Ilimitado (Generations 2) 26. Por abajo #2
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26. Por abajo #2

—Los portales están cerrados —afirmó, y era evidente que los había estado escuchando. Hizo un gesto a Dab’nay, la cual se alegró de marcharse.

—Entonces, Gromph me enviará.

—No lo hará. Ha sido él quien ha cerrado los portales. Ha declarado la neutralidad de la Torre en esta lucha.

—¡Entonces, algún otro mago! —exclamó Wulfgar con toda la fuerza que pudo reunir.

—Nadie te hará ese favor —indicó Beniago—. La Torre es neutral.

—¡Pues, Kimmuriel!

Beniago se encogió de hombros.

—¿No tengo ninguna forma de llegar a Gauntlgrym?

Otro encogimiento de hombros del drow, que seguía con su disfraz de humano pelirrojo.

—¿Puedes tenerte en pie? —le preguntó con una risita.

—En un momento —le aseguró Wulfgar.

—Entonces, podrías ir por los túneles de la Infraoscuridad o por tierra abierta, pero, de cualquier forma, casi seguro que te matarán antes de que llegues al complejo enano. E incluso si no es así, ¿cómo vas a entrar? Gauntlgrym está rodeado de un ejército de demonios y drow hostiles.

—¡Kimmuriel podría meterme!

Beniago volvió a encogerse de hombros, luego se apartó porque Kimmuriel había entrado por la puerta.

—Estás vivo gracias a mí —afirmó Kimmuriel.

Wulfgar lo miró mal, pero no pudo negarlo.

—No te he mantenido vivo porque me importe que estés vivo o no —añadió el drow.

—Jarlaxle te dijo que me protegieras.

Kimmuriel resopló.

—Eso no importa. Ahora estás aquí y he enviado a una sacerdotisa a curarte porque deseo tu asistencia.

—Entonces, prométeme ese viaje a Gauntlgrym.

—No. Pero me ayudarás.

Wulfgar entrecerró aún más los ojos.

—Sospecho que deseas matar a Brevindon Margaster y al demonio que lo controla incluso más que yo —aventuró Kimmuriel.

Eso hizo que Wulfgar se echara hacia atrás y abriera los ojos, sorprendido.

—Estás rodeado de poderosos aliados, poderosos guerreros.

—Dudo que ninguno de ellos pudiera propinar el golpe físico que deseo.

Wulfgar pensó en eso durante un instante, luego asintió.

—Guíame.

Pero Kimmuriel negaba con la cabeza.

—Hay mucho que debe organizarse a nuestro alrededor en Luskan —explicó—. Cuando se organice como preveo, te llamaré. Hasta entonces, sana. Dudo que sobrevivas a nuestro ataque.

Eso hizo que Wulfgar mirara hacia atrás con curiosidad.

—La muerte de ese demonio que dirige el ataque sobre Luskan bien valdrá tu sacrificio, si eso llega a pasar —dijo Kimmuriel—. Estoy seguro de que estarás de acuerdo conmigo.

—Lo estoy —contestó Wulfgar después de pensarlo un instante.

—Ah, un auténtico guerrero, como sospechaba. Morir no te asusta…

—Ya he muerto antes —le interrumpió Wulfgar.

Kimmuriel lo miró sorprendido durante un instante, y Wulfgar sonrió mientras seguía adelante, porque un detalle así no iba a ser lo suficientemente importante para que el drow se molestara en pedirle que se lo explicara.

—Tu honor es mucho más importante, y perderlo sería peor que la muerte —aventuró Kimmuriel—.

Así que te ofrezco la oportunidad de dar un gran golpe a favor de tus amigos en el sur, y, sí, por Jarlaxle y por nosotros, los drow que gobernamos en Luskan.

Pero corres un gran riesgo. Ya has sentido el mordisco de la espada de Brevindon.

—Dame la oportunidad de un ataque —replicó Wulfgar—. Y no fallaré por segunda vez.

—Al menos, no será sobre un barco que estúpidamente hundiste con nosotros dentro —soltó Kimmuriel, seco, mientras salía de la estancia.

Wulfgar se quedó sentado solo, tratando de encontrar su centro, tratando de expulsar la fiebre, el pus, el dolor. Cuando la puerta se abrió de nuevo, alzó la mirada y se encontró a Bonnie Charlee entrando.

—Mataré a Brevindon Margaster y al demonio elfo de piel roja que alberga en su interior —le dijo Wulfgar con total determinación, antes incluso de que ella pudiera comenzar a formular las muchas preguntas que era evidente que se planteaba.

—Pareces muy seguro —repuso.

Wulfgar asintió con la cabeza, y el movimiento le provocó otra sesión de vómitos.

Se hallaba en su propia sala del trono, pero la Matrona Mez’Barris no podía evitar sentirse un poco superada por el despliegue de poder que había ido a visitarla después de que se negara a reunirse con la Madre Matrona en su propio campo, en la Casa Baenre.

Cinco matronas, incluida Quenthel Baenre, y sus séquitos de poderosas sacerdotisas drow, magos y guerreros se hallaban ante ella; en el caso de la Matrona Zeerith Xorlarrin, se sentaban detrás de ella en un disco mágico decorado; en el de la Madre Matrona Baenre, se sentaba sobre un recargado trono de color púrpura y negro, un asiento portátil mucho más impresionante que el propio trono de la Casa Barrison Del’Armgo.

Mez’Barris se humedeció los labios mientras consideraba la oferta que habían puesto ante ella.

—Si muero, alguien me remplazará —le dijo a la Madre Matrona Baenre.

—Si yo muero, ya sabes quién me remplazará —replicó Quenthel.

Mez’Barris pensó en eso durante unos segundos, mirando a la sacerdotisa Sos’Umptu, la cual estaba decididamente junto a su hermana. Pero se dio cuenta de que no, Sos’Umptu no quería el manto de Madre Matrona.

—Yvonnel —respondió Mez’Barris, apenas capaz de escupir el nombre de la poderosa y poco usual hija de Gromph, aun una niña drow, pero en el cuerpo de una joven y con la autoridad, la sabiduría, la inteligencia y la experiencia de su tocaya…

—Yvonnel —confirmó la Madre Matrona.

—¿Acaso está en Menzoberranzan?

—Será mil veces tu pesadilla —continuó Quenthel, sin prestar atención a la pregunta—. Porque ella también participa en esto y recordará tu negativa. No te tolerará, Matrona Mez’Barris, ni tolerará los continuos juegos de tu Casa.

—¿Me estás amenazando con una guerra, Madre Matrona?

—Yo no. No tengo tal deseo. Pero estoy segura del camino que la Madre Matrona Yvonnel seguirá.

Mez’Barris miró a los nobles de su casa.

—Mil veces tu pesadilla —repitió la Madre Matrona.

—Y quizá yo tenga más que ofrecer.

Poco después, un vasto ejército salía marchando de Menzoberranzan, ayudado por la magia para acelerar su camino hacia las puertas inferiores de Gauntlgrym.

Un ejército tal no había partido de la ciudad drow desde hacía más de un siglo, la última gran marcha de la gran Yvonnel la Eterna, Madre Matrona Baenre, en su deseo de conquistar Mithril Hall.

Las academias drow yacían en silencio; las casas drow, nobles y plebeyas, yacían en silencio.

Los túneles de la Infraoscuridad se despejaban ante ellos, porque ninguno de los habitantes de ese oscuro lugar quería enfrentarse a todo el poder de Menzoberranzan al completo.