Imbatible (Amar a un cowboy 3) Capítulo 2. Dakota
7%

Capítulo 2. Dakota

Dakota

Es temprano cuando llego a la que será mi nueva cabaña. No me puedo creer que haya vuelto. Que esté aquí y que vaya a trabajar como entrenadora en el rancho de los Landry, y que este lugar pueda estar a la altura de todo lo que he aprendido.

Admito que lo que he visto de camino a mi nuevo hogar ha sido diferente a la última vez que lo vi.

Era un lodazal, todo medio destruido, sin nadie que pusiera orden.

Mis padres seguían aquí porque no querían marcharse del hogar de su familia.

El rancho Landry. Mi padre se quedó para cuidar de los caballos, como muchas generaciones de mi familia lo habían hecho antes, y ahora me toca a mí seguir el legado familiar.

Por una promesa que le hice, cuando tenía dieciséis años, para poder irme lejos.

Para formarme, le dije. Para ser la mejor y regresar.

Claro que no esperaba que diez años pasaran tan rápido.

Saco mis cosas de la camioneta que me han dejado por trabajar aquí. La cabaña está muy bonita, la verdad. Pequeña y acogedora. Desde el salón se ve la cama en un altillo. Bajo el altillo hay un pequeño despacho y en el mismo salón, la cocina a un lado. El baño es completo, con una bañera grande.

Esta casa antes no era así, todo es nuevo.

Tyre está haciendo un buen trabajo a pesar de todo.

Solo espero tener que verlo lo menos posible.

Cuesta pensar en él y no recordar todo, lo bueno y lo malo.

Lo conocía de toda la vida. Pero, al llevarnos cuatro años, nuestros caminos estaban separados.

Hasta que me caí del caballo, me rompí una pierna, y pasé mucho tiempo sentada en lo alto de la colina, viendo la vida pasar.

Tyre iba allí a fumar a escondidas. Aunque en este rancho a nadie le importaban sus vicios, se escondía de su madre.

Y me llevaba flores que cogía por el camino para sacarme una sonrisa.

Yo tenía doce años y él, dieciséis.

Era el chico más guapo que había visto en mi vida.

Por el que todas las chicas suspiraban, lo reconocieran o no.

Con sus grandes ojos verde azulados y el pelo castaño con mechas más rubias en las puntas.

Por su mirada intensa y su sonrisa ladeada, todas querían conseguir sus atenciones.

Yo no era menos, estaba enamorada de él en secreto, y de golpe estaba ahí, conmigo.

En mi peor momento, cuando intentaba encontrar algo a lo que aferrarme tras mi caída.

Nos encontrábamos un día tras otro. Mi padre me ayudaba a subir hasta allí para despejarme y Tyre iba al poco, a fumar o con comida que había robado de la casa grande.

Nos hicimos amigos. Muy buenos amigos. Podía contarle cualquier cosa.

A la hora que fuera. Le mandaba mensajes al móvil.

Y siempre me respondía. Aunque estuviera con otras. Como era casi siempre el caso.

Mi corazón se rompió cientos de veces, pero era mi mejor amigo y no podía sentirme mal cuando estaba con otras chicas.

Él no sabía lo que yo sentía. Entonces llegó mi verano de los dieciséis años…

y todo cambió entre los dos. Él dejó de verme solo como una cría o como una amiga.

Nos besamos y ocultar el deseo fue imposible. Había demasiado fuego entre los dos.

Casi hubiera sido mejor que lo nuestro nunca hubiera cambiado.

Yo no estaba preparada para sentir un amor tan grande por alguien que siempre había sido más de todas que de ninguna.

Como amigo era el mejor, porque no esperaba nada de él.

De ese chico triste y herido que siempre estaba ahí para mí.

Pero como novios lo esperaba todo. Y más cuando desearlo era algo que no podía controlar.

Tyre siempre era quien se contenía. Quien cuidaba de que yo fuera a mi ritmo.

Y cada vez que me apartaba me sentía rechazada.

Era joven para entender que lo hacía por mí, por los dos.

Porque cuatro años de diferencia, a esas edades, se notan mucho.

Discutimos mucho. Casi siempre por tonterías que nos hacían daño. Él siempre era quien lo arreglaba. Al final, cuatro años más de edad se notan.

Pero es algo que no entiendes en plena adolescencia.

Me marché de aquí enfadada con él. Y, sin embargo, lo echaba terriblemente de menos.

Empecé a salir con un idiota de mi curso y le entregué mi virginidad.

Sentí asco, dolor, y no me gustó para nada la experiencia.

Llevo años ansiando encontrar a alguien que me haga olvidar cómo es el sexo con quien ni deseas ni le importas.

Y aquí estoy, en el punto de partida.

Cerca de mi ex en muchas cosas.

No estoy preparada para ver a Tyre, porque no sé cómo reaccionaré. Y lo peor es que no confío en él. A pesar de todo, a pesar de lo enamorada que estaba de él, me di cuenta de que quien es aquí pesaba más que todo lo demás.

Si yo hubiera seguido en el rancho, nos hubiéramos hecho aún más daño.

Y ahora trabajo para él.

***

Llego a la zona de trabajo. Este lugar ha cambiado tanto que cuesta recordar cómo era antes. Esta zona está separada del rancho, para que los caballos se sientan cuidados y protegidos.

Entro en los establos y todo parece nuevo. Los boxes están limpios. Los caballos parecen tranquilos.

Voy hasta la pista de entrenamiento. Es ovalada y antes la usaba yo. Me encantaba montar a caballo y era muy rápida. Hasta que me destrocé la pierna. Y ahora aún me duele si la fuerzo mucho. Por eso dejé a un lado mi sueño de ser jinete y decidí esforzarme por ser la mejor entrenadora.

Hay una pista principal y cerca una más pequeña para ejercicios suaves.

Mi padre tenía razón, se lo están tomando en serio.

Me daba miedo volver y que este lugar siguiera siendo un lodazal lleno de vagos.

—¡¡Ya estoy lista!!

Me giro y veo a Gretel. Parpadeo varias veces para comprobar que no me engaña la vista. Lleva la puñetera corona de Miss Universo, un mono rosa y botas rosas.

—¿Vas a ayudarme así?

—Así, así, no. Pero tengo que hacer fotos para mis redes y la gente las verá y comentará si me ve con la corona llena de mierda.

Luego se quedarán para ver el resto. A la gente hay que darle lo que quiere y luego te dejan en paz.

No puedo permitirme perder seguidores. —Sonríe, pero a mí me parece un trabajo agotador tener que estar siempre haciendo cosas para seguir ahí, en redes.

Sonríe. Es la mujer más bonita que he visto en mi vida.

Aún recuerdo el día en que se presentó en el rancho donde yo trabajaba y le dijo al dueño que quería limpiar mierda.

Así, tal cual. El dueño se rio de ella y ella lo miró desafiante y le dijo que todo lo que tenía de preciosa lo tenía de trabajadora.

Que, si no se lo creía, le diera una oportunidad.

Entonces sacó su encanto de miss y mi jefe aceptó.

Y demostró que bajo esa fachada se encuentra una mujer con las cosas claras y muy trabajadora.

Hacerme amiga suya fue fácil, porque ella tampoco me dejó otra opción.

Cuando se le mete algo en la cabeza, nadie la hace cambiar de idea.

Le hago varias fotos para redes y luego se va a dejar la corona en su coche rosa.

Y regresa lista para que le mande trabajo.

Yo no sé cómo organizarme, debería hablar con Tyre o con mi padre.

Si es que lo localizo. Desde que he regresado, mis padres tienen muchas cosas que hacer.

Los vi al llegar y poco más. Algo traman.

Aunque lo sé. Quieren forzarme a hablar con Tyre. Pues van listos. Yo sola podré con todo esto.

***

No puedo con todo esto sola y mi padre está desaparecido. Gretel me está ayudando con los caballos, pero necesito saber más cosas. Con las notas de mi padre no me entero de nada.

A mediodía llamo a Tyre, al número suyo que figura en el móvil de la empresa. Pulso y cuelgo varias veces. Al final tomo aire y lo llamo. Esta vez de verdad.

Contesta al primer tono.

—Hola, Dakota. —Esa voz. Esa voz está más ronca, pero es la que recuerdo de nuestras llamadas y de nuestras conversaciones a la luz de las estrellas en nuestro lugar favorito, que antes lo fue de su bisabuela.

O de antes de besarme y hacer que mi cuerpo se convirtiera en mantequilla entre sus manos.

Tomo aire para alejar todos esos recuerdos.

—Hola. —Hago una pausa para coger fuerza—. Te llamo porque necesito ayuda con los caballos.

—Eso me temía cuando tu padre ha adelantado sus vacaciones.

—¡Será liante! —lo digo en alto y me arrepiento.

—Tengo que salir a hacer unas cosas, pero a partir de las siete estaré en mi despacho. Si te quieres pasar, te pongo al tanto de todo.

—Allí estaré.

No cuelga, yo tampoco, no se despide, yo tampoco. Escucho su respiración y es como si hubiera vuelto atrás en el tiempo, cuando me costaba colgar y me quedaba durmiendo escuchándolo al otro lado.

Para, me digo, y cuelgo.

Solo es mi jefe, ya no queda nada ni de quien fue él hace años, ni de quien fui yo.

Esa chica murió al marcharse de este rancho con un corazón roto.