Ilimitado (Generations 2) 10. Clandestino #4
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10. Clandestino #4

—Así que has decidió proclamar abiertamente tu presencia, ¿no?

—preguntó Entreri, casi sin contener una mueca de disgusto—.

Sí, ya lo sé todo de tu actuación en el palacio de Neverember y de Araña Parrafín bebiendo con un par de nobles de Aguas Profundas en la Taberna Driftwood de la ciudad de Neverwinter.

—¿Cómo puedes…?

—Y si yo lo sé, ¿crees que no lo sabrá la mitad de Aguas Profundas? O, al menos, ¿la mitad de los que quieres que lo sepan? ¿En qué estabas pensando para entrar en esa taberna abiertamente? ¿Eres tan tonto para creer que los nombres de Araña Parrafín y Regis no se sabe que son de uno y del mismo?

—No… no tenía ningún motivo para disfrazarme en aquel momento —intentó explicar el halfling—.

No se sabía que estaba en la ciudad, y como mi intención era realmente vender vino de Vías Sangrantes no parecía haber ninguna razón para ocultarme.

En ese momento, no tenía ni idea de lo profundo…

, no, de lo demoniaca que era esta conspiración.

—Pero ahora sí —replicó Entreri—, y aun así esta noche entras en el baile abiertamente como Regis Topolino o Araña Parrafín, o como te apetezca llamarte esta vez.

Regis notó que el estómago se le revolvía, pero se aguantó.

—Palabras muy fuertes viniendo de Barrabus el Gris —replicó, y consiguió un bufido de Entreri.

—Ni siquiera finjas que entiendes eso —le advirtió Entreri, manteniendo su agresiva reacción y sin querer discutir ese tiempo largamente pasado de su vida, cuando había sido esclavizado—. Te lo pregunto de nuevo: ¿por qué has entrado en el baile esta noche?

—Porque esperaba encontrarte a ti —contestó—, o a ella, o a cualquiera de nuestros agentes. No había baile en Delthuntle que no incluyera a algún miembro de la Casa Topolino, en los años que estuve allí.

—Pero ¿abiertamente? —intervino Dahlia.

Regis la miró encogiéndose de hombros.

—¿Cómo habría conseguido una invitación sin ser Regis de Viñas Sangrantes, amigo del rey Bruenor Battlehammer?

—Se volvió muy decidido hacia Artemis Entreri—.

Nadie mencionó las batallas en el norte.

Nadie parpadeó cuando se enteraron de mi identidad, aunque Viñas Sangrantes seguramente está bajo asedio mientras hablamos.

—Viñas Sangrantes ha sido arrasada completamente —repuso el asesino.

Regis iba a replicar antes de que Entreri acabara la frase, pero el peso de esa afirmación le dejó sin aliento.

—Lady Donnola está bien —añadió rápidamente Entreri, y pareció haber algo raro en su voz. ¿Compasión?—. Casi toda la ciudad consiguió bajar en el tranvía a Gauntlgrym y sobrevivir, pero la propia Gauntlgrym está siendo atacada ahora.

Regis trató frenética e inútilmente de encontrar la voz.

—Los señores de Aguas Profundas seguramente saben lo que está ocurriendo en los Riscos —continuó Entreri—. Pero no quieren que nadie, y, en especial, alguien como tú, sepa que lo saben.

—¿Por qué?

—Porque entonces tendrían que hacer algo al respecto —contestó Dahlia, y Entreri asintió.

—Pobre ingenuo —añadió Entreri—. Aún tienes esperanza en el valor y el altruismo de los nobles gobernantes de Faerûn.

—Eso incluiría al rey Bruenor —le recordó Regis.

—Bruenor no es típico de su clase —repuso Entreri—. Es importantísimo que entiendas eso.

—No soy ningún niño sin experiencia.

—Entonces, deja de comportarte como uno.

—¡Pareces creer que tenía muchas alternativas ante mí!

—En eso no te falta razón —dijo Dahlia.

Entreri pensó por un momento y luego asintió.

—Así que viniste a informar y movilizar a Aguas Profundas.

—Había esperado discernir primero quién era aliado y quién enemigo, a través de vuestra información.

Entreri asintió.

—Ojalá eso fuera tan simple. Conocemos al enemigo principal.

—Los Margaster y, seguramente, el propio Neverember.

—Lord Dagult permanece en Neverwinter, por lo que sé. Pero, sí, los Margaster están metidos hasta el cuello. No los subestimes.

—No lo hago. He visto su traición.

—Y eso es solo un parte. Por lo que sé, han comprado la aceptación, si no la alianza de varias otras casas nobles y de la mitad de los guardias de la ciudad.

—Eso no lo sabemos —puntualizó Dahlia.

—Prefiero suponer que es así —repuso Entreri—. Sabemos que es cierto de algunos, al menos, y no creo que sean de los que dejan las cosas a medias.

Dahlia no le contradijo, entonces, siguió un incómodo silencio, el peso del temor palpable en la sala, hasta que Regis lo rompió.

—¿Y qué hacemos? —preguntó casi sin voz.

—Conocemos la cabeza de la serpiente —contestó Artemis Entreri a media voz, y lanzó una mirada, esa horrible mirada, ¡horrible para Regis incluso cuando sabía que él no era el objetivo!, que se había convertido en sinónimo de su reputación durante décadas.

— Por lo tanto, no veo ninguna razón para apelar a la bondad de las autoridades en sí —aceptó el halfling, imitando el letal tono calmado del asesino de tal modo que este alzó una ceja.

Regis se lo tomó como un cumplido.

Pero su momento de orgullo duró poco, porque la puerta se abrió de golpe y lo que parecía una bola rodante de lodo abisal entró en la sala.