Capítulo 5. Tyre
Tyre
Llego a la casa de Meissa y toco a la puerta. Me abre Lars. Parece mentira, pero en estos años nos hemos hecho buenos amigos. Y con Darren, son algo así como mi familia.
—Tienes mala cara —dice mi amigo.
—Dakota ha despedido a todos los jinetes.
—¿Cómo que ha despedido a todos los jinetes? —Meissa baja las escaleras con el pequeño Robin.
Este último, cada año que pasa es más parecido a su padre.
—Eran malos, dice. Y me ha mandado un informe y tiene razón, pero no tenemos a otros. Yo no los hubiera despedido a todos. Pero hace lo que le da la gana…
—Porque has pasado de ella para no verla —apunta mi prima.
—Era lo mejor, pero esto ha dejado claro que no podemos hacerlo. Esa carrera es importante, todos hemos invertido mucho dinero en ella.
—Yo podría ayudarte —dice Meissa—, pero no tengo ni idea de caballos.
—Pero tus caramelos de miel son los mejores —apunta Robin.
—Lo son, sin duda. Pero necesitamos que las carreras salgan bien. Tyre, no puedes no estar pendiente de ella.
—Lo sé, me he dado cuenta yo solo.
Y es una mierda, pero eso no lo digo.
He tratado de ignorarla, de evitar pensar en ella en el rancho. Lo he intentado sin éxito. Desde que ella ha regresado estoy nervioso. Salto por cualquier cosa y me cuesta centrarme.
Fui a verla antes para echarle la bronca, y fue verla llorar y, joder, me hubiera enfrentado a cualquiera por sus lágrimas. Como hace años.
Olvidé eso para reconfortarla. Y luego me odié porque ella me siga afectando de esa forma.
—Yo puedo ir por las mañanas a ayudar un poco —apunta Lars—, y se lo diré a Darren. Así, entre los tres, podemos hacerlo.
—Gracias, pero ya tenéis suficiente trabajo.
—Como si tú no lo tuvieras igual, pero los caballos de carreras son de los dos ranchos, Tyre. Que esto salga bien nos beneficia a ambos.
Le digo que vale. Cuando me proponen quedarme a cenar, no me niego.
No me apetece volver a mi casa. Ceno con ellos en el jardín y Robin nos cuenta todo lo que hace en la escuela de verano.
Lars lo lleva, luego su madre lo recoge, come con ella y sus padres, y lo trae por la tarde, o lo recogen Lars o Meissa.
Tara se llevó un susto tremendo cuando perdió a Robin.
Esas horas fueron como una leche bien dada de por dónde se estaba yendo su vida.
Pidió ayuda por sus adicciones. Y ahora se lleva bien con Lars y Meissa.
Ha conocido a alguien de quien está locamente enamorada.
Mejor, para que deje de joder a mi prima.
La gente cree que es imposible cambiar, pero yo espero que eso no sea siempre cierto. Cometemos errores siempre, pero pensar que ya nunca podremos ser mejores es triste.
Es tarde cuando regreso a mi casa. Al bajar de la camioneta, el ambiente me huele a humo. Me pongo alerta y miro hacia el cielo para ver qué pasa.
Veo una nube negra en la zona de los caballos.
Entro en la camioneta y conduzco hasta allí. Conforme me acerco veo que viene de la casa de Dakota y se me cierra la garganta. Llamo a los bomberos sin perder la calma.
La casa está en llamas. Y no veo a Dakota por ningún lado.
Sin pensarlo, voy hacia las llamas. Pero alguien me detiene.
Me giro para enfrentarme a quien sea; me da igual que esas llamas me quemen, si ella está dentro yo pienso entrar.
—¡Tyre! —Dakota me mira con la cara llena de hollín.
Cojo su cara entre mis manos antes de alejarla de este lugar.
—¿Qué ha pasado?
—No lo sé. Estaba leyendo en la cama cuando olí el humo. Todo prendió muy rápido, me dio tiempo de coger lo justo. Salí a la parte trasera para ahuyentar a los gatos que merodean cerca y a los perros que hay por la zona.
Vemos la cabaña arder. Los bomberos llegan, pero sabemos que poco se va a poder hacer. La policía va con ellos. Nos dicen que hoy es difícil saber la causa. Miro la casa apagarse. Ese lugar que restauré para ella.
—Mañana sabremos algo más.
Tiro de Dakota para que recoja sus cosas. Tiene la maleta a medio cerrar. Está nerviosa y cuando le digo que me siga, ni se plantea a dónde. Odio verla tan agobiada. Y lo peor es el miedo de que no se hubiera dado cuenta.
—Ibas a entrar a buscarme.
—Lo haría por cualquiera de mis trabajadores.
—Ya, supongo.
Es cierto que entraría sin pensarlo, pero con ella es diferente. No pienso decírselo. Total, no me creería.
Llegamos a mi casa y subo hasta la planta de los dormitorios. Entro en el que está enfrente del mío y abro la puerta.
—¿Qué hacemos aquí?
—Por si no te has dado cuenta, no hay sitios libres, pero en esta casa sí. A mí tampoco me hace gracia todo esto, pero es lo que hay hasta que la cabaña esté de nuevo operativa.
Enciendo las luces y voy a buscar sábanas limpias. La habitación tiene un aseo completo con bañera y una terraza desde la que se ven las tierras del rancho.
—¿Tienes ropa para dormir?
—Es verano, Tyre, puedo dormir desnuda.
—Genial, pues buenas noches.
Me marcho y cierro la puerta antes de abrazarla y decirle que todo está bien. Que yo estoy con ella. No, no estoy con ella. Es una trabajadora más. Ya no es mi mejor amiga, ni esa mujer que amé con cada fibra de mi ser.
Es mejor no olvidarlo, o vivir con ella va a ser un puto infierno.
Qué majo el destino, y sus padres, jodiendo mi vida.