Ilimitado (Generations 2) 6. Ajustando cuentas #3
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6. Ajustando cuentas #3

—Me quedaré con él —anunció de repente la Matrona Byrtyn, sobresaltando a Jarlaxle, que se hallaba sumido en sus pensamientos.

—¿Matrona? —Jarlaxle no sabía, en ese momento, de qué estaba hablando Byrtyn de lo abrumado que se hallaba ante su propio descubrimiento.

—Me lo quedo.

A Avinvesa, se dio cuenta Jarlaxle.

—Por ahora —continuó la Matrona Byrtyn—. Hasta que haya confirmado los detalles del combate con informadores más de fiar.

—Naturalmente —repuso Jarlaxle, con una profunda reverencia—. ¿Y luego? —se atrevió a preguntar cuando se incorporó.

—Lo mataré o lo enviaré a vigilar el muro durante el resto de su miserable existencia.

Jarlaxle sacudió el saco de oro.

—Querido Jarlaxle, me recuerdas que, a fin de cuentas, no eres más que un simple varón —dijo ella—. ¿Cómo quedaría que la digna Casa Fey-Branche te lo vendiera de vuelta y quedara inextricablemente ligada a una banda de renegados sin casa?

—Lo compraré la próxima vez que la Madre Matrona Baenre me asigne una misión en la Ciudad de las Telarañas Relucientes —respondió Jarlaxle, sin vacilar—.

Un viaje a Ched Nasad apartaría a Duvon Tr’arach de Menzoberranzan durante casi un año, como mínimo, y cuando regresara ¿quién podría decir que se había marchado en la misma caravana o que no había estado en Ched Nasad todos estos años?

—Lo sabrán sus parientes vivos que sirven en tu propia banda.

—Y no dirán nada para evitar perder la lengua del modo más horrible —contestó Jarlaxle—. Y la verdad, Matrona Byrtyn, en un año ¿a quién le va a importar? Sobre todo, porque esa posición habrá sido ocupada durante ese año por un auténtico hijo noble de Fey-Branche

La Matrona Byrtyn esbozó una media sonrisa, pero no dijo nada e hizo un gesto hacia la puerta para despedir al renegado.

Jarlaxle se alegró de salir de ahí, porque estaba seguro de que sí que podría recomprarle a Duvon Tr’arach a la Matrona Byrtyn por un precio muy similar al que ella había pagado por el guerrero. Solo que Duvon volvería con un mejor entrenamiento, más curtido, más maduro.

Sí, y eso pasaría bien pronto. Todo lo que Jarlaxle tenía que hacer era idear cómo asegurarse de que Zaknafein no matara al recuperado soldado de Bregan D’aerthe.

Pasó más de una semana antes de que Zaknafein volviera a aparecer en el Micónido Supurante, pero Jarlaxle, siempre paciente, estaba allí esperándolo.

El mercenario cogió un par de bebidas de la barra y cruzó el recinto para interceptar a Zaknafein justo cuando este se estaba sentado en su lugar favorito de la sala común.

Dejó el vaso en la mesa delante de Zaknafein, luego se sentó frente a él y alzó su propio vaso para brindar.

—Por un combate bien luchado y una victoria bien ganada —dijo.

Zaknafein lo miró con dureza, pero finalmente alzó el vaso.

—Atacaron, como te esperabas —dijo a media voz—. Sin tu máscara, yo habría… —Lo dejó ahí, y solamente suspiró y bebió un trago.

—Probablemente habrías luchado a pesar del ataque mental y habrías ganado. Pero no podía arriesgarme.

—Así que tú… nosotros… hicimos trampa.

—No —replicó Jarlaxle—. Simplemente evitamos que ellos nos hicieran trampa. Esa no es una sutil distinción, amigo mío. ¿Dudas de que vencerías a Avinve… Duvon en un combate limpio?

—En cada cien combates de cada cien —contestó Zaknafein. No era un alarde vacío, y Jarlaxle lo sabía, y por eso había apostado tanto por Zaknafein y se había atrevido a convencer a dos matronas de que hicieran lo mismo a través de él.

Los dos se quedaron en silencio durante un momento, y durante otra ronda de bebidas.

—Sé lo que planeas —dijo Jarlaxle, finalmente.

—¿De verdad?

—Piensas en buscar a Duvon y acabar con él, y quizá de paso y disimuladamente matar también a Dab’nay.

Zaknafein sonrió y alzó su vaso ante el razonamiento del mercenario, pero cuando lo hizo Jarlaxle notó algo. No acababa de saber el qué, pero le pareció que quizá su suposición no fuera tan correcta, o al menos no totalmente correcta.

—Son valiosos —añadió, tanteando.

—Él es un imbécil traidor, y si vuelvo a verlo…

—No harás nada —le interrumpió Jarlaxle con fuerza, porque notó la sinceridad de esa amenaza. ¿Quizá su error era respecto a Dab’nay? Porque sí, estaba seguro de que Zaknafein quería matar a Duvon, algo que Jarlaxle no tenía ninguna intención de permitirle.

—Soy el maestro de armas de una casa noble, una cuya matrona puede llegar muy pronto a sentarse en el Consejo Regente —le recordó Zaknafein.

—Y yo soy el único que puede sacarte de esa casa a salvo para excursiones como la que has hecho hoy. Sin mi beneplácito, ¿cuánto crees que sobreviviría Zaknafein en el Braeryn?

Zaknafein soltó un bufido y volvió a su bebida; luego pidió una tercera con un gesto.

Jarlaxle se tomó su tiempo para tomar esa bebida.

Quería conservar clara la cabeza esa noche para observar y tomar nota.

Estaba corriendo un riego calculado al permitir que más bebida fluyera por Zaknafein.

Sabía que otros ojos estaban sobre Zaknafein.

Quizá ya fuera hora de dejarlo todo al descubierto y hacer que la intriga ascendiera hirviendo hasta la superficie.