Capítulo 3. Dakota
Dakota
Llego a la casa grande andando. Algunas personas me han reconocido. Pasan de mí y yo de ellos. Los Landry son muy especiales. Pero por lo menos ya no se respira ese aire de fiesta y dejadez.
Miro la gran casa. Parece nueva. Se alza sobre el resto de las viviendas como una casa de campo hogareña. Antes era un sitio de fiestas y perdición.
Tyre vivía con su madre en la zona de trabajadores. No le gustaba estar allí. Pero esta casa aún le gustaba menos y, sin embargo, ahora es el dueño.
Cómo cambia todo.
Voy hasta la puerta y toco. Está abierta.
Paso y me sorprende el cambio. No es como lo recuerdo.
Ahora parece hasta acogedora. El salón está a mi derecha y se ve la gran chimenea.
Las paredes de madera están pulidas. Ya no se ven ennegrecidas por el fuego de la chimenea y una mala salida de humos.
Ando hasta el despacho pisando alfombras que amortiguan el sonido de mis pasos, y de camino veo la cocina. Es grande y todo se advierte nuevo.
Llego hasta donde estaba el despacho del abuelo de Tyre. Vine alguna vez con mi padre. No me gustaba estar delante de ese hombre. Siempre estaba rojo por los excesos de la bebida y de otras cosas.
Toco a la puerta.
—Pasa, Dakota.
—Podía ser otra persona. —No entro y me quedo resguardada por la cámara.
—Solo te espero a ti y mis primos no suelen venir mucho a verme.
Me lo puedo imaginar.
Tomo aire y abro la puerta dejando que diez años sin vernos se esfumen en un momento. Diez años durante los cuales, aunque no quisiera, lo recordaba en mi mente.
Cuando lo veo contengo la respiración; con veinte años ya era atractivo, pero con treinta lo es mucho más.
Ya no quedan en él rasgos juveniles, es un hombre hecho y derecho, con una barba incipiente y unos ojos verde azulados clavados en mí.
Está apoyado en la mesa y solo me observa.
Con un cuerpo marcado por el trabajo duro.
Anchos hombros y cintura estrecha. Joder.
No estaba preparada para el hombre que tengo delante. Nada me podría preparar para él.
La intensidad de esa mirada me deja sin aire. Así como todo él.
No sé qué decir, siento como la imagen que tenía de él se borra y da paso a esta. El pelo castaño lo lleva algo largo y cae sobre su frente. Está moreno por el sol y puedo ver como eso ha aclarado sus puntas.
Si antes era un destrozacorazones, ahora más.
Mucho más.
Por suerte, el mío no lo va a destrozar nunca más.
—Quieres mi ayuda.
—Mi padre iba a ser el intermediario, pero al parecer quiere que tú y yo volvamos a ser amigos. Como si eso fuera posible.
—Ya veo. ¿Eres consciente de que la cabrona que me destrozó el corazón fuiste tú?
—¿Yo? Yo no me acosté con otras.
—¿Ah, que eran más de una? Vaya, y yo sin recordar dónde meto la polla.
—Te recuerdo que cuando estabas borracho no lo recordabas. —Tensa la mandíbula.
—Eso fue solo una puta vez, y te lo conté como mi mejor amiga que eras, porque estaba hecho una mierda de no recordar nada al día siguiente.
—Ya, pues por eso. Que quien tuvo retuvo. No se cambia de la noche a la mañana.
—Esta conversación llega diez años tarde. Me da igual lo que pienses. Y sabes que desde que estaba contigo no me emborrachaba, porque no te gustaba. Pero da igual, ¿no? En tu cabeza seguro que también has cambiado eso.
—Me has llamado cabrona.
—Porque creíste a todas esas antes que a mí. Pero ya da igual. Quieres odiarme por ser un puto cabrón, pues hazlo. Yo sé la verdad y quién se equivocó de los dos.
—No vayas de víctima. ¡Habías salido de fiesta! ¡A mí me rechazabas!
—¿Que yo qué? Mira, mejor dejemos el tema.
Que encima que quise ser bueno contigo, también eso estuvo mal.
—Coge una carpeta y me la tiende—. Te lo he explicado todo ahí.
Si necesitas cualquier cosa, me llamas. Evitaré verte si no es necesario y espero lo mismo, dado que ninguno de los dos confía en el otro.
Cojo la carpeta con rabia, pero calculo mal y mis dedos tocan su brazo. Siento un fuerte escalofrío de placer. Que solo he sentido por este hombre.
Aparto la mano y me tiende la carpeta. Esta vez la cojo sin tocarlo y me marcho.
Ando hasta mi cabaña ansiando estar entre sus paredes para que nadie note el estado de nervios en el que me encuentro.
Sabía que verlo sería como un volcán en erupción, pero ha sido mucho peor. Porque al mirarlo he sentido odio, rabia y dolor, y no lastima quien no te importa.
Lo peor es que sé que, si él no mentía, yo le fallé. Pero ese es el problema, que no quiero confiar más en él, porque, o me falla él, o le fallo yo. Ya descubrimos hace años que juntos solo podemos destruirnos.
Es mejor vernos lo menos posible.
Tyre
Miro la puerta por donde se ha ido Dakota. Me había preparado para este momento desde que supe que volvería, porque me informó su padre, el liante.
Lo había hecho, pero no, no estaba preparado, ni lo podría estar nunca.
Ella, en mi recuerdo, era una joven preciosa de trenzas y pecas, con grandes ojos verdes en los que me gustaba perderme. Era como mirar un prado en verano. Era dulce, juvenil… Y ahora…, ahora es una mujer llena de fuego y curvas donde antes no había.
No, joder, no estaba preparado para esta mujer, este pedazo de mujer tan jodidamente sexi.
Ya no queda nada de aquella joven, tiene hasta el pelo más oscuro y sus ojos parecen más verdes. Ha cambiado, los años la han tratado bien.
No, lo mejor es tratar con ella lo menos posible, porque al verla recordé cómo se alejó de mí sin importarle una mierda lo que yo sentía. Que fuera joven lo entiendo, pero en diez años nunca se ha arrepentido. Y, si tenía dudas, solo he tenido que mirarla a los ojos.
Ella no confía en mí. A pesar de todo, cree que soy todo lo que dicen de mí.
Pues bien, ella en su sitio y yo en el mío.
Pienso hacer lo imposible para no tener nada que ver con ella.