TERCERA PARTE
L ÍMITES CULTURALES
Tantos dichos sabios nos siguen a cada paso, pero ¿son sabiduría o límites? ¿Perlas con valor a las que prestar atención o los usos vulgares de tiempos perdidos, mejor olvidados, o como mínimo pasados de moda?
En tantas ocasiones encuentro que esas tradiciones, o esa vieja sabiduría o esas costumbres, son esto último.
La misma idea de la sabiduría del momento parece…
maleable; después de todo, si debemos estar atados a las costumbres de nuestros ancestros, entonces, ¿cómo podemos esperar mejorar lo que nos han dejado?
¿Son los rituales y las tradiciones tan diferentes de las estructuras físicas?
¿Acaso los enanos dejarían de explotar las minas al llegar a los límites de los túneles de sus antiguas naciones?
Claro que no. Cavarían nuevos túneles y, si durante ese trabajo descubrieran materiales o diseños mejores para sus andamios, los usarían y seguramente volverían a los viejos túneles y mejorarían lo que los padres de los padres de los padres de sus padres les hubieran dejado.
Entonces, ¿por qué debe ser esto diferente cuando se trata de la tradición?
Es cierto que, entre mi propia gente, las tradiciones forman límites, y de un modo terrible.
La mitad de la población de Menzoberranzan está atrapada en posiciones menores y sus ambiciones enjauladas por palabras más antiguas que el más viejo de los elfos oscuros, palabras grabadas en un pasado milenario.
Parte de la razón de esto es evidente: lady Lloth y sus decretos.
Sin duda, la religión, para aquellos que tienen fe, cualquier fe, a menudo es inflexible y no se sujeta al escrutinio de la razón o de los ruegos contra la clara injusticia.
La Palabra es eterna, se afirma y, sin embargo, en muchas ocasiones es evidente que eso no es cierto .
Entonces, ¿por qué esa supuesta sabiduría persiste de un modo tan férreo?
Yo creo que los caprichos de una deidad inaccesible y convenientemente irrefutable solo son una parte de la respuesta.
La otra parte se sitúa en los rincones más oscuros de las costumbres de todas las razas con capacidad de razonar.
Porque esas tradiciones, que se mantienen más allá de cualquier racionalización posible o de evidentes fallos morales, esas que se mantienen más fervientemente, demasiado a menudo, sirven a los que más ganan con su seguimiento .
En la ciudad donde nací, las que poseen el poder no tienen que competir con la mitad de la población.
Las matronas no tienen que preocuparse de un patrono, ya que, sin duda, por tradición pueden usar a sus homólogos como les parezca.
Incluso esos actos tan personales como hacer el amor están determinados por las exigencias de las mujeres de Menzoberranzan y no hay que hacerse ninguna ilusión sobre el «amor» en tal acción.
Cualquier hombre que no cumpla puede enfrentarse a una cruel venganza por su insolencia.
Solo las mujeres pueden ser la cabeza de una familia.
Solo las mujeres se pueden sentar en el Consejo Regente, e incluso el hombre con la posición más elevada en la ciudad, normalmente el archimago de Menzoberranzan, es, por tradición, por edicto, por las exigencias de esas despiadadas gobernantas, considerado por debajo de la mujer de menor rango existente .
Los drow no son la única gente arrinconada y aprisionada por tales indecencias sistémicas, ¡ni mucho menos!
En la tribu de Wulfgar y entre muchos de los pueblos del norte, la tradición exige el patriarcado en vez del matriarcado, y mientras que los hombres no son tan brutales en su control como las mujeres drow, el resultado, supongo, no es muy diferente.
Quizá el trato sea más amable; recuerdo la vergüenza de Wulfgar tan intensa que le hizo alejarse de nosotros, cuando, en un ataque de recuerdos inducidos por los demonios, golpeó a Catti-brie.
No me puedo imaginar a Wulfgar pegando a una mujer intencionadamente o exigiéndole servicios sexuales contra su voluntad, pero incluso en su arrepentimiento, esa leve condescendencia permaneció en él durante muchos años.
Pensaba que su deber era proteger a las mujeres, lo que era una tarea noble, pero a eso le acompañaba una creencia no expresada pero sin duda evidente de que las mujeres no eran capaces de protegerse a sí mismas.
Las colocaba en un pedestal, pero como si fueran algo frágil; no conseguía entender la auténtica capacidad de las mujeres, incluso de una tan poderosa, inteligente, capaz y experimentada como Catti-brie .
Tardó años en abandonar ese prejuicio y llegar a reconocer totalmente el valor, la igualdad y el potencial de Catti-brie y de todas las mujeres.
Tan arraigadas tenía las enseñanzas de sus primeros años que incluso cuando teniendo ante sí tantas pruebas claras y convincentes del error de esa creencia, le costaba un gran esfuerzo librarse de ellas.
Sí, librarse, porque eso es lo que representa aceptar completamente que lo que te ha sido enseñado con tanto afán, los designios de toda la sociedad que te envuelve, puede estar equivocado .
Wulfgar se libró del estúpido sexismo de su gente, y el mayor beneficiado de ese cambio fue, de hecho, el propio Wulfgar .
¿Me atrevo a esperar lo mismo de Yvonnel? Porque esa es la esperanza de Jarlaxle, lo sé, y su propósito, y es uno para el que sigue usándome como su brillante ejemplo. Solo puedo reírme .
Solo me queda esperar que las poderosas matronas de Menzoberranzan no se cansen tanto de los juegos de Jarlaxle que venga a matarme para privarle de su destacado símbolo .
Hay gente por todas partes libres de ese sexismo, claro, pero también ellos están atados a sus costumbres.
En la tradición de los enanos delzoun, el género de un individuo no tiene importancia comparado con el peso del mérito.
Ahora en Mithril Hall hay una reina, Dagnabbet, hija de Dagnabbit, hijo de Dagna.
Eso no importa. Su reinado solo será juzgado por sus acciones.
En todos los aspectos de la vida enana, desde el combate hasta cocinar, de la extracción al gobierno y todo lo demás, el mérito y la competencia es lo único que importa .
Si la persona en cuestión es de raza enana .
No puedo quejarme, ¡ni mucho menos!, del tratamiento que he recibido de los enanos durante mis muchas décadas en la superficie, pero eso era más una cuestión de la compasión personal de Bruenor.
Porque él es un gran motivo de orgullo para su gente.
Un amigo es un amigo y un enemigo es un enemigo, y ni el tamaño de las orejas, ni el color de la piel, ni la altura que tenga le importa un cuerno al rey Bruenor Battlehammer .
Sin embargo, de no ser por él, los enanos del Valle del Viento Helado seguramente no habrían aceptado en sus hogares a un elfo oscuro, perdido y vagabundo como uno más de la familia .
A no ser que hubiera sido otro como Bruenor el que primero me hubiera encontrado en las laderas de la Cumbre de Kelvin. No puedo rechazar esa posibilidad, porque en todos los pueblos de todas las culturas, existe un arcoíris de posibles cualidades, prejuicios, compasión, amabilidad y crueldad .
Es una creencia absurda de los humanos el que los drow son simplemente malvados; ¡oh, seguro que muchos drow se han ganado esa reputación!
Pero también lo han hecho muchos humanos.
Se hacen la guerra unos a otros con la misma facilidad que las casas drow pelean entre las sombras, y en una escala tan grande que una batalla podría dejar más víctimas destrozadas, incluyendo a las que no participaran en la lucha, de la gente que existe en toda la ciudad de Menzoberranzan.
He sido testigo del Carnaval del Prisionero, donde los magistrados torturan a sus hermanos humanos con tanta habilidad y contento como cualquier sacerdotisa de Lloth, látigo en mano.
He visto a los elfos de la superficie echar a los fugitivos de sus refugios y dejarlos a merced de los que los perseguían.
Incluso los halflings, a menudo tan despreocupados, no están exentos de las sombras más oscuras del corazón .
Sin embargo, a pesar de todo esto, continúo confiando en un mañana mejor.
Bruenor y los otros reyes y reinas enanos no mantienen a su gente en un puño tan apretado como sus antecesores.
Regis y Donnola no mandan en Viñas Sangrantes, no.
Se les llama la señora y el señor del pueblo, pero son más como los encargados de los negocios del lugar y, sorprendentemente, sirven con la tolerancia de sus habitantes.
Porque Donnola ha cambiado la tradición del clan Topolino y, ahora, la gente de Viñas Sangrantes ha recibido un gran regalo: su propia voz .
Porque eso es lo que hace la tradición: le roba al individuo su voz. Evita los solos y se centra únicamente en el coro, ¡y ay de aquel cantante que vaya en contra del director!
No, Viñas Sangrantes es como una orquesta, cada instrumento tiene su parte, pero suena en armonía para crear un conjunto. Si la gente de allí elige a otros para mandar, entonces, Donnola y Regis cederán su puesto .
Este es el mañana en el que tengo puestas mis esperanzas, porque creo que solo en una cultura donde se escucha a toda la gente se pueden satisfacer las necesidades de toda la gente .
Ese es el sonido del mañana, y así el mañana será mejor que el hoy .
—D RIZZT D O ’U RDEN