Ilimitado (Generations 2) 14. Si solo #4
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14. Si solo #4

Eso fue una sorpresa para Dab’nay, y el corazón se le aceleró un poco. ¿Acaso le estaba ofreciendo esa posición?

—He encontrado a un tercero —continuó Jarlaxle—. Un nuevo compañero para todos nosotros, cuyo valor es imposible subestimar.

Dab’nay se lo quedó mirando.

—Pronto lo conocerás, espero.

—¿Quién es?

Jarlaxle alzó la mano y negó con la cabeza.

—No me corresponde a mí presentarlo cuando no está conmigo.

Dab’nay bebió otro sorbo, esa vez para ocultar su ceño.

—En cuanto a Zaknafein y Arathis Hune —explicó Jarlaxle—, están bien.

Zaknafein ha vuelto al lado de la Matrona Malicia y yo diría que se quedará durante bastante tiempo.

Ella no va a dejar que corra ningún riesgo por ahora.

Los susurros dicen que Mali… que la Matrona Malicia está preparando otro ascenso en la jerarquía de la ciudad.

Dab’nay sabía que ese desliz al referirse a la Matrona Malicia como simplemente Malicia era el modo que tenía Jarlaxle de valorarla. Ella era una sacerdotisa de Lloth, y ninguna auténtica sacerdotisa de Lloth dejaría pasar tal fallo de etiqueta sin una reprimenda.

Pero Dab’nay permaneció impasible.

—Arathis Hune se encuentra fuera de la ciudad —continuó Jarlaxle, satisfecho, al parecer, por su falta de respuesta—. Su misión puede que le lleve hasta Ched Nasad.

Dab’nay buscó algún rastro de engaño en los rojos ojos de Jarlaxle.

¿No era esa una historia muy adecuada para hacer que ella bajara la guardia y para que Arathis Hune pudiera matarla rápidamente?

Jarlaxle prosiguió.

—¿Cuándo esperas volver por el Micónido Supurante?

—¿Para conocer al nuevo lugarteniente? —le soltó con frialdad—. ¿Esperas que me incline ante él?

—¡Ante nadie! —respondió Jarlaxle, rápidamente—.

Claro que no. Oh, querida Dab’nay, oigo tu rabia en tus palabras.

Y lo comprendo. Pero me sorprende que te tenga que explicar esto: nunca tendrás una posición en los altos rangos de Bregan D’aerthe.

Al menos, no abiertamente. ¿Crees que la Madre Matrona Baenre y las otras matronas del Consejo Regente permitirían algo así a una sacerdotisa de Lloth?

Por lo que a ellas respecta, por lo que a ellas debe respectar siempre, tú eres una colaboradora, una sacerdotisa independiente que a veces trabaja con Bregan D’aerthe y siempre por una buena recompensa.

—Como se puede ver por el lujo que me rodea —replicó Dab’nay, sarcásticamente.

Jarlaxle se puso en pie para marcharse. Se detuvo y miró alrededor de la habitación grande y bastante bien amueblada, que ambos sabían que era una de las que pertenecían a Dab’nay.

—Mejor esto que donde Dab’nay se encontró después del desastroso ataque de la Casa Tr’arach a la Casa Simfray.

—Una batalla que mi casa ganó.

—Una batalla que perdisteis —corrigió Jarlaxle—. Con la muerte de la Matrona Hauzz.

—Solo porque… —comenzó a discutir, encendida de ira.

Jarlaxle la detuvo alzando la mano.

—Era una guerra de casas drow —afirmó—. No hay «solo porque». La Casa Tr’arach sufrió un desastre porque fuerzas mayores que las de la Casa Simfray se aliaron contra ella.

—Tú incluido.

—Yo incluido. Que es la única razón por la que tú sobreviviste. Y tu hermano, dicho sea de paso.

Los dos se miraron fijamente durante un buen rato, luego Jarlaxle se tocó la frente en una especie de saludo y se marchó por la puerta de la habitación, que estaba cerrada con llave, pero que él abrió con una orden verbal ¡antes de tocarla!

Dab’nay se quedó sentada allí mucho rato, sin molestarse siquiera en levantarse para cerrar la puerta, pensado en la conversación.

Jarlaxle había colocado abiertamente un límite en su ascenso dentro de su banda de mercenarios, pero curiosamente ella no estaba enfadada y ni siquiera se alegraba de haberse alineado con la Matrona Soulez.

Tardó un rato en aclararse con esa aparente paradoja.

Si no podía ascender en Bregan D’aerthe, ¿no debía lógicamente unirse a la Casa Barrison Del’Armgo?

Pero Dab’nay no podía negar la verdad del razonamiento de Jarlaxle.

Si ascendía a Dab’nay o a cualquiera de las otras sacerdotisas de su banda a una posición de mando oficial, sobre todo en esos momentos en los que Bregan D’aerthe se estaba volviendo bastante poderosa, algunas de las matronas seguramente la considerarían una amenaza, quizá incluso como una posible nueva casa y una más peligrosa, porque era móvil, incluso etérea, y con conexiones de negocios con las mayores casas de la ciudad.

Dab’nay no conseguía aclarase, no en ese momento.

Tampoco estaba segura de qué le hacía sentir el que Zaknafein estuviera atrapado en la Casa Do’Urden. Echaba de menos sus caricias y sus besos, pero quizá fuera mejor así. Al menos, con él allí junto a Malicia la cruel Soulez tardaría en volver a organizar su muerte.

Dab’nay se levantó y fue a cerrar la puerta, comprobando cuidadosamente que no hubiera nadie en el pasillo.

Esperaba que Arathis Hune estuviera de verdad fuera de la ciudad, y también esperaba que se quedara lejos durante mucho mucho tiempo.