Ilimitado (Generations 2) 20. Lo que arrastra la marea #3
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20. Lo que arrastra la marea #3

Pasó junto a Parise, en dirección a la escalera de caracal.

—Seguidme —indicó tanto al lord netheriliano como a la giganta de las nubes; y para abajo que fue, más enfadado que intrigado.

Pero esa rabia se transformó en algo diferente en cuanto atravesó la última puerta que daba a la pequeña estancia donde se hallaba el mágico artefacto de teletransporte.

—Deberías moverte más deprisa —le saludó la Matrona Zhindia Melarn.

Gromph necesitó de toda su fuerza de voluntad para contener un asalto, con palabras o quizá incluso con un conjuro.

¿Qué estaba haciendo ahí esa criatura en ese momento?

Y no estaba sola, sino flanqueada por un trío de otras mujeres drow.

A una la creyó reconocer como la primera sacerdotisa, que había sido matrona de la antigua casa Kenafin.

Las otras dos eran Hunzrin, incluida la Primera Sacerdotisa Charri. No era un séquito de nada.

—Debes de haber notado que yo y mis asociados estábamos un poco ocupados.

—Sin duda —respondió Zhindia—. Y te perdonaré por incinerar así a mis fuerzas. Los demonios harán llagar otros nuevos en nada.

—¿Tus fuerzas?

—Claro.

—Estás jugando a un juego peligroso. Esta ciudad es de Bregan D’aerthe, con la bendición de la Madre Matrona Baenre.

La Matrona Zhindia suspiró y chasqueó los dedos; aparecieron dos mujeres drow más, claramente desnudas y muy hermosas. Demasiado hermosas, y eso, junto con la ausencia de ropa, permitió a Gromph reconocerlas como quienes eran: Eskavidne y Yiccardaria, las sirvientas de Lloth.

—Verás, Archimago, yo diría que es Bregan D’aerthe el que está jugando a juegos peligrosos, junto con tu hermana, la Madre Matrona.

Jarlaxle y sus pícaros; y, por favor, dime que no te has unido a esa lamentable troupe , tienen la bendición de la Madre Matrona Baenre, pero yo, como ves, tengo una bendición aún mayor.

—¿Qué quieres? —preguntó, muy seco, recurriendo al enfado para cubrir su nerviosismo, porque sí que estaba inquieto.

Odiaba a la Matrona Zhindia por encima de todas las otras, sobre todo porque siempre había tenido muy mal humor.

Pero en ese momento, con ese formidable poder frente a él, vio que ella se hallaba ahí con la bendición de la Reina Araña, y su desagrado fue rápidamente cambiando a un cierto temor.

—No te considero responsable de las felonías de tu hermana o de Jarlaxle —dijo la Matrona Zhindia.

El miedo fue sustituido por desprecio. Pero Gromph no dijo nada, aunque casi no podía creer que esa imbécil estuviera hablando así de la Madre Matrona de Menzoberranzan. Incluso para Zhindia, ese comentario era remarcable.

Continuó.

—Y no permitiré a mis esbirros que crucen de nuevo el segundo puente para atacar tu… lo que sea que es esta fea cosa.

—Porque has visto lo que les pasa.

La Matrona Zhindia se rio de él.

—Porque no es tu pelea —le corrigió—. Ya ni siquiera estás en Menzoberranzan. Piensa en tu buena suerte. Así que te permitiré seguir al margen de esto, totalmente. Dejemos que Lloth decida quién debe reinar, la actual Madre Matrona o la que le entregue a Drizzt Do’Urden y Zaknafein.

Gromph rio abiertamente.

—¿Todo esto por esos dos insectos? Tonterías.

—Pero no tu tontería —le replicó Zaknafein muy seca, señalándolo con el dedo—, mientras demuestres que no lo es.

—¿Qué quieres decir…?

—Cierra los portales de teletransporte —exigió la matrona Zhindia—. Cierra esta y no dejes que los enanos se conecten con sus otras fortalezas.

Gromph no tenía intención de hacerlo.

—Puedes hacerlo desde aquí, desde esta torre, que está ligada al primordial que proporciona energía a los portales mágicos —insistió Zhindia.

—Sí puede —dijo Yiccardaria antes de que Gromph pudiera negarlo.

—Esta es mi oferta, y solo por esta vez —le advirtió Zhindia—. Cierra los portales, métete en tu torre y deja que esto pase. Cuando me haga con la victoria, y lo haré, no habrá repercusiones contra ti y tu… —miró más allá de él, al humano de piel grisácea y la giganta de las nubes—… orden de magos.

Gromph entrecerró los ojos y la miró fijamente.

—Decide, Archimago —insistió la Matrona Zhindia.

Gromph miró hacia atrás, a sus compañeros magos. Pensaba con rapidez, tratando de encontrarle sentido a algo de eso. Pero se dio cuenta de que no le estaban pidiendo que escogiera entre la Madre Matrona Baenre y la Matrona Zhindia. Aún no. No en esta tarea en concreto.

Si hacía lo que le pedían, sin duda Jarlaxle se molestaría con él y el rey Bruenor se enfurecería, pero incluso si ganaba su lado, ¿qué le importaba a Gromph? No batallarían contra él, sobre todo porque él aún tenía la llave de lo que mantenía atrapado al primordial.

Pero si no hacía lo que le pedían y la Matrona Zhindia resultaba victoriosa…

Gromph volvió a mirar a la Matrona Zhindia y luego miró a las sirvientas.

—¿Lloth demandará que mantenga su palabra? —preguntó.

Ambas rieron, porque era una pregunta absurda, dados los modos de la Reina del Caos.

—Sin duda, no estará descontenta contigo —respondió la Matrona Zhindia por ellas.

Gromph pensó unos instantes más, luego asintió.