18. Las palabras que conocía #2
Luego un tercer grupo se unió a los otros dos; quince guerreros Armgo, todos confusos, todos fuera de la batalla.
Mez’Barris se inclinó sobre la baranda, mirando en busca del cuarto equipo, el de Uthegentel.
—Ocho contra uno —susurro para sí, tratando de calmar sus crecientes y reales temores.
Ya no le sonaba tan bien.
—¡Una treta! —gritó Zaknafein mientras completaba su vuelta y veía a un puñado de guerreros cargando por el callejón.
Sin duda, Zaknafein reconoció a uno en particular, un drow gigantesco con el pelo blanco en punta y pinchos dorados atravesándole las mejillas.
Sí, conocía a Uthegentel; todo el mundo en Menzoberranzan conocía al bestial maestro de armas de la Casa Barrison Del’Armgo, y eso le confirmó de qué iba todo eso.
Porque estaba seguro de que Dab’nay había jugado un papel en esto…
o había empleado sus conexiones con la Casa Barrison Del’Armgo para advertirles tanto a él como a Arathis Hune.
Pero ¿por qué? ¿Qué sentido tenía que los avisara a ambos de una manera que podía haber hecho que se mataran el uno al otro antes incluso de que comenzara la emboscada?
No tenía tiempo de pensar en eso, porque ya llegaban cuatro guerreros, con Uthegentel esperando atrás. Dos cargaron contra Zaknafein y Arathis Hune, los otros dos se movieron a derecha e izquierda para acorralar a las supuestas víctimas.
Zaknafein y Arathis Hune se pusieron espalda contra espalda, una técnica que habían empleado muchas veces, al igual que todos los de la banda de Jarlaxle. Al menos por ese momento, olvidaron cualquier enemistad entre ellos…
Zaknafein se volvió para interceptar a los dos que querían flanquearlos, porque con sus largas espadas era más capaz de bloquear los golpes de los enemigos que venían por los lados.
Oyó el choque de metal a su espalda antes de bloquear: Arathis Hune empleando su espada y su puñal para detener la carga del par de en medio.
El maestro de armas extendió la espada de la derecha; luego la de la izquierda, y siguió ese bloqueo con un paso rápido y un giro, tocando a Arathis Hune al hacerlo para avisarle.
Este también se movió hacia la izquierda, y ambos comenzaron a girar, de modo que el guerrero que atacaba a Zaknafein por la derecha tuvo que detenerse y colocar sus hojas en línea para encontrarse con el nuevo enemigo.
De igual forma, el guerrero Armgo que presionaba a Arathis Hune por la derecha de repente se encontró de cara a Zaknafein, mientras este primero lanzaba un largo golpe para hacer retroceder a su rival inicial y luego respondiendo con furia a su nuevo oponente.
Zaknafein golpeó con fuerza en un ángulo descendente para forzar más el equilibrio del hombre.
Casi consiguió desequilibrarlo, pero tuvo que bajar y girar un cuarto hacia el otro lado para parar la carga de su rival inicial.
Juntos fueron girando y girando, creando un ritmo, y casi llegan a su posición original espalda contra espalda; casi, pero no del todo, porque justo antes invirtieron el giro y el brusco cambio de Zaknafein pilló a su rival inicial claramente por sorpresa, y el maestro de armas estuvo seguro de tener un golpe directo.
Pero notó un traspié a su espalda y oyó un grito de Arathis Hune, y tuvo que dejar a su atacante para ayudar a su aliado.
Zaknafein alzó la espada de otro justo a tiempo para que el caído asesino de Bregan D’aerthe rodara saliendo de la melé.
Arathis Hune se puso en pie inmediatamente, con las armas listas, pero ninguno de los cuatro atacantes había ido a por él.
Zaknafein se dio cuenta de eso primero, y ¡buena cosa fue!
Dobló las piernas y saltó directo hacia arriba; rápidamente recogió las piernas para evitar dos estocadas y un furioso tajo.
Por encima de las hojas de sus tres enemigos inmediatos, y el cuarto aún desequilibrado por el cambio de sentido de Zaknafein, lanzó una patada a derecha e izquierda.
Uno de sus objetivos alzó rápido la espada y le hizo un corte a Zaknafein en la espinilla, pero el maestro de armas aceptó el dolor alegremente, porque sus dos botas conectaron con los objetivos y los golpeó en la cara.
Uno salió volando, directo al suelo. Su cabeza crujió sonoramente contra las piedras del callejón. El otro se tambaleó hacia atrás, atontado, con la espada manchada con la sangre de Zaknafein y la suya propia cayéndole por la nariz.
El tercero del grupo se quedó solo ante Zaknafein, con su amigo que regresaba rápidamente.
Pero no lo suficiente. Zaknafein fintó hacia la izquierda, un movimiento evidente porque tenía a otro enemigo acercándose rápido por la izquierda.
Pero con un sorprendente valor, el seguro Zaknafein se fue hacia la izquierda, blandiendo las espadas con furia, apartando los golpes y estocadas de su sorprendido enemigo y lanzándose al ataque por fuera y por abajo en un frenesí brutal y repentino.
Alcanzó al hombre en el pecho, una estocada profunda, justo cuando el otro, su rival inicial, se le acercaba por la espalda.
Sin ningún movimiento superfluo, Zaknafein soltó las espadas, las cogió del revés y comenzó a lanzar estocadas hacia atrás en una sucesión rápida y brutal
El pobre enemigo situado tras él nunca había visto esa técnica con tanta furia, y tuvo que bloquear y esquivar como si el maestro de armas le estuviera dando la cara.
Y tan fuerte era el agarre de Zaknafein, tan firmes, rápidas y equilibradas eran sus estocadas inversas que ningún bloqueo podía mover las espadas lo suficiente hacia un lado o el otro para hacerle bajar el ritmo.
Inevitablemente, el drow Armgo falló un bloqueo y acabó con la punta de la espada en la barriga.
Zaknafein se giró, mientras el tipo con la nariz ensangrentada llegaba para unirse a su compañero herido en la barriga.
Sin embargo, antes de que llegar, el drow Armgo se encontró solo, porque Zaknafein había blandido su espada derecha en un arco descendente y se llevó para abajo las hojas del drow herido.
Por encima de esa espada descendente fue la mano derecha de Zaknafein, mientras este daba un paso adelante y ponía todo su peso en un golpe a la cara de su rival con el pesado pomo.
Tres caídos.
Zaknafein saltó hacia delante y se lanzó en una rueda. Luego, volvió a ponerse en pie frente a su último oponente. Al alzarse, vio a Arathis Hune enzarzado con Uthegentel; el asesino dio un medio giro y se agachó para forzar hacia abajo la parte delantera de ese potente tridente.
Pero Uthegentel le dio en la cara con el otro extremo del arma. A Zaknafein no le pareció un golpe muy fuerte, pero Arathis Hune fue volando hacia atrás y cayó al suelo. Intentó levantarse, se tambaleó y luego simplemente se desplomó.
Zaknafein se centró en el drow que tenía más cerca, porque no quería luchar contra ese y contra el poderoso maestro de armas a la vez. Sin embargo, el guerrero Armgo se retiró, aun sangrando por la nariz y sin querer saber nada más de Zaknafein.
Al ir hacia la salida del callejón, Zaknafein vio dos enemigos más y se dio cuenta de que estaba condenado. Debería haberse centrado en el hombre que estaba allí, pero se dio cuenta de que no podía, porque conocía al otro rival.
Dab’nay Tr’arach.
Sí que le había traicionado.
Pensó que ya se ocuparía de ella más tarde, pero hizo una mueca de fastidio, porque no solo Uthegentel Armgo se le estaba acercando, sino que otro guerrero Armgo podía volver para unírsele, y, lo peor de todo, el hombre junto a Dab’nay era, sin duda, un mago, en vista de su túnica decorada, y seguramente uno de alto rango en una casa de la que se sabía que poseía poderosos conjuros arcanos.
Zaknafein odiaba a las sacerdotisas de Lloth por encima de todas las cosas, pero le encantaba luchar contra ellas.
Pero odiaba luchar contra magos.
Los magos hacían trampa. Podían derretirle o enviarle una descarga de muerte, o congelarlo, o enviarlo a algún plano lejano y horrible incluso antes de tenerlos lo suficientemente cerca para atacarlos.
Y todavía peor, en ese momento no podía ir a por ese, aguantando y con suerte esquivando un único conjuro antes de acercarse lo suficiente. No, Zaknafein tenía un problema mayor: la forma de drow más enorme que había visto nunca.
La forma en que se le acercaba Uthegentel sorprendió a Zaknafein, porque no era jactanciosa.
Se acercaba a Zaknafein con pasos mesurados, el enorme tridente sujeto como una espada corta en la mano derecha, la mano izquierda extendida hacia afuera para tener un perfecto equilibrio en su posición agachada.
Zaknafein no tardó en entender por qué ese poderoso drow tenía la mano izquierda vacía, ya que Uthegentel realizó una serie de giros y pases de una mano a la otra con el tridente, haciéndolo rotar rápidamente ante él, hasta crear una especie de muro defensor.
En los breves instantes que tardó Zaknafein en comprender esa maniobra tan poco ortodoxa, el hombretón casi se lo lleva por delante, porque detuvo la rotación de golpe y con el alineamiento perfecto para lanzar una estocada de esa arma de tres puntas directamente a la parte central del torso de Zaknafein.
Zaknafein no tenía tiempo para esquivarlo tirándose hacia algún lado, no podía retroceder con la suficiente velocidad para escapar del gran alcance del arma, y simplemente no era lo suficientemente fuerte para bloquear el tridente de repente.
El veterano maestro de armas, gran estudiante de las artes marciales, lo comprendió sin ni siquiera pensarlo.
Sus músculos lo comprendieron; cada parte de él lo comprendió.
Sus espadas, armas robadas de la armería de la propia casa de Uthegentel, se alzaron verticales antes él, perfectamente alineadas para pasar entre las puntas del tridente, y mientras el inmensamente fuerte Uthegentel empujaba el bloqueo, Zaknafein mantuvo los pies firmemente plantados, pero se fue hacia atrás, doblando las rodillas.