todo el mundo se quedó en silencio, porque sabían que esa caída podía ser letal.
Y más con lo que le pasó a mi antepasada. No, no quiero que monte.
—Este rancho sigue siendo mío.
—Y de Meissa, que ya le ha dado su visto bueno.
—Si sale mal…
—Esperemos que no.
Busco a Dakota, que está paseando con su caballo para que le baje el ritmo cardiaco. Cojea. ¿Se detiene? No, es cabezota como ella sola.
—No pienso…
—Es mi vida, soy la mejor y no tengo nada más que decirte. Tengo el permiso de tu prima.
—Porque lo de que te puedes caer y matarte, mejor lo dejamos a un lado.
—Si encuentras un solo jinete mejor que yo antes de la carrera, dejaré que lo haga, si no, lo hago yo. ¿Trato?
—Trato.
Porque pienso buscar hasta debajo de las piedras. Sonríe, sonríe, esta mujer piensa que no encontraré a nadie mejor. No debía haber caído en su juego. ¡Joder!
Va hasta el box y le quita la silla de montar y los arneses al caballo, para luego pasarle una rasqueta para el sudor que tiene ya preparada. Le habla, le dice que es un campeón. Ella ama estar aquí y hubiera sido la mejor.
Las palabras de Darren no paran de darme vueltas. Que tal vez sea su única oportunidad. Pero no puedo ver como se cae.
Regreso a mi despacho y hago llamadas. Pienso encontrar un jinete mejor que ella.
***
Me paso toda la tarde llamando, pero no hay nadie que esté cualificado. Todos los buenos están cogidos, y seguro que Dakota lo sabe y por eso ha sonreído. Es por eso que, cuando la escucho entrar en la casa, voy hacia ella para enfrentarla.
—¿Sabías que no había jinetes buenos disponibles?
—¿Qué crees que he estado haciendo estos días, Tyre? No tienes otra opción que yo.
—¡No eres una opción!
—¡No soy solo una lisiada!
—Me la suda que cojees si a ti no te molesta. ¡Lo que no quiero es que te caigas del caballo otra vez!
—¡Como si no me hubiera caído en estos diez años! Ya no me conoces, ya no sabes nada de mí. ¡No sabes qué he estado haciendo! Aunque te cueste entenderlo, ya no soy esa niña.
—No, no lo eres, pero sigues siendo igual de cabezota. ¿Cuántas veces te vi llorar porque te dolía la rodilla al montar antes de rendirte?
—Sé que no seré jinete, pero no tienes a nadie mejor para esta carrera de exhibición. —Noto sus ojos llenos de lágrimas que reprime—. Pienso hacerlo, Tyre.
—Muy bien—Digo entre dientes.
—Ya no soy esa niña.
—No, no lo eres. Espero que ahora no salgas corriendo en cuanto las cosas no resultan como esperas.
—¡Es que sí resultaron como esperaba! —La miro atónito—.
Tal vez no me engañaste, pero sí iba a acabar pasando.
¿De verdad ibas a estar dos años sin tener sexo?
Una vez me confesaste que no podías estar más de un mes sin follar, y de golpe ibas a esperar dos años por mí.
¿Esperas que no creyera que en algún momento te dejarías llevar?
—Llevo más de cinco años sin follar, hubiera podido aguantar dos, te tenía a ti, era suficiente.
Pero tal vez el problema nunca fui yo. Fueron tus complejos.
Yo te veía hermosa, increíble y preciosa.
Y no, no necesitaba más. Pero tal vez tú nunca te viste con buenos ojos.
Por culpa de tus complejos. Así que, en vez de enfadarte conmigo por serte fiel, hazlo contigo porque nunca te viste de la misma forma que lo hacía yo.
Noto como cada una de mis palabras ha sido como un disparo hacia ella.
Me da igual. Aguanté sus complejos porque la quería.
Soporté sus celos porque la entendía. Se habían metido con ella cuando cojeaba por este puto rancho lleno de idiotas.
Soporté todo porque esperaba que se hiciera más fuerte, pero en vez de eso la tomó conmigo y me sacó de su vida, y encima me mira como si me perdonara la vida.
—Solo tenía dieciséis años…
—Lo sé, por eso no entiendo que a pesar de todo me mires como si yo fuera el malo de la historia, cuando la que lo hizo mal fuiste tú.
Se queda callada.
—Era más fácil para mí seguir con mis errores culpándote que aceptar que me había precipitado.
—Podías haber vuelto.
—Si estás enfadado ahora, no me quiero imaginar hace diez años.
—Se me hubiera pasado, Dakota, eras mi mejor amiga.
—Pero ya has dejado claro que lo estropeé todo. No estaba preparada para asumir mis errores, o para descubrir que tal vez eran ciertos. Y menos para volver aquí.
—Te entiendo. Llevo años sin nadie, pero la gente sigue diciendo lo contrario. Y siempre será así. Da igual lo que haga, lo que me esfuerce o lo que logre, para esta gente solo seré Tyre el mujeriego. Sé mejor que nadie cómo funcionan las putas etiquetas.
Me marcho, porque necesito estar solo. Siempre me pasa con ella. Al final, a su lado me muestro débil. ¡Y lo odio, joder!