Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 6. Dakota
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Capítulo 6. Dakota

Dakota

No he conseguido dormir en toda la noche. Solo pequeñas cabezadas de las que me despertaba sobresaltada. No podía dejar de oler el humo en mi piel, y eso que me duché. El miedo de lo que podía haber pasado se ha quedado grabado en mi mente.

Ahora estoy vistiéndome para irme a trabajar.

Miro el cuarto a la luz del amanecer. Es muy bonito. Pero mi cabaña también lo era. Era preciosa, y ahora está calcinada. Junto con algunas de mis cosas. Por suerte pude meter casi todo en mi maleta y salir corriendo. No así lo que estaba para lavar y algunos libros que puse en la estantería.

Estoy en casa de Tyre.

Desde que he llegado a este rancho no paran de pasar cosas. Quiero bajarme de esta puñetera montaña rusa. Quiero tranquilidad.

Bajo las escaleras y me percato de que la casa está preciosa. Tyre ha hecho un gran trabajo. Se nota su sello, porque siempre le gustó hacer trabajos de madera para relajarse.

Al llegar a la planta baja, Tyre sale de la zona de los despachos, con sus andares de chulo y esa mirada de perdonavidas.

—Buenos días, tienes el desayuno en la cocina, después te pasas por mi despacho para hablar del tema de los jinetes.

—Gracias.

Se me hace raro estar aquí, en su casa, con él, y más teniendo en cuenta el pasado que hay sobre nuestras espaldas. Repetí lo que pasó muchas veces en mi cabeza. Y sé que no le di opción de creerlo. Porque yo nunca me creí que él fuera de verdad mi novio.

Tenía solo dieciséis años y salía con mi mejor amigo.

Alguien de quien había estado enamorada años.

Años en los que sabía de los líos de él.

De que no creía en el amor y que si estaba con una chica por la noche, al día siguiente tal vez estaría con otra.

Algunas cosas eran ciertas, otras no. Pero, de golpe, él me vio y para él yo era su chica.

Acepté ser su novia esperando que lo nuestro tuviera fecha de caducidad. Y cuando me llegaron los rumores, no me paré a pensar si eran ciertos o no, porque en el fondo los esperaba. Y ahora estamos aquí, en su casa, en su rancho, y ayer casi me matan, o a saber qué narices pasó.

No solo hay café y algo ya preparado. Me ha hecho tortitas y bacon. Voy hasta la mesa y me siento a disfrutar del desayuno sin saber cómo sentirme. Son demasiadas emociones en tan poco tiempo y estar en este rancho me trae recuerdos que llevo años tratando de mantener a raya.

Al acabar, recojo y friego. Guardo lo que me ha sobrado para luego, porque a media mañana me dará hambre, seguro.

Tomo aire y voy hasta el despacho de Tyre. Es raro que ya no sea el de su abuelo. Esta casa apestaba a tabaco de liar. Ahora huele a madera y flores frescas. Tyre ha cambiado las paredes y el suelo de madera, se nota que todo es nuevo.

Toco a la puerta.

—Pasa.

Entro y Tyre clava sus ojos verde azulados en mí. Todo sería más fácil si el jodido no fuera tan guapo.

—Gracias por el desayuno y por alojarme aquí.

—Solo por ver tu cara de asco al darme las gracias ha merecido la pena.

—Que te den, Tyre.

—Claro, pero tú no. —Me guiña un ojo—. Ya aprendí la lección contigo. No confiabas en mí y desde hace tiempo solo me acerco a personas en las que confío y que confían en mí. Porque, aunque te joda, yo nunca te puse los cuernos. Y aclarado eso, sé quién ha incendiado tu casa.

Suelta una bomba tras otra para que no tenga opción de réplica.

Capullo.

—¿Quién le prendió fuego conmigo dentro?

—Uno de los jinetes a los que despediste. Se puso a beber y se le ocurrió, bajo los efectos del alcohol, quemar tu casa para castigarte. Pensaba que era todo un sueño. Se quedó dormido cerca y, al despertar, ha visto el desastre y ha ido a entregarse. Ya tienes otro enemigo. —Sonríe.

—¿Y te hace gracia?

—Que casi mueras, no, pero que por no hacer las cosas bien te salgan rana, sí.

—Mira, creo que lo mejor es que me marche a otro rancho.

—Eso, hazlo. Irte y rendirte es tu sello de identidad.

—Vale, solo por joder me quedaré, y voy a ser la mejor entrenadora.

—Eso lo veremos, pero acepto el reto. A ver si eres capaz de quedarte aunque las cosas no salgan como tú esperas. Y ahora, hablemos de los nuevos jinetes.

Hablamos de ello y, aunque pensaba que no tenía ni idea, se nota que sabe, y mucho. Por eso, al final, acepto que él, Darren o Lars Bennet me ayuden a supervisarlo todo, y más teniendo en cuenta lo de anoche.

Salgo del despacho agitada, porque, a pesar de querer estar enfadada con él…, ya no sé bien ni por qué, ese hombre fue mi primer amor y yo fui la que le falló, si lo que dice es cierto.

Ya no sé qué pensar.